Columnas
Los juguetes del CJNG: Apología del delito
Opinión de Luis Miguel Martínez Anzures | El Heraldo de México |
Desde hace décadas se ha escuchado y documentado ampliamente cómo las diferentes organizaciones de la delincuencia organizada ayudan a comunidades, entregan despensas y hacen otros actos “caritativos” en favor de los más necesitados, siempre haciendo notar dichos sucesos, pero, sobre todo, destacando que llevan a cabo el trabajo que el mismo gobierno no puede o no quiere realizar en dichas demarcaciones.
Esta situación hay que repetirlo, se ha dado durante años. Al respecto, una de las organizaciones más poderosas y violentas de México, (el Cártel Jalisco Nueva Generación), ha sido responsable de la entrega de regalos para niños en varias ocasiones. Normalmente, desde hace algunos años, los integrantes de esta organización delictiva salen a las calles vestidos con chalecos tácticos, pasamontañas y armas largas; e inclusive en ocasiones los juguetes están envueltos y llevan las cuatro letras del cártel.
Desde 2019, existen reportes en varios medios de comunicación nacionales e internacionales de que el CJNG, reparte regalos en las comunidades más marginadas ubicadas en las entidades en las que operan, principalmente en los estados de Michoacán y Jalisco, aunque también estos actos han sucedido en Veracruz.
La @GN_MEXICO_ los detiene por regalar juguetes.
Hubieran pasado libre si fueran de un cártel.
pic.twitter.com/Pmk4U5nMkx— José Díaz (@JJDiazMachuca) January 4, 2025
Un ejemplo de lo anterior fue el 30 de abril de 2019, cuando en al menos 15 municipios de la zona de las Altas Montañas de Veracruz niñas y niños recibieron un obsequió por parte de esta organización; el gesto “caritativo”, fue registrado en redes sociales con la leyenda “Feliz Día del Niño les desea CJNG”.
Lo mismo ocurrió en 2021, el Día de los Reyes Magos, cuando sujetos que portaban chalecos con las iniciales del Cártel Jalisco Nueva Generación repartieron juguetes en la comunidad Bonifacio Moreno “El Aguaje”, en el municipio de Aguililla, Michoacán.
Un año después estos mismos hechos, fueron documentados cuando el Cártel entregó regalos en la colonia El Retiro, en la ciudad de Guadalajara. En aquella ocasión, los sujetos que repartían los juguetes gritaban que eran de parte de El “RR”, haciendo referencia a Ricardo Ruiz Velasco, también conocido como “El Tripa”, quien habría crecido en el barrio de “El Retiro” y era considerado uno de los principales líderes del CJNG.
Posteriormente fue hasta el Día del Niño del 2023, cuando en una aparente operación simultánea se registró la vez en que miembros de la delincuencia organizada repartieron juguetes en Jalisco, Zacatecas y Michoacán, los hechos quedaron registrados en diversos medios locales y redes sociales.
En redes sociales fueron difundidos videos en los que aparecen hombres armados, identificados como presuntos integrantes del #CJNG, regalando juguetes a niños de comunidades en Michoacán, a nombre del líder de la organización criminal, “el Mencho”, con motivo del Día de Reyes. pic.twitter.com/ykFaS2FDcv
— LuisCardenasMX (@LuisCardenasMx) January 9, 2023
El listado de esta clase de sucesos continua, siendo a principios de 2024, el Día de Reyes cuando la misma organización criminal salió a las calles para repartir algunos obsequios en comunidades de Jalisco y Michoacán. Por supuesto, la movilización de muchos miembros de la agrupación criminal fue notoriamente documentada en redes sociales. Y es que acuerdo con un análisis del International Crisis Group, los grupos criminales suelen repartir regalos entre las comunidades más vulnerables con el propósito de ganarse la lealtad de los pobladores y construir aceptación y legitimidad en esta clase de demarcaciones. Además, otras teorías producidas por expertos en criminalística y el estudio del comportamiento delictivo del narcotráfico, sugieren que generalmente los delincuentes inmersos en esta clase de actividades llevan a cabo esta clase de actos públicos con el afán de volverse mediáticos y demostrar a los grupos antagónicos que tienen el control total de esos territorios. Es decir, es una forma de enviar mensajes a otras organizaciones de que dichos municipios están bajo la custodia del CJNG. Este año no fue la excepción. El pasado 10 de diciembre del 2024, en una plaza pública del municipio de Coalcomán en Michoacán, se llevó a cabo un evento público que incluyó música, aplausos y una pelea de gallos, en donde de acuerdo con testigos y material difundido en redes sociales hace apenas unos días, se escucha al presentador del evento expresar: “Muchas gracias al señor Nemesio Oseguera Cervantes, a su hijo El 2, a su hijo El 3 y al comandante Delta 1 por colocar de nuevo una sonrisa y damos las gracias por estos regalos”. Además