Síguenos en nuestras redes

Columnas

Sheinbaum y Salinas Pliego: la guerra sube de tono

Comparte la nota en tus redes sociales

Opinión de Salvador García Soto | El Universal |

Cuando la presidenta Claudia Sheinbaum se perfilaba ya como la candidata ungida de Morena, el empresario Ricardo Salinas Pliego, que ya había roto lanzas con su amigo el presidente López Obrador, buscó la forma de acercarse a quien se perfilaba ya como la sucesora en la Presidencia de la República. A través de un enviado de su círculo cercano, Salinas mandó un mensaje de apoyo a la candidata oficial y pidió ser recibido en una plática privada de acercamiento. La respuesta fue contundente: “La doctora no tiene tiempo en su agenda para recibirlo».

Después vendría un segundo intento, por otra vía y con otro mensajero, que ya en plena campaña y cuando las principales casas encuestadoras ya se habían alineado todas con la campaña que les pagaba sus sondeos, el segundo intento recibió también la misma respuesta negativa a la petición proveniente del Ajusco. “Está cerrada a dialogar, Ricardo la ha buscado ya en varias ocasiones pero no quiere verlo y estamos preocupados por ello”, me comentó un par de meses antes de la elección presidencial del 2 de junio del 2024 un alto ejecutivo de una de las empresas de Grupo Salinas.

Publicidad

Ya siendo Presidenta electa hubo un tercer mensaje con nuevo mensajero al que se le dio una respuesta distinta, menos tajante pero condicionada: “La Presidenta electa aceptaría reunirse siempre y cuando él se disculpe públicamente con Citlalli Hernández”, la entonces secretaria general de Morena, con quien el empresario sostuvo varios diálogos agresivos en las redes sociales en los que se refería a la dirigente morenista como “Cenadora” y se mofaba de su obesidad con expresiones como “oink, oink” o mencionando siempre su exceso de peso para cuestionarla: “Es que con militantes como usted, imagínese construirla en las alturas, nooo, se nos viene el mundo encima, cenadora. Es más, sería un evento que podría ser comparado con el cataclismo causado por el meteorito que extinguió a los dinosaurios”, respondió Salinas en 2023 a un tweet de Hernández que decía que Morena se había construido “a ras de tierra”.

Esta vez la negativa contundente fue del lado del empresario que se negó a disculparse, como ya antes se había negado a cumplir la orden del INE, que le había pedido borrar cerca de 90 publicaciones en redes sociales en la que los consejeros del instituto consideraron que había incurrido en “violencia política de género” contra la senadora morenista al atacarla por su físico y por su género, esto en respuesta a una queja que interpuso ante el órgano electoral Citlalli Hernández.

A partir de ese último intento y del rechazo a la condición que pusieron en el equipo de la entonces Presidenta electa, no volvió a haber ningún tipo de contacto de ninguna de las dos partes. Y lo que ya era un pleito fiscal, legal y político abierto entre las empresas de Salinas Pliego y el gobierno de López Obrador, se fue escalando cada vez más en lo que va del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum quien, como en muchos otros casos, heredó también las filias, fobias y pleitos de su antecesor.

Publicidad

Recién llegada a la presidencia, el 6 de diciembre de 2024, la doctora Sheinbaum fue cuestionada sobre un mensaje de Salinas Pliego en redes sociales cuestionando a su gobierno. En aquella ocasión, aunque ya había toda una andanada de morenistas y bots de la Presidencia en contra del empresario al que le exigían pagar sus impuestos, la Presidenta mantuvo cierta neutralidad: “Pues él también tiene un estilo, y tampoco vamos a estar cayendo en eso. El está buscando cobertura, yo creo, en algunos lugares, porque va a tener que pagar los impuestos que debe. A lo mejor se tarda la justicia, pero siempre llega. Él, como cualquier ciudadano, va a tener que pagar sus impuestos. No voy a entrar a ese debate, la verdad”, comentó.

