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Mi amiga la güera

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Opinión de Mario Puga / El Universal /

Ahora que regresé a México, me reencontré a principio de este año con mi amiga la güera, que también trabajó en el exterior, aunque para un organismo internacional. Es la misma que hace 30 años me dijo muy preocupada que no sabía qué hacer con su vida: “estoy en una encrucijada, no sé si seguir laborando en la cancillería -en un alto puesto-; irme al exterior -pues había ganado una beca en un organismo-; o estudiar una maestría en Europa”.

Esperé unos segundos a que la tragedia apareciera, ya fuera que estuviera embarazada y sin saber por qué; o enferma y en fase terminal; o bien, que sus lindas piernas fueran de palo -caoba o cedro, desde luego- que no la dejarían cumplir ninguna de las alternativas. Ante su silencio, le dije serio: “güera, te das cuenta de tu encrucijada; tienes tres opciones en la vida, hay gente que no tiene ninguna. Elige la que te haga más feliz”. Todavía me dijo la descarada que lo que realmente la haría feliz era casarse con un millonario. Le contesté un poco enfadado: “entonces búscate un millonario”.

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Ahora que nos vimos, le pregunté cómo le había ido en la vida y me respondió muy seria que cumplió sus propósitos: “estudié una maestría e ingresé al organismo internacional, donde alcancé buenos puestos, pero no he sido feliz. Creo que debí casarme, aunque fuera con un pobre, pues el millonario nunca llegó”.

Aunque siempre aparentaba ser fuerte, la vi con cierta ternura al nublársele los ojos y le ofrecí un largo y fuerte abrazo, no sólo por su historia, sino por el tiempo que no nos vimos y platicamos como antes, largo y profundo. Me comentó que no entiende lo que pasa en México con este gobierno de cuarta y que aborrece a AMLO y todo lo que tenga que ver con su movimiento. Le pregunté por qué y tardó cerca de una hora tratando de ordenar sus argumentos, sin lograrlo, hasta que declaró que no sabía bien a bien su odio, aunque estaba de acuerdo con todo lo que sus intelectuales preferidos decían de él en la televisión o en los diarios.

Entonces, le inquirí: “es que tu piensas por tus intelectuales preferidos y no por ti”. “ahhh tu siempre tan profundo” -me dijo-; ¿y qué hago? “Escucha otras voces para que contrastes ideas y argumentos y saca tus propias conclusiones, pero tus propias conclusiones -le recalqué-, no las de tus intelectuales preferidos, que es precisamente lo que ha pasado con la clase media en México, que ha dejado de pensar por ella misma” -le dije firme para obligarla a debatir-. Está bien -contestó de mala gana-, comenzaré a leer tus artículos que, por cierto, no sé cómo te los publican en El Universal, junto a algunos de mis intelectuales preferidos. “Justamente de eso se trata güera -le dije-, que la gente pueda contrastar ideas y las obligue a reflexionar por ellas mismas”.

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Acordamos entonces ir juntos a algunos actos de campaña de ambas candidatas presidenciales. Empezamos con la concentración de Claudia al inicio de la campaña, en el Zócalo, donde quedó sorprendida del poder de convocatoria de MORENA y, sobre todo, del tipo de gente que abarrotó la plaza. “Son un chingo”, me dijo viéndoles su ropa y haciendo gestos de fuchi. “No les veas la ropa, ni hagas caras, ve sus rostros, empoderados, orgullosos y decididos a ganar” -le dije emocionado-. “Pues donde se visten -dijo despótica-, en la lagunilla”; claro que sí -le dije sarcástico-, donde encuentras todas las tendencias de moda a bajo costo.

Luego tocó el turno de acompañarla a las marchas “el INE no se toca”, donde fueron oradores dos expresidentes, del IFE uno, del INE otro, que más parecían candidatos presidenciales, con quienes se identificó la güera, pues le parecieron interesantes.

Después, vimos juntos los tres debates presidenciales, donde ella hacía comentarios de vestuario, maquillaje y presencia de las candidatas, pues creo que en su juventud quiso ser modelo, pues era guapísima -todavía lo es a los 60-, mientras yo le subrayaba las ideas y propuestas.

