Después de semanas de debate y disputas entre los poderes legislativo y el ejecutivo federal, México tiene una nueva reforma electoral que abre posibilidades inexploradas para la población migrante y sirve como un punto de partida para reducir trámites burocráticos, pero también deja muchos retos y pendientes a trabajar, explica la académica Leticia Calderón

Texto: Alejandro Ruiz

Foto: Archivo y Mario Jasso / Cuartoscuro

CIUDAD DE MÉXICO.– La discusión de la reforma electoral ha llegado a su punto final, y el Plan B presentado por el presidente López Obrador fue aprobado en el congreso de la unión. La reforma electoral es un hecho, y aunque en su discusión se dejó fuera el recorte presupuestal al Instituto Nacional Electoral, así como la organización de elecciones populares para que la sociedad decida quiénes serán las próximas consejeras o conejeros electorales, entre los puntos aprobados por unanimidad se encuentran algunos que son de vital trascendencia para el país.

Por ejemplo: la compactación de las funciones del Instituto Nacional Electoral en la realización de elecciones; la reducción de espacios a cargos plurinominales, y una serie de medidas que fortalecen y favorecen a los mexicanos residentes en el extranjero para que ejerzan sus derechos político-electorales.

Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas. Pues, aunque la aprobación de esta reforma se llega después de una negociación entre bancadas opositoras y el partido del presidente, Morena; en realidad las lagunas que se vislumbran en el horizonte de la aplicación de la ley siguen dejando muchos pendientes a atender.

E n entrevista con Pie de Página, Leticia Calderón, migrantóloga y especialista en procesos electorales da cuenta de los desafíos, aciertos y oportunidades que se abren con esta nueva reforma en el país.

Los avances

Ente los avances que la académica detecta en esta nueva reforma resalta, principalmente, aquellos que tienen relación los derechos político-electorales de mexicanos residentes en extranjero. Las modificaciones, precisa, permitirán ampliar la participación de las y los migrantes en la vida política nacional y sentar una base para modificar radicalmente la burocracia que actualmente existe en la credencialización e incorporación en el padrón electoral de las y los migrantes.

“La primera cosa que se me hacer importante resaltar es que, aunque estas disposiciones quedaron en los temas a debate, tanto en la intención de la reforma como en los cambios secundarios, el tema no fue impugnado. Nadie puso entre duda que tenía que estar entre los cambios, lo cual es favorable”, expresa.

En el caso de la credencialización, por ejemplo, Leticia Calderón resalta que aprobar el uso del pasaporte o la cédula consular como documentos que acrediten a las y los migrantes para votar abre brecha para pensar en una identificación universal para todos los mexicanos que no sea la credencial para votar.

“La credencial sirve, pero es una aberración jurídica, porque usamos un documento para votar, como un documento para identificarnos. Hay una disputa atrás de esto, incluso de miles de millones de pesos, porque ha habido varios proyectos para desarrollar una cédula o documento de identidad jurídica universal desde hace 20 años. Lo menciono porque, justamente, la falta de ese documento implica que la INE ha adquirido un valor de documento, pero es excluyente porque no incorpora a menores de 18 años, y a otros mexicanos en el extranjero, porque 1 millón tiene, pero son 13 millones. Estamos hablando de millones de personas excluidas en términos de documento jurídico”.

A su vez, entre los cambios que también se aparejan con esta reforma, está el de incentivar con mayor medida el uso del voto electrónico, tanto para quienes participan en el proceso electoral al interior del país, como para quienes residen en el extranjero. Esto, acorde a la lectura de Calderón, es positivo, pues puede generar una tendencia a homologar un solo modelo de votación que permita asegurar la participación de todas y todos. Sin embargo, expresa, en esta reforma se sigue manteniendo el uso de las boletas postales y el voto en los consulados.

“Mete mucho ruido el tema del voto postal, porque ya demostró que no solo es muy barroco, muy complicado, sino que no ha tenido el éxito que habíamos esperado. Pero hay muchas personas que hablan que se tienen qué mantener, pues argumentan que no todo mundo tiene internet, o un aparato electrónico. A mi me parece un paso importante avanzar en un solo modelo, con los riesgos que sí implican, pero hay que partir de la idea de que quienes radican en el extranjero tienen mayor frecuente el uso y penetración de aparatos inteligentes, como con las remesas. Efectivamente hay un debate en eso, pero a mi me parece que sería mejor avanzar en un solo modelo, al menos para la votación en el extranjero, porque genera más certeza, y es más fácil de revisar su funcionamiento”.

Pese a esto, y aunque otros de los aciertos que identifica Leticia Calderón está en la compactación de las funciones del INE en la organización de elecciones, la especialista también recalca que este cambio “es una discusión de organigrama, pues hay una cantidad de acciones y de labores que cada funcionario debería de hacer. En el discurso público nos confunden en que va a haber un recorte generalizado, pero lo que yo entiendo es que habrá ajustes, sobre todo en algunas acciones específicas”.

Para Calderón, hay cambios pendientes que van más de la mano con la voluntad política y agilidad legislativa. Como ejemplo, resalta la eliminación periódica del padrón de electores en el extranjero, una acción que califica de innecesaria y burocrática, pues quienes quieren acudir a ejercer sus derechos político-electorales tienen que atravesar un andamiaje legal que, incluso en esta reforma, se ha mantenido intacto.