Pero en la última semana el enfrentamiento entre Salinas Pliego y el gobierno de Sheinbaum se volvió frontal. La postura cada vez más crítica de Televisión Azteca y sus noticieros y programas de parodia, junto al endurecimiento del SAT y del gobierno sobre los montos que, según ellos, adeuda el empresario por impuestos eludidos, hicieron que el pleito se transformara ya en una guerra abierta en la que, por un lado Salinas Pliego mantiene su defensa jurídica y legal alegando que no debe los 74 mil millones de pesos de impuestos que sostiene el gobierno y que el monto sería mucho menor, mientras que del lado oficial, la Presidenta contratacó descalificando a Salinas, afirmando que “no quiere pagar impuestos” y atribuyendo a ello la crítica que se realiza contra su gobierno en la Televisora del Ajusco.

El viernes pasado la Presidenta lanzó desde su mañanera a la procuradora fiscal, Grisel Galeano García, quien presentó una serie de gráficas, documentos y cuentas con las que aseguró que Grupo Salinas –ya no solo Elektra que era la empresa que litigaba contra los cobros del SAT— mantiene una deuda de 74 mil millones de pesos con el Servicio de Administración Tributaria. La funcionaria habló de 32 juicios que tiene el grupo empresarial ante distintas instancias judiciales que suman ese monto de adeudos y los acusó de incurrir en “abuso del sistema judicial”, con apelaciones y recusaciones que han retrasado los juicios que datan, el más antiguo, del 2008.

Publicidad

Y luego, fue la propia Presidenta la que se lanzó, primero contra TV Azteca el pasado 24 de junio, cuestionado que “¿en qué país del mundo una televisora, que es una concesión del Estado, habla mañana, tarde, noche en contra de la Presidenta con un montón de mentiras?” y diciendo que por eso no le paga publicidad a la televisora, y el viernes pasado, la doctora enfiló todas sus baterías y su poder contra el Grupo Salinas: “¿Por que están en contra de la elección al Poder Judicial, por qué tanta crítica y tanto enojo? Pues porque tenían vínculos con ministras y ministros que favorecían este aletargamiento en la decisión o una decisión que pudiera ser favorable a este grupo, que sería, ahora sí que la injusticia llevada a la máxima expresión”.

El mensaje de la Presidenta, que se interpretó como un intento de “línea” a la Corte que tiene pendiente la discusión del amparo interpuesto por Salinas Pliego contra el cobro de esos impuestos, se reforzó luego con un comentario de la propia mandataria sugiriendo que si la actual Corte ya no puede resolver los temas pendientes, debiera dejárselos a la nueva Corte formada por ministros afines a Morena. “Le queda a esta Corte hasta el 1 de septiembre, cuando entran los nuevos ministros y ministras de la Corte. No son juicios que vengan de nuestro gobierno, sino impuestos que no se han pagado desde hace 16 años y que prefirieron tener una cantidad de abogados y vínculos corruptos con jueces, magistrados y ministros que les han evitado pagar impuestos. Pero van a pagar los impuestos, porque no creo que la Corte de los ministros que están ahora se vayan a atrever algo en contra del pueblo de México”, dijo la Presidenta en lo que pareció una advertencia a los actuales ministros.

La respuesta de Salinas Pliego no se hizo esperar y desde un yate en el que navegaba en el extranjero, contestó en un video: “Lo que dice la señora es que no pagamos impuestos, mentira, sí pagamos y pagamos mucho. En este caso particular, tenemos una disputa que data desde hace muchos años y ella sabe perfectamente por qué, no tengo que explicarlo, pero para que veas cómo usa la técnica de ´la gran mentira´, es la mejor alumna de Goebbels, el ministro de propaganda de Hitler, que decía ´tú repite una mentira mil veces y veras que se convierte en verdad´. Entonces la señora está mintiendo mil veces, pero eso no lo hace verdad. Además los impuestos que pagamos se malgastan en tonterías como el Tren Maya, la Refinería (Dos Bocas) o como el AIFA…Así que vamos a seguir luchando y nos vamos a seguir luchando por la verdad. Nos vamos a defender con todo”, dijo el empresario.

Publicidad

Así la guerra ya abierta y declarada entre la Presidenta, con todo el poder de su gobierno, contra el empresario, con todo el poder de su dinero. La gran incógnita es si el caso de Salinas Pliego será resuelto por esta Corte, antes de que termine sus funciones en agosto próximo, o si los actuales ministros, ya también amenazados por la Presidenta, deciden dejar el caso pendiente y se pasa a la nueva Corte de filiación morenista que tomará posesión el 1 de septiembre.