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Ya para cerrar campañas, volvimos a otra de las marchas del movimiento rosa, donde su candidata aseguró que ganaría la elección, que emocionó a la mayoría de los asistentes. Me dijo sonriente: “ya ves, la ola rosa va a ganar”. “Pero güera todas las encuestas están en contra y por amplio margen” -le dije perturbado ante la falta de objetividad de mi amiga-. “Que no ves la plaza tan llena, a la gente bonita y contenta y bien vestida” -mencionó emocionada y gritando fuerte-. Lo único que le dije fue que un Zócalo lleno no gana una elección, sino 32 Zócalos. No me entendió y respondió: “solo déjame gozar mi México bonito”.

En el último evento de Claudia, en el mismo Zócalo, me dijo que la candidata parecía fantasma, toda blanca y delgaducha; le insistí en que se concentrara en las ideas, pero fue imposible, pues, a veces, entre mujeres, persisten más las vanidades que las propuestas. Ya casi al final, se anunció que, para cerrar el evento, amenizaría al público el grupo de los Ángeles Azules, cosa que -para mi sorpresa- agradó a la güera, quien emocionada me preguntó si eran los de “Iztapalapa para el mundo…. pipiripipi”. Le contesté que sí, pero sin el pipiripipi, pues esos eran otros.

Al compás de la música vi con gusto que sabía todas las letras y empezó a bailarme. Recordé entonces que ese era uno de sus pasatiempos, al que recurría ella en tiempos de presión, alegría y tristeza para sentirse mejor. Al final del concierto estaba eufórica y hasta me preguntó si me casaría con ella. Le dije que no, que no éramos compatibles, además de no ser millonario, “pero bailas bien” -dijo abrazándome del cuello-.

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Luego de llevarla a su casa, pues me preocupaba su estado de felicidad, me quedé pensando en lo que había sucedido esa tarde, en que la música popular puso a bailar a una fresita con un no fresita, es decir, convivir sin pelear, sin odios, ni rencores, por lo que llegué a la conclusión de que para superar esta etapa de polarización política que vive el país era necesario encerrar a pobres y ricos en un concierto de los Ángeles Azules y bailar alegres, a ver qué pasa: o se reconcilian o se reconcilian.

Mi última comunicación con la güera fue el domingo 2 de junio, por la noche, cuando triste me dijo que la “pinche Xóchitl” la había decepcionado. “De quien debes estar decepcionado es de tus intelectuales preferidos, que te hicieron creer que ganaría” -le dije seguro-. “Sí, creo que tienes razón; ya lo pensé bien y me sumo a Claudia, pues si llega una, llegamos todas, como dice ella” -mencionó toda despreocupada-. Luego dijo que se iría un rato a España a celebrar el triunfo de las mujeres mexicanas.

Pensé entre mí “pinche güera tramposa”, aunque me dio gusto por ella, ya que por lo menos, logró sacar sus propias conclusiones.

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Cómo la apertura de tiendas privadas de alimentos en Cuba destapó una desigualdad invisible

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Juan y Elisa* son una pareja de jubilados cubanos de más de 80 años.

Sus pensiones no superan los 5.800 pesos mensuales en conjunto (US$11,6 según el cambio informal), mientras que una botella de aceite y una caja de 30 huevos valen alrededor de US$7.

Se levantan cada día; compran un pan en el mercado estatal, lo parten a la mitad y lo desayunan con té azucarado.

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A veces cuidan niños y personas con discapacidad de sus vecinos, lo que les permite recibir una comida o algún dinero que les da para un poco de arroz, frijoles y huevos.

Por la noche terminan la otra mitad del pan y beben más té.

Así pasan una jornada «buena» en una rutina en la que solo se puede vivir al día.

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El de Juan y Elisa es uno de los casos vulnerabilidad extrema que se dan en Cuba estudiados por la socióloga Mayra Paula Espina, de la Universidad de La Habana.

La licenciada observa cada vez más disparidades en un país con datos limitados sobre desigualdad y pobreza.

No lejos de la casa de los pensionistas, un supermercado privado oferta queso de cabra, yogur, embutidos, pescados y jamón español.

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Es una minoría la que puede pagar sus precios, pero aún así el negocio prospera.

