Columna de opinión de Alan Sayago Ramírez

Después de 16 meses, por algún momento, muchos pensamos que estábamos saliendo de la emergencia sanitaria, pero bien dicen que “el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”. Mítica frase que nos viene como anillo al dedo. Y es que nuestra sociedad no aprende de nuestros propios errores.

La tercera ola de la pandemia, a diferencia de los contagios de marzo de 2020, ha afectado mayoritariamente a la población joven en algunos países latinoamericanos, debido a la irrupción de la pandemia, se puso un cambio radical para los jóvenes a la normalidad para pasar a una normalidad impuesta, vigilada y sancionadora que limita la libertad de acción y lo que es mas doloso para los jóvenes es la libertad para socializar con su circulo de amistades y las relaciones sociales.

Con datos de la secretaria de salud en México, en el país ha aumentado un 38% en casos de Covid-19 respecto en el último mes, aun apenas con pocos casos en el país de la variante de Covid-19 Delta, la cual ya se encuentra ahora en más de 111 países y se espera que pronto sea la cepa dominante en el mundo. La variante Delta no solo ha provocado una mayor preocupación por lo más peligrosa que puede ser debido que es más fácil de ser transmisible, sino también ha provocado el desplome de las bolsas de México y el mundo.

Aun falta mucho para que en México alcancen con la vacunación la inmunidad de rebaño, debido que el pronóstico es reservado, ya que aun no empieza la etapa de vacunación para el sector más joven; es decir, los de 18 a 29 años, que son quienes eran los menos propensos al Covid-19 desde el inicio de la pandemia, pero que hoy se vuelven foco rojo ante la tercera ola del coronavirus.
Lastimosamente la oleada de casos que se han vuelto a presentar no solo en los jóvenes que al parecer ya quieren quitarse el cubrebocas y vivir la vida, sino también en los adultos mayores, en los recién vacunados. Donde cada fin de semana se están haciendo graduaciones, los muchachos andan de fiesta en lugares cerrados, sin sana distancia. Y de fin de semana en fin de semana se va amplificando la epidemia.

Pero a pesar de esto la mayoría de jóvenes han tenido un comportamiento ejemplar en el cumplimiento estricto del confinamiento, que resulta fundamental en la epidemia. Y en este momento en que la ansiada y esperada libertad es interpretada por la juventud de manera diferente al resto de la población. Pero no porque tengan una intensión manifiesta de hacer daño, sino simplemente como una forma de ver la realidad pandémica que nadie ha tenido, ni el tiempo ni la necesidad de explicarles para que ellos mismos, a través de una educación para la salud capacitadora y participativa, hubiesen tenido la oportunidad de canalizar de otra forma a como lo han hecho en un desesperado intento de recuperar sus libertades.

La juventud ha demostrado en repentinas ocasiones que pueden ser un pilar fundamental para los problemas sociales, como gran ejemplo son los terremotos azotados en años pasados, que ellos tienen la capacidad de participación, cuentan con solidaridad, responsabilidad, todo esto ha ocurrido cuando se le ha tomado en cuenta y se les da la oportunidad de aportar ideas, innovar, de crear, de movilizar. Como dice John Wooden “La juventud necesita modelos, no críticos” que les inspiren y puedan confiar para poder desarrollar su creatividad e iniciativa. Queda muy claro que “el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra” y después de todo culpar a la piedra.

Alan Sayago Ramírez
Activista Social, licenciado en Derecho, y Maestro en política y gestión pública.
Redes Sociales: @alansayagor

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