En todo caso, esta es una guerra de pronóstico reservado porque de ambos lados, tanto la presidenta Sheinbaum como del lado de Salinas Pliego, han traspasado ya todos los límites y las reglas no escritas del sistema político mexicano en el que ni los empresarios se lanzaban con todo a cuestionar al presidente en turno, ni el gobierno hacía declaraciones públicas de guerra contra a algún empresario al que podían aventarle el aparato fiscal y judicial, pero sin la estridencia y el nivel de ataques verbales que hoy estamos viendo. ¿Quién ganará esta guerra entre el poder político y el poder del dinero?

Se detienen los dados. Cayó Serpiente Doble. Descenso obligado.

Publicidad
Publicidad
Click para comentar

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Columnas

Morena no es México, no se engañen

Comparte la nota en tus redes sociales

Opinión de Jorge Romero Herrera

El pasado fin de semana, fuimos testigos de dos eventos que mostraron fielmente lo que ya había descrito en pasadas colaboraciones: en México no estamos hablando ya únicamente de una diferencia partidista. Estamos hablando de dos visiones completamente distintas de país.

Por un lado, un oficialismo desesperado encabezado por la propia presidenta de la República que defiende, protege y blinda a sus personajes acusados de involucrarse con bandas de criminales -a costa de poner en riesgo al país-, y del otro lado, quienes siguen creyendo en la libertad, en la legalidad y en la necesidad de construir un México donde el Estado no se arrodille frente al crimen organizado y el combatirlo no genere la persecución política y el descrédito.

Publicidad

Lo vivido este sábado en Chihuahua nos llena de orgullo y de esperanza. Fue una demostración contundente de que no podemos rendirnos. Se sintió en el ambiente. Se vibró en cada mensaje. Se reflejó en la presencia de miles de chihuahuenses que salieron a defender a una gobernadora que no se ha escondido ni un instante y que ha enfrentado cada ataque con determinación y carácter. Chihuahua habló fuerte y claro. No fue una movilización impulsada por el miedo. Fue una movilización impulsada por la convicción de que cuando se comete una injusticia, la ciudadanía tiene el derecho y la obligación de levantar la voz.

En Acción Nacional estamos con Maru. Lo estamos porque creemos en ella, porque conocemos su trayectoria, porque sabemos de los resultados que ha entregado a las familias chihuahuenses y porque reconocemos, como millones de mexicanas y mexicanos, que lo que hoy enfrenta tiene todos los elementos de una persecución política. Ella tiene el respaldo de su estado, de su partido y de millones de mexicanas y mexicanos en todo el país que observan con preocupación cómo las instituciones del Estado comienzan a utilizarse con criterios políticos y no jurídicos porque ese es el fondo del problema.

Mientras una gobernadora de oposición es sometida a una presión permanente por haber enfrentado al crimen organizado y por haber cumplido con su deber, vemos cómo personajes cercanos al oficialismo reciben protección, silencio o explicaciones que buscan justificar lo injustificable, por eso resulta tan revelador lo ocurrido con el intento de juicio político promovido contra Maru Campos.

Publicidad

Hicieron anuncios, convocaron conferencias, generaron titulares y pretendieron construir una narrativa de culpabilidad anticipada. Sin embargo, cuando llegó el momento de sostener jurídicamente sus acusaciones, ni siquiera fueron capaces de ratificar la solicitud dentro del plazo legal establecido.

La propia presidenta de la Cámara de Diputados, la diputada Kenia López Rabadán, confirmó que el plazo venció y que los promoventes no acudieron a ratificar su petición. Así terminó un episodio que demuestra que muchas veces el objetivo no es encontrar justicia, sino fabricar escándalos, crear cortinas de humo.