Desde que el gobierno socialista de Cuba aprobó la apertura de micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes) a fines de 2021, el otrora monopolio estatal de la venta de alimentos cede protagonismo ante la iniciativa privada.

Es un cambio de modelo que para muchos cubanos ha supuesto disponer de un abanico más amplio de productos alimenticios y de primera necesidad que antes se encontraban a cuentagotas.

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Pero que también, según Espina y el investigador cubano-estadounidense de la Universidad de Miami, Michael Bustamante, ha terminado por destapar la desigualdad en una isla que en los años 80 había logrado una equidad asombrosa.

«Ya en los años dorados de la revolución había desigualdad, pero a fines de los 90 se empezó a notar más. Hoy los precios del sector privado son inasequibles para la mayoría de cubanos y se vive una desigualdad rampante que antes no se veía», le dice Bustamante.

Las grietas de la igualdad

Cuba vive su peor crisis energética y económica desde que en 1991 se derrumbó la Unión Soviética, su principal aliado político y comercial, y las finanzas de la isla colapsaron.

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Hoy el país sufre los estragos de sus deficiencias productivas, la caída del turismo, el embargo económico estadounidense y las tensiones con el gobierno de Donald Trump, que amenaza con aranceles a cualquier país que envíe petróleo a la isla.

Venezuela fue durante décadas el mayor proveedor de combustible de Cuba, pero se apoyo quedó cortado con la captura de Nicolás Maduro en una operación militar estadounidense en Caracas a comienzos de enero.

Tras la debacle de los 90, Cuba nunca se recuperó del todo.

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Hoy muchos cubanos recuerdan aquel «Periodo Especial» porque, como entonces, conviven con un racionamiento extremo, largos apagones, restricciones de transporte y dificultades para acceder a alimentos.

Sin embargo, la crisis actual no afecta a todos de la misma forma que antes.

Cuba alcanzó un envidiable nivel de igualdad en en los años 80, dos décadas después del triunfo de la revolución socialista de Fidel Castro.

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«Grupos en desventaja ascendieron en un proceso de igualamiento que alcanzó un coeficiente Gini bajísimo, de un 0,24», describe Espina.

El índice Gini es cómo el Banco Mundial mide la inequidad, siendo 0 la igualdad perfecta y 1 la máxima desigualdad.

Por comparar, EE.UU. obtuvo un 0,40 en 1989. Uruguay, a menudo destacado como uno de los países menos desiguales de América Latina, ha oscilado entre 0,39 y 0,40 en los últimos cuatro años.

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«Pero la crisis de los 90 interrumpió los avances en Cuba. Grupos rezagados que habían mejorado, como la población no blanca, mujeres y residentes del campo, fueron los primeros en verse afectados», analiza Espina.

La economía cubana se contrajo un tercio de su producto interior bruto (PIB) tras el colapso soviético.

Una de las medidas que implantó el gobierno cubano fue legalizar el uso del dólar.

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«Circularon dólares estadounidenses y pesos cubanos. El país también se abrió más al turismo», cuenta Bustamante.

La igualdad se agrietó. «La gente que trabajaba en turismo o recibía remesas accedía a dólares o al desaparecido peso cubano convertible (CUC) vivía mucho mejor», añade el investigador.

Con la dolarización convivieron dos tipos de tiendas de distribución de alimentos: unas dolarizadas y más surtidas; y otras en moneda nacional, en muchos casos subsidiadas, con oferta limitada.

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A comienzos de los 2000 el salario medio en Cuba en el sector estatal rondaba los 200 pesos cubanos, equivalentes a unos US$10 al cambio.

Quien no tenía familiares en el exterior o trabajaba en alguna industria vinculada al turismo o comercio extranjero debía buscar entradas adicionales, ya fuese vendiendo bienes o servicios o recurriendo al multiempleo informal.

Durante décadas, y hasta hoy, ha sido común que profesionales con títulos universitarios trabajen en sectores distintos al que correspondía a sus estudios para obtener ingresos suficientes.

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Liberalización privada

Espina evita hablar de ganadores o perdedores del colapso de los 90, pero advierte que hubo quien ascendió aprovechando la gestión de la crisis y quien cayó estrepitosamente.

A pesar de ello, un factor continuaba maquillando las desigualdades que afloraban entre los cubanos.