de estos pronunciamientos, se instalaron mantas con mensajes de agradecimiento dirigidos al líder del cártel y sus familiares. La ceremonia se llevó a cabo, durante el aniversario 193 de Coalcomán, municipio liderado por la alcaldesa Anavel Ávila Castrejón, militante del partido Movimiento Ciudadano (MC). Este acto ha sido señalado por ser una evidente demostración de la apología a la delincuencia organizada, en donde la presidenta de la república, diversos sectores de la sociedad michoacana y por supuesto, a nivel nacional, incluido el gobierno estatal encabezado por Alfredo Ramírez Bedolla, y hasta el dirigente nacional de MC, Jorge Álvarez Máynez, han condenado los hechos y solicitado que haya una investigación al respecto por parte de la Fiscalía General de la República. Sin embargo, más allá de los dichos, lo que pesan son los hechos, y es que la profundidad y el enorme simbolismo que enarbolan esta clase de pronunciamientos por parte de las autoridades del primer nivel de gobierno en este municipio del país, son un evidente reflejo de lo que ocurre desgraciadamente en varias demarcaciones del territorio nacional, en donde el poder de la delincuencia organizada, evidentemente ha rebasado las capacidades del Estado y tal parece, cogobiernan en compañía de las autoridades locales. Urge poner orden mediante el establecimiento de un cerco de control y estricta vigilancia, no solamente para monitorear el adecuado actuar de las autoridades municipales de este y otros municipios, sino para corroborar la respetabilidad y confiabilidad de los funcionarios públicos de las estructuras del primer orden de gobierno en todo el país, porque al igual que los policías, son la primera línea de defensa en contra de la delincuencia organizada y su confiabilidad, no debería estar en entre dicho. El tema es que además de estas medidas preventivas y responsivas, también se debe trabajar en la reconstrucción del tejido social en muchas demarcaciones del país, es inadmisible que se normalice la violencia y sus efectos, así como, el actuar de estas organizaciones delictivas como si el origen de sus recursos no procediera de actividades delictivas y nocivas para el bienestar de la población nacional. Urge que hábitos negativos como la música, las series de televisión o el streaming, videojuegos, y mensajes públicos como los que se han conferido en estos días sean regulados y no ignorados. POR LUIS MIGUEL MARTÍNEZ ANZURES PRESIDENTE DEL INAP @DRLMMA56
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Más allá del narcotráfico
El devastador impacto ambiental del Cártel de Jalisco Nueva Generación en América Latina
La violencia en México se intensificó tras un operativo militar en el sur del estado de Jalisco que terminó con la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG). En represalia, el cártel desató una ola de ataques y bloqueos en varios puntos del país que ya dejan más de 60 personas muertas.
El Cártel de Jalisco Nueva Generación es considerado uno de los grupos criminales más poderosos y violentos de México. Mantenía una extensa red dedicada al tráfico de fentanilo, metanfetamina y cocaína hacia Estados Unidos. Su expansión también ha tenido graves consecuencias ambientales y sociales. Investigaciones periodísticas de Mongabay Latam documentan cómo miles de pescadores en Jalisco y la costa del Pacífico viven atrapados entre la pobreza, la extorsión y la violencia, mientras el cártel utiliza los mares para el narcotráfico.
En tierra, la expansión del aguacate ha provocado una alarmante pérdida de bosques, en un negocio infiltrado por mafias ligadas al CJNG. Además, más de 200 toneladas de mercurio han sido traficadas desde México hacia la Amazonía de Perú, Bolivia y Colombia para alimentar la minería ilegal. En Ecuador, bandas de piratas asociadas al cártel mexicano controlan puertos y extorsionan a pescadores artesanales, extendiendo la violencia más allá de las fronteras mexicanas.
Jalisco es el segundo estado productor de aguacate en México. Imágenes satelitales revelan cómo la expansión de este cultivo ha generado una grave pérdida de bosque. A esto se suma que detrás de este negocio hay mafias criminales que se presentan como parte del Cártel Jalisco Nueva Generación.
Miles de pescadores en Jalisco y la costa del Pacífico mexicana están atrapados entre la pobreza y la violencia del narcotráfico. El Cártel de Jalisco Nueva Generación utiliza los mares para expandir sus negocios ilícitos. Investigamos el caso.
Más de 200 toneladas de mercurio han sido traficadas desde México hacia la Amazonía de Perú, Bolivia y Colombia para alimentar la minería ilegal. Así lo revela la Agencia de Investigación Ambiental (EIA), que además encontró que el Cártel Jalisco Nueva Generación lidera esta red criminal.