“El trámite para votar desde el extranjero implica que la gente se de de alta para sacar la credencial. Pero para terminar de hacer el trámite le tiene que notificar al consulado, pero eso no implica que ya se dio de alta en el registro electoral, sino que también tiene que darse de alta en el registro, y luego se tiene que inscribir para votar en la elección que esté en curso. Algo totalmente innecesario. No es un problema solo del numero de funcionarios y su especialización, sino de un desperdicio de energía humana y procedimientos. De un nivel de burocratismo horrible”.

Como este, añade, “hay cosas que son administrativas, y que se pueden resolver más allá de este debate. Pero también hay que recordar que son atributos del congreso, no del INE. Es cierto que el INE no puede hacer nada de esto si el Congreso no lo incluye en las leyes. Con eta reforma sí se va a avanzar, aunque sea mínimamente. Pero todavía hay pendientes”.

Los pendientes

Uno de los puntos que la académica cuestiona fuertemente es la reducción de plurinominales a discreción, sin tomar en cuenta los escaños que se habían ganado para las minorías sociales, étnicas o de género que existen en el país.

En este caso, menciona Calderón, ocurre que “de facto no los pone en los primeros números de las listas, y si no están en los primeros lugares de las plurinominales es difícil de estas minorías estén en una circunstancia favorable, y podrían quedar a una rayita de no entrar y desaparecen como figuras de minoría”.

Pese a ello, precisa, aunque esta reforma establece esta posibilidad, no todo tiene que reducirse a la legislación.

Por ejemplo, en el caso de este riesgo para los escaños destinados a minorías, “debe haber una presión a los partidos político, y ahí se verá si estos liderazgos realmente existen, pues tendrían que presionar a los partidos para ser incluidos en las listas de maneras más favorables. No todo depende de lo que está en la ley. Este modelo que se discute en la reforma claro que no les deja en una situación favorable, porque elegirán a los que están primeros en las listas, pero esto tampoco quiere decir que la reforma cancele la discusión y el debate político en los partidos, donde también se hará la batalla”.

Como ejemplo de este tipo de presiones, Calderón apuesta mucho a los activismos y organizaciones que trabajan en la sociedad civil, aquellas que se integran por minorías politizadas que exigen sus derechos. Ella recuerda un caso particular relacionado, justamente, con esta reforma electoral: El papel de las organizaciones migrantes y sus peticiones:

“Hubo una movilización importante entre los liderazgos entre federaciones y organizaciones migrantes mexicanas, principalmente aquellas que están en Chicago y Los Ángeles, que hicieron propuestas muy concretas al texto de la reforma que circuló en primera instancia”, expresa.

Aunque aún no se sabe si las demandas de estas organizaciones se incorporaron al texto final, lo que sí es que las precisiones enviadas por las y los migrantes dejan entrever agendas inconclusas que pueden perfeccionarse.

Lo que se puede mejorar

Uno de los temas fundamentales que señalaron las organizaciones migrantes en sus peticiones es la de ampliar los cargos que pueden elegir desde el extranjero. Pues, aunque actualmente solo se admite la votación de migrantes para elecciones presidenciales y del senado, las aspiraciones de esta comunidad también contemplan otros cargos como presidencias municipales, diputaciones locales y cargos comunitarios.

“Piden que se amplíe la participación, no solo a nivel de presidente y senadores, sino también de diputados locales y concejales, porque muchos migrantes son de comunidades rurales, o semi-urbanas. Por mi parte, yo extendería esta petición también a consultas y referéndums, y espero que se amplíe”, señala Leticia Calderón.

A la vez, y aunque esto quedó fuera de la discusión del Plan B de la reforma, para la académica especialista en procesos electorales aspirar a que los consejeros y consejeras electorales puedan ser electos por mecanismos de votación de la sociedad civil debería profundizare y discutirse más.

“A mi me queda muy claro de que elegir consejeros parte de la idea de elegir candidatos, y eso lo haría un comité técnico. Pero para eso se tiene que abrir una convocatoria que establezca un perfil y un proceso de selección. Si de ahí pasas a una discusión de que fuera una elección, implica un nivel de movilización popular, y yo no lo veo mal, pero menos mal en el entendido de que quien quiera llegar a ese punto mínimo tiene que saber del tema. Este punto no pasó, y tal vez yo le tengo más miedo a ese tipo de fenómenos, pero la selección de perfil con procesos más abiertos, más públicos, de seguimiento ciudadano, me parece fenomenal”.

A su vez, en el caso de las y los migrantes, Leticia Calderón insiste en que otro de los pendientes está en la definición del padrón electoral. Esto, ya que actualmente está establecido que después de cada elección se elimina el padrón con el que se llevó a acabo, lo que hace que la votación en el extranjero se vuelva complicada, negando la participación plena de todas y todos los migrantes.

Pero con la reforma, concluye, “habrá cambios importantes en esto. La parte positiva es que es un tema que no fue cuestionado. Yo creo que aquí hay una controversia de que algunos dicen que es anticonstitucional el hecho de que quienes radican en el extranjero puedan votar por excepción con otro documento que no sea la credencial para votar. Lo que tiene que decir que se tienen que dar de alta en el registro electoral. Pero en realidad es un derecho, y esta reforma abre el camino para discutir la identificación universal, un gran pendiente no solo para los migrantes, sino para todo el país”.