«El Estado seguía siendo el gestor de la desigualdad. Las tiendas surtidas y dolarizadas, llamadas TRD, estaban en manos de militares. Pero ahora es el sector privado quien ocupa más ese espacio. No son la raíz, pero sí el chivo expiatorio del problema», explica Bustamante.

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La liberalización de las empresas privadas fue una medida adoptada por el gobierno cubano tras los golpes de la pandemia y el desmantelamiento, por parte de Trump, del acercamiento económico entre Cuba y EE.UU. que se dio durante la segunda presidencia de Barack Obama (2013-2017).

Al cierre de 2024 había alrededor de 10.000 Mipymes privadas activas en Cuba, de acuerdo a cifras oficiales, con el 60% registradas en La Habana, la capital.

La mayoría se dedican a la agricultura, industrias manufactureras –excepto el azúcar–, hoteles y restaurantes; construcción, comercio y reparación de efectos personales.

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«El sector privado ha demostrado una capacidad para importar bienes que el Estado no tenía y está siendo una enorme ayuda para muchos en estos momentos delicados», reflexiona Bustamante.

Meses antes de la liberalización de las Mipymes, Cuba reunificó sus monedas y dejó al peso cubano como moneda oficial.

Fue un error, según Bustamante. «Se devaluó el peso y el sector privado, necesitado de dólares para importar bienes, recurrió al mercado informal interno. Eso disparó el costo de las transacciones y los precios se volvieron inasequibles para la mayoría».

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Bolsillos segmentados

El académico sostiene que la economía de Cuba está segmentada.

Espina añade que la caída en el acceso a alimentos y medicamentos subvencionados no ayuda a mitigar la precarización y la desigualdad.

Según su trabajo de campo, estima que alrededor del 45% de la población cubana vive en situación de pobreza económica, mientras que en la otra punta se sitúa un 11%-13% que vive en condiciones por encima de la media.

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«Son aproximaciones riesgosas porque no están hechas a partir de estadísticas oficiales, sino de datos como el precio de la canasta básica, los ingresos del sector privado, salarios, pensiones y experiencias personales», aclara la investigadora.

Brasil, a menudo señalado por el Banco Mundial como uno de los países más desiguales de América Latina, tiene un índice de pobreza del 23%.

Espina describe que la segmentación de la sociedad cubana se refleja en los diferentes tipos de supermercados.

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«Hay unos ‘bodegones’ muy surtidos con productos nacionales orgánicos y de importación de mucha calidad y precios altos, donde solo compran frecuentemente los de capa media-alta: gente que trabaja en embajadas, extranjeros y cubanos que alcanzan ese nivel».

Más diseminadas por los barrios hay otras tiendas con oferta más limitada, menos calidad y precios más bajos, aunque igualmente costosos para la media.

«Los encuentras en municipios más humildes, en bajos de edificios, con apenas un mostrador. Ahí accede un grupo más variado de modestas remuneraciones», explica la profesora.

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Por último, la población con ingresos muy bajos busca las ofertas de menor precio o recibe asistencia social del Estado o de alguna iglesia.

Otra alternativa para comprar bienes son algunos supermercados estatales dolarizados y mercados agropecuarios, con precios igualmente restrictivos.

También existen tiendas online donde familiares en el extranjero compran productos a sus parientes en Cuba que son distribuidos a los hogares en una especie de «Amazon cubano», describe Bustamante.

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«El tema de los alimentos es un indicador grande de pobreza. En otros tiempos, la distribución subvencionada aseguraba un mínimo. Podías ser pobre, pero tenías para comer lo esencial. Hoy eso desapareció», asegura Espina.

«Todo aquel por debajo de ese 11% que calculo con mejores condiciones debe recurrir al multiempleo formal e informal y obviar la calidad y diversidad de lo que come. Otros, en extrema pobreza, mendigan o comen de basureros», añade.

«La Revolución no tiene que sentir vergüenza de los problemas»

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En julio de 2025, la exministra cubana del Trabajo, Marta Elena Feitó Cabrera, dimitió después de unas polémicas declaraciones en las que cuestionó la mendicidad.

«Hay gente que se hace pasar por mendigo para ganar dinero fácil», había dicho ante la Asamblea Nacional.