Por eso, a lo largo del encuentro, una consigna fue cobrando fuerza hasta convertirse en la voz de miles de personas: Yo con Maru. No es solamente un lema. Es una definición. Es una manera de decir que estamos del lado de quien enfrenta al crimen y no del lado de quien lo tolera y hay una imagen que retrata perfectamente el momento que vive el país. Por eso miles de panistas en todo México nos hemos puesto con orgullo la camiseta de “Yo con Maru”. Lo hicimos en Chihuahua. Lo hicieron nuestras senadoras y senadores. Lo han hecho dirigentes, legisladores y ciudadanos. En contraste, no hemos visto a un solo morenista ponerse una camiseta que diga “Yo con Rocha”. Ni uno solo, esa diferencia no es casualidad. Cuando hay convicción. Cuando existe certeza moral. Por eso unos salen a defender con orgullo y otros prefieren guardar silencio, por eso unos dan la cara y otros se esconden detrás de comunicados. Preocupa que, frente a los escándalos que involucran a figuras relevantes de Morena en distintos puntos del país, la respuesta del gobierno siga siendo la misma: envolver cualquier cuestionamiento legítimo en una narrativa de confrontación entre patriotas y “traidores” que solo existen en su imaginario. En lugar de aclarar dudas, investigar responsabilidades o rendir cuentas, se recurre al discurso de la soberanía, la defensa de la patria y la transformación como un escudo político para descalificar a quienes exigen explicaciones. Que les quede muy claro: nadie está en contra de México ni del amor a nuestra patria. Nadie está atacando a México. Morena no es México. Es preocupante utilizar esos sentimientos compartidos por millones de mexicanas y mexicanos para desviar la atención de problemas concretos. La defensa de la soberanía nacional no puede convertirse en una excusa para evitar la rendición de cuentas, ni el respaldo popular puede sustituir la obligación constitucional de transparentar decisiones y esclarecer conductas indebidas de servidores públicos o dirigentes partidistas. No vamos a aceptar que se persiga a quienes combaten al crimen mientras se protege a quienes están rodeados de cuestionamientos. No podemos aceptar que existan gobernadores de primera y gobernadores de segunda dependiendo del color de su partido. En Acción Nacional no tenemos dudas sobre de qué lado estamos. Frente a los intentos de intimidación y al uso faccioso de las instituciones, estaremos junto a Maru Campos porque sabemos que esta causa trasciende a una persona o a un gobierno. Lo que está en juego es algo mucho más importante: el derecho de millones de mexicanas y mexicanos a vivir en un país donde la ley se apliquen con imparcialidad y donde pensar distinto no sea motivo de persecución. Por eso, desde Chihuahua se envía hoy un mensaje que debe escucharse en todo México: no van a dividirnos, no van a doblegarnos y no van a lograr que guardemos silencio frente a una injusticia. Mientras desde el oficialismo el mensaje es de desesperación, impunidad y contubernio. POR JORGE ROMERO HERRERA PRESIDENTE DEL PARTIDO ACCIÓN NACIONAL

Publicidad
Seguir Leyendo

Columnas

Sheinbaum relanza al PAN

Comparte la nota en tus redes sociales

Opinión de Juan Ignacio Zavala | El Heraldo de México |

Lo que el PAN rompió, lo pega Claudia. Jorge Romero, presidente del PAN, ha intentado de manera infructuosa poner a su partido en la órbita de la opinión pública. También ha hecho intentos de reconstruir las relaciones rotas hace mucho tiempo en ese partido con poco éxito. Ha intentado acercarse a los dos expresidentes salidos de ese partido y siempre ha tenido palabras amables para ellos, pero nada de un evento juntos. El PAN continuaba igual que antes: a la deriva y sin causas visibles.

Hasta que Claudia Sheinbaum decidió atacar de frente a la gobernadora panista Maru Campos. En efecto, la Presidenta y su partido emprendieron una ruda ofensiva en contra de la chihuahuense, que jamás se imaginó estar en medio de una polémica nacional y que su nombre destacara en todos los noticieros y redes sociales. El PAN entendió que era su oportunidad de oro y montó enseguida una defensa de su gobernadora y la arroparon desde un inicio. Campos se dedicó a dar entrevistas por doquier y a denunciar la persecución en su contra. Finalmente, la oposición panista tenía una causa propia y quien la representara.

Publicidad

Se puede decir que este “relanzamiento del PAN” corrió a cargo de Claudia Sheinbaum. Fue ella la que empezó los ataques contra Campos y, más aún, insiste en mantener los señalamientos. Ya ha sido muy comentado que la intención oficial es igualar los marcadores de la denuncia estadounidense por Rocha Moya, Inzunza y demás morenistas que son reclamados por la justicia de ese país. Por eso a sus gobernantes calificados como narcos quieren equiparar a una panista acusada de traición a la patria por transgredir la ley en la cooperación con la CIA. No es poca cosa. Y en lo que deciden qué hacer con los morenistas y sus relaciones con el crimen organizado, han comenzado un proceso contra la gobernadora de Chihuahua. Con la diferencia de que todo lo que sucede con la chihuahuense lo sabe la población: la acusación, el citatorio, las fecha del citatorio, el recibimiento de éste, quiénes lo entregaron y quiénes lo recibieron. Todo. En el caso de Rocha Moya e Inzunza no sabemos nada. Ellos dijeron que fueron a la FGR, pero nadie vio nada, todo lo hacen a escondidas.

