Columna de opinión de Alan Sayago Ramírez

A pesar del impacto sin precedente de la pandemia por el Covid-19, México se resiste a sucumbir del todo y muestra de ello es que su dinámica democrática se perfila a una adaptación a los nuevos tiempos llamados también nueva normalidad.

El país enfrenta el proceso electoral más grande que se ha realizado en la historia del INE, antes IFE, no sólo por los 21,368 cargos de elección popular que estarán en disputa, sino también por los casi 93 millones de personas que integran la Lista Nominal de Electores.

Una de las preguntas más recurrentes en cada proceso electoral es: ¿Cuánto cuesta la democracia en México? Cada año el Congreso aprueba cifras millonarias para el INE y para los partidos políticos, en esta ocasión fue aprobado 26 mil millones de pesos, un incremento de más del 30% del presupuesto autorizado para las elecciones intermedias del 2015 (El presupuesto de este año fue de 18 mil 572 millones de pesos) y 10.5% más que el presupuesto autorizado para la elección presidencial del 2018.

A pesar de una gran promoción de las autoridades electorales y los partidos políticos, México tiene desde hace décadas una crisis democrática severa. Millones de personas desconfían y rechazan a gobernantes e instituciones políticas.

Menos de la mitad de los electores asisten a cumplir su obligación constitucional de ejercer su voto en las casillas.

El gran ejemplo se vivió en las elecciones de Veracruz en el 2017, donde en las municipales Xalapa solo tuvo el 46.5 % de Participación ciudadana, cabría la duda sobre la posibilidad de revertir esta tendencia y mejorar la participación este 2021.

Este año, el proceso electoral ha sido inédito, estamos a una semana para que se lleven a cabo las elecciones del 6 de junio, donde con datos del Ople Veracruz el costo de nuestros votos estará arriba de 230, 237 y 240 pesos por cada elector.

La responsabilidad ahora es nuestra,, así que, cuando no asistimos a ejercer aquello que más que nuestro derecho, es nuestra obligación política y social, contribuimos al desperdicio de los recursos públicos que bien podrían servir para otros fines.

Por el bien de México y por el propio, hagamos nuestro el ejercicio, que valga cada peso el costo de las elecciones y que se vea reflejado en una participación que sea, tan inédita como los tiempos que vivimos.

Alan Sayago Ramírez
Activista Social, licenciado en Derecho, Maestro en política y gestión pública.
Redes Sociales: @alansayagor

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