El caso generó fuertes críticas en redes sociales y el presidente Miguel Díaz-Canel censuró públicamente los comentarios de Feitó por considerarlos «desconectados de las realidades que vivimos».

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«No se defiende a la Revolución cuando ocultamos los problemas que tenemos», declaró el mandatario, quien reconoció la existencia de mendigos en la isla.

El PIB cubano ha caído un 11% en los últimos años.

«Desde la pandemia Cuba vive entrampada, desgastada, sin poderse recuperar», dice Espina.

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Eso se ha notado en la migración, con más de un millón de cubanos abandonando la isla entre 2021 y 2023. Es el mayor éxodo en la historia del país.

Medidas aperturistas como la liberalización del sector privado no encauzan el rumbo aunque supongan una vía de escape para muchos.

Ahora, con la escasez crítica de combustible, Espina teme que ese 11%-13% que vive en buenas condiciones disminuya porque, por ejemplo, en ese grupo hay muchos que dependen del transporte para subsistir.

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En un discurso a comienzos de febrero, Díaz-Canel aseguró que estaba dispuesto a «un diálogo con EE.UU. sobre cualquier tema», aunque «sin presiones».

Trump ha repetido que hay conversaciones en marcha entre ambos ejecutivos, algo negado por su homólogo cubano.

El fondo que puede tocar Cuba parece pender de una relación, la de Washington y La Habana, que en más de 60 años ha dado pocos síntomas de normalizarse.

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*Juan y Elisa son nombres ficticios para respetar la confidencialidad de las investigaciones de la socióloga Mayra Paula Espina.

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Quién es Emanuel Shaleta, el obispo arrestado en San Diego por presunto lavado de dinero

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Autoridades del condado de San Diego detuvieron el 5 de marzo de 2026 al obispo caldeo Emanuel Shaleta en el Aeropuerto Internacional de San Diego cuando intentaba salir de Estados Unidos, de acuerdo con información difundida por autoridades locales y reportada por ACI Prensa.

El religioso enfrenta ocho cargos por malversación de fondos, ocho por lavado de dinero y un agravante por delito financiero de “cuello blanco”, según registros judiciales citados por el medio especializado en información de la Iglesia católica.

Tras el arresto, las autoridades trasladaron al obispo a la Cárcel Central de San Diego. Los registros judiciales indican que la fianza se fijó en 125 mil dólares para uno de los cargos de malversación.

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La investigación comenzó en agosto de 2025 después de que un representante de la Catedral Caldea de San Pedro Apóstol, ubicada en la ciudad de El Cajón, entregara a las autoridades documentos y testimonios relacionados con el manejo de recursos de la iglesia, según informó ACI Prensa.

Las autoridades del condado asignaron el caso a la unidad especializada en delitos financieros, que inició una indagatoria sobre movimientos de fondos vinculados con la administración de la diócesis.

El arresto ocurrió cuando Shaleta intentaba abordar un vuelo con destino a Roma, de acuerdo con reportes citados por medios estadounidenses.

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Emanuel Shaleta: origen y trayectoria dentro de la Iglesia católica caldea

Emanuel Hana Shaleta nació en Fishkhabour, en el norte de Irak, dentro de una comunidad vinculada a la Iglesia católica caldea.

Recibió la ordenación sacerdotal el 31 de mayo de 1984 y comenzó su ministerio pastoral en comunidades caldeas vinculadas a la Iglesia católica oriental.

La Iglesia caldea forma parte de las iglesias orientales que mantienen comunión con la Santa Sede y que conservan tradiciones litúrgicas propias.

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El 9 de agosto de 2017 el papa Francisco lo nombró obispo de la Eparquía Católica Caldea de San Pedro Apóstol en San Diego, jurisdicción que atiende a comunidades caldeas en el oeste de Estados Unidos.

La instalación oficial como obispo se realizó el 29 de agosto de ese mismo año.

Como responsable de la eparquía, Shaleta encabezó la administración de parroquias y actividades pastorales de la comunidad caldea en California y otros estados del país.

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La catedral principal de la diócesis se encuentra en la ciudad de El Cajón, en el condado de San Diego, una zona donde reside una de las comunidades caldeas más numerosas fuera de Medio Oriente.