Al igual que en su informe del día de ayer, parece que la Presidenta ha escogido el combate al crimen como eje discursivo para compararse con los gobiernos pasados y marcar una diferencia con Estados Unidos. Su problema no es de discurso, sino de realidad, pues los señalados son de su partido y parece que vienen varios nombres más de esos que la Presidenta les dice “compañeros de lucha”.

El fin de semana, en Chihuahua, los panistas armaron un evento de apoyo a Maru Campos. Lo que quedó claro es que el panismo ya tiene un grito en la calle y se está organizando para dar la batalla en un campo de acción que tendrá que ver con el combate al crimen organizado. En ese evento estuvieron juntos Felipe Calderón y Vicente Fox, algo que no sucedía desde hace años. Los expresidentes panistas se mostraron felices de estar arengando a la gente nuevamente, los panistas muy contentos de tener sus líderes de nivel nacional juntos, y todo gracias a doña Claudia. Nadie sabe para quién trabaja.

Publicidad

POR JUAN IGNACIO ZAVALA

@juanizavala

Publicidad
Seguir Leyendo

Columnas

Incongruencias

Comparte la nota en tus redes sociales

Opinión de Raymundo Riva Palacio

¿Cómo funciona la mente de la presidenta Claudia Sheinbaum? Uno de sus atributos ha sido su formación de científica que utiliza el método científico para generar conocimiento, mediante el análisis de datos basados en evidencias y formular soluciones a los problemas. Sin embargo, después de dos años en el poder, puso seis metros bajo tierra a la cientificidad. Como vieron el domingo, el pragmatismo tecnocrático que mostró en el arranque de su sexenio, lo cambió por la ideología. Su sesgo incubado la sacó del clóset y redefinió su gobierno, la relación con Estados Unidos y, de seguir lo que trazó, la historia mexicana.

Sepultada la cabeza fría y finalmente expuesta su sangre caliente, la presidenta, tardó menos de 24 horas en mostrar la incongruencia intelectual del momento cúspide de su discurso para conmemorar su triunfo electoral hace dos años, la denuncia del intervencionismo de Estados Unidos en la política interna de México y en las elecciones intermedias del próximo año. Lo hizo hablando ayer de Colombia, al sumarse a la posición del presidente Gustavo Petro, y señalar posible fraude en las elecciones presidenciales en ese país. ¿Por qué tenía que meterse?

Publicidad

No hay ninguna diferencia entre lo que denunció del gobierno de Donald Trump y lo que declaró sobre las elecciones en Colombia. Fue tan injerencista como Trump, mostrando la debilidad de su argumento y la forma sesgada y maniquea cómo ve la intromisión en los asuntos internos de otros países: si es para apoyar a gobiernos con quienes tiene identificación ideológica y política, o cuestionar a gobiernos que piensan diferente al suyo, no hay intervencionismo. Todo lo demás, sí. Su mente funciona con parcialidad de variables, donde excluye todas aquellas que son relevantes, pero no se ajustan a su pensamiento.

Esta contradicción es lo que funcionarios estadounidenses califican como una hipocresía. Ella, quizás, ni siquiera lo puede ver. En Barcelona, donde acudió a un encuentro de líderes convocados por el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, se tomó una fotografía con un letrero donde pedía “justicia” para Cristina Fernández, la expresidenta argentina que está en prisión domiciliaria por un fraude de más de 500 millones de dólares. Sheinbaum ignoró, o no cree, que Fernández fue estuvo involucrada en un escandaloso caso de corrupción institucional y que pasó por la justicia argentina.

No ha cuidado tampoco su inclinación y pleno respaldo por el expresidente de Perú, Pedro Castillo -incluso recibió en Palacio Nacional a su abogado-, que fue condenado a 15 años de prisión por el delito de conspiración para una rebelión, tras un fallido autogolpe en 2022. La presidenta ha dicho que es una “injusticia” porque fue él quien cayó por un golpe de Estado y es víctima de persecución política. La justicia peruana tiene otros datos.