Más del 70 % de pescadores artesanales en Puerto Bolívar, en Ecuador, paga extorsiones para salir a pescar. Quienes no pagan enfrentan amenazas, robos, desapariciones y asesinatos. Piratas y bandas como Los Lobos, ligada al cártel Jalisco Nueva Generación, controlan el narcotráfico en el puerto
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El Mencho es el mensaje
Opinión de Raymundo Sánchez
Lo dijo perfecto el general secretario de la Defensa, Ricardo Trevilla, en la conferencia mañanera del pasado lunes: “Se demostró la fuerza del Estado mexicano”, en referencia al operativo del Ejército con el que se eliminó a Nemesio Rubén Oseguera, alias El Mencho, uno de los más peligrosos capos del planeta.
En efecto, la acción militar contra el líder del Cártel Jalisco Nueva Generación dejó claro que la fuerza del Estado mexicano es mucho mayor a la de cualquier grupo delictivo, con lo que se modifica la percepción sobre el poder real y efectivo de la delincuencia organizada.
Bastaron un impecable trabajó de inteligencia entre México y Estados Unidos, y un operativo coordinado por el Gabinete de Seguridad, al mando de Omar García Harfuch, para dejar acéfalo al mayor grupo criminal de México, al que se le atribuyen más de 75 mil homicidios, la desaparición de 10 mil personas en Jalisco y un poderío económico de 20 mil millones de dólares.
Un cártel que, además, opera en 29 de las 32 entidades de México, y cuyos tentáculos se extienden a 40 países de Europa, América, Asia, África, y a las 50 entidades de Estados Unidos. Un poder mucho mayor al que en su momento tuvo el colombiano Pablo Escobar. Pero ni así le alcanzó para evadir la acción del gobierno mexicano el pasado domingo.
En ese sentido, el operativo ejecutado por la Defensa Nacional fue en sí mismo un muy poderoso mensaje para los miembros de la delincuencia organizada, que hasta el sexenio pasado se les dejó imponer su ley, controlar 70 por ciento del territorio nacional, poner y quitar gobernantes y crear un Estado paralelo, mientras Palacio Nacional les daba abrazos y a lo mucho les advertía que los acusaría con su abuelita.
Ahora, el gobierno cambió la ecuación a los maleantes y a sus cómplices en la política: el Estado dio un primer paso para recuperar el monopolio del uso de la fuerza y los territorios que les cedieron en el sexenio pasado. Y lo hace con calibres de uso exclusivo del Ejército.
También les hizo entender que la primera mujer presidentA no repetirá la historia del culiacanazo, cuando el 17 de octubre de 2019 el entonces presidente López ordenó liberar a Ovidio Guzmán, hijo de El Chapo Guzmán, inmediatamente después de que fuerzas federales lo habían aprehendido en Culiacán.
Pero, sobre todo,
el operativo para eliminar a El Mencho mostró al mundo que el Estado mexicano y sus Fuerzas Armadas sí tienen la capacidad de combatir con éxito a los grupos delictivos
, del tamaño que sean, sin la intervención operativa de agentes estadounidenses. Y que, si sus antecesores en el gobierno no lo hicieron, evidentemente fue porque no quisieron. ***
EN EL VISOR:
Toda la cuatroté respaldó y felicitó a la presidentA Sheinbaum y a las Fuerzas Armadas por el operativo en el que resultó abatido el capo
Nemesio Rubén Oseguera.
No así el fundador del movimiento, cuyo silencio dice más que mil palabras.
POR RAYMUNDO SÁNCHEZ PATLÁN COLABORADOR RAYMUNDO@HERALDODEMEXICO.COM @R_SANCHEZP
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Ruido de fondo: El mito del narco “benefactor”
Opinión de Alejandro Piña
Hace unos días, la responsable de comunicación social de Morena en el Congreso de la Ciudad de México dijo algo que debería prender todas las alertas: es difícil acabar con el crimen organizado porque “el narcotráfico es uno de los mayores empleadores” del país. El deslinde presidencial fue inmediato. Y tenía que serlo, porque esa frase, aunque sea un “desliz”, deja al descubierto una idea peligrosa: que el crimen es necesario.
Ese mito circula desde hace años: “sí, hacen daño, pero dan trabajo”; “ponen orden”; “ayudan donde el gobierno no llega”. Y no es casual, el sociólogo Diego Gambetta mostró que las organizaciones mafiosas no sobreviven sólo por la fuerza y la violencia, también se presentan como proveedoras de protección en contextos de ausencia estatal.El mito prospera ahí: en el abandono, la pobreza y la falta de oportunidades. Pero entender por qué surge no significa aceptarlo. De hecho, aceptarlo es el primer paso para resignarse.
El crimen organizado no “da empleo” como quien abre una fábrica o un negocio. Lo que hace es reclutar: jóvenes que no ven