Investigación interna en la Iglesia antecede al arresto del obispo

Antes de la detención, Shaleta enfrentaba una investigación dentro de la Iglesia relacionada con denuncias sobre el manejo de recursos de la diócesis.

Según reportes citados por ACI Prensa, la investigación eclesiástica se abrió después de que surgieran señalamientos sobre la administración financiera de la diócesis.

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En enero de 2026, el obispo presentó su renuncia al cargo episcopal en medio de la investigación interna.

Durante una misa celebrada el 22 de febrero de 2026, Shaleta rechazó públicamente las acusaciones que circulaban en redes sociales y medios de comunicación.

El religioso afirmó que las versiones difundidas sobre su conducta no correspondían a los hechos.

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Algunas de esas versiones mencionaban presuntas conductas personales fuera del ámbito eclesiástico, pero esas afirmaciones no forman parte de los cargos presentados por las autoridades estadounidenses.

Proceso judicial en Estados Unidos y seguimiento del caso

El caso contra el obispo se desarrolla en tribunales del estado de California, donde deberá responder a los cargos relacionados con presuntos delitos financieros.

Las autoridades investigan el manejo de fondos vinculados con actividades de la diócesis y recursos provenientes de donaciones y operaciones administrativas.

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El proceso judicial continuará con audiencias en tribunales locales mientras la fiscalía presenta las pruebas relacionadas con los movimientos financieros investigados.

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La última llamada de Trump y Sheinbaum

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Opinión de Carlos Mota |

El domingo 22 de febrero, a las pocas horas del operativo en el que cayó el delincuente Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, aproximadamente a las 4 de la tarde, un alto funcionario del Gobierno de México recibió una llamada de la Casa Blanca. El funcionario no alcanzó a contestar, pero recibió un mensaje de texto que le solicitaba devolviera la llamada.

Al hacerlo, la asistente personal de Donald Trump dijo que el presidente quería hablar con la mandataria Claudia Sheinbaum para comprender lo que estaba ocurriendo. Varios grupos, de los que suelen hablar negativamente sobre México en redes sociales, ya habían inundado Internet con propaganda adversa, con publicaciones, algunas verdaderas, otras falsas, sobre escenas de lo que estaba ocurriendo. Nuestro país se estaba incendiando: esa era la interpretación que a bote pronto obtuvieron en Washington, pero en México aún no había información oficial sobre el operativo.

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El mexicano pidió unos minutos para consultar. En Palacio Nacional se determinó que se requerían dos horas para establecer la comunicación, a fin de validar información, particularmente la relacionada con posibles afectaciones a ciudadanos estadounidenses. Pero Trump no aceptó, y dijo que la llamada tenía que ocurrir máximo en 30 minutos. Cuando la llamada se estableció, Trump no esperó: “¿Qué está pasando en México?”. Y refirió, palabras más, palabras menos, que las escenas que circulaban lucían terribles, mientras inquirió con su particular énfasis cómo estaban los ciudadanos y los turistas estadounidenses.

La presidenta Sheinbaum atajó con particular serenidad. Explicó que se había llevado a cabo un operativo contra un narcotraficante muy peligroso; que los aeropuertos de Guadalajara y Puerto Vallarta estaban bajo control; que los ciudadanos estadounidenses en la región no habían tenido ningún problema; y que la situación estaba bajo control del Estado mexicano.

La lista de referencias que hizo Sheinbaum, con tono calmado, la familiaridad de la enésima llamada hablándole en inglés y la prontitud con la que respondió a la solicitud terminaron por rendir frutos. A los pocos minutos Trump le dijo algo así como ‘está usted haciendo un gran trabajo’, y se lo repitió un par de veces más: ‘Está usted haciendo un gran trabajo’. La llamada terminó en calma. Dos días después, durante el State of the Union Address, Trump refirió el abatimiento del delincuente y matizó su postura al afirmar que “amplias zonas de México han sido controladas por cárteles de drogas asesinos”. En Palacio Nacional se respiró satisfacción.

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China

Preocupa la meta de crecimiento que ha establecido el gobierno de China para 2026: entre 4.5 y 5 por ciento. Es la meta más baja en décadas, desde los años 90. ¡Uf!

POR: CARLOS MOTA

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COLABORADOR TIKTOK: @SOYCARLOSMOTA

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