Publicidad

Con Ecuador mantiene un diferendo heredado por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que le dio asilo al exvicepresidente Jorge Glas en 2023, pese a haber sido condenado por corrupción y estar sujeto a proceso por otros delitos. En reacción a ello, el presidente Daniel Noboa autorizó el asalto a la Embajada de México en Quito, violando tratados internacionales. Sheinbaum no ha resuelto el conflicto diplomático, y ha asegurado que no restablecerá las relaciones mientras Noboa siga siendo presidente.

Sheinbaum ha sido declarada persona non-grata en esos países, una categoría que solo comparte con dos expresidentes mexicanos, Vicente Fox y Felipe Calderón, que recibieron el mismo tratamiento por el expresidente de Venezuela, Nicolás Maduro, por criticar el estado de la democracia en ese país. La presidenta, por el contrario, buscó coordinar acciones latinoamericanas para defender a Maduro cuando Estados Unidos intervino Venezuela para extraerlo y llevarlo ante los tribunales en Brooklyn, acusado de narcotráfico.

La presidenta, como antes lo hizo López Obrador, nunca se pronunció contra la falta de libertades en Cuba, Nicaragua y la Venezuela chavista, cuyos regímenes dictatoriales apoyó sin matices. Ella es parte de un movimiento que lleva ocho años en Palacio Nacional, que abiertamente intervino en las elecciones en Estados Unidos, cuando López Obrador pidió votar contra los republicanos, enviando recursos disfrazados de presupuesto para los consulados para hacer activismo político.

Publicidad

En su decantamiento por Petro e intervencionismo en los asuntos internos de Colombia, la presidenta dijo que previamente a las elecciones de este domingo había habido una ofensiva mediática y campañas de desinformación impulsadas por una red internacional, que fue una de sus denuncias el domingo, como parte de una conspiración de la ultraderecha internacional y de Estados Unidos.

Pero no impidió, sino al contrario, permitió que su coordinador de asesores, Jesús Ramírez Cuevas, el jefe de la propaganda obradorista e ideólogo de la polarización, financiara un canal dirigido por el español Pablo Iglesias -que es asesor de Sheinbaum-, por donde entró la maquinaria de propaganda del Kremlin, que se ha documentado generó por años campañas de desinformación a través de noticias falsas para incidir en procesos electorales en Estados Unidos y provocar desestabilización.

La posición binaria de Sheinbaum sobre el injerencismo y el intervencionismo es muy propio de la cultura del obradorismo, al igual que la discrecionalidad con la que aplican la Doctrina Estrada, siempre a flor de boca de la presidenta, pero que se aplica acorde de sus filias y fobias ideológicas. Esta dualidad intelectual y política la quita espacios de maniobra frente a Estados Unidos y anula sus demandas de no intervencionismo. Para poder mantener esa posición con eficacia, requiere de tener una autoridad política y diplomática, además de moral. Si no la tiene, ¿cómo puede esperar que la tomen en serio cuando aplica en otros lo que no quiere que le hagan a ella?

Publicidad

Funcionar bajo un pensamiento con parcialidad de variables, lleva en política a diagnósticos equivocados y conclusiones fallidas. Le ha quitado coherencia diplomática a su discurso -perdiendo autoridad en el mundo, cuando alguna vez fue respetado por la consistencia de sus principios-, y potencia argumentativa. La presidenta sigue perdiendo credibilidad y no lo ve de esa manera, lo que explica su posición intervencionista en Colombia.

No puede esgrimir neutralidad y tener la fuerza para denunciar el intervencionismo de Washington, porque su palabra ha perdido credibilidad frente a Estados Unidos. Al perder consistencia con su doble rasero de la autodeterminación, quedó expuesta por la mezcla de soberanía con protección política de criminales que hizo en su discurso, en momento donde su endurecimiento también existe del otro lado del Río Bravo.

rrivapalacio2024@gmail.com

Publicidad
Seguir Leyendo

TRÁMITE DE VISAS EN XALAPA

Tramite de visas en Veracruz

Más noticias

Las más leídas

Copyright © 2025 GRUPO ES NOTICIA S.A. DE C.V.
Somos más que un portal de noticias, somos tu fuente de información.
De Veracruz, para México y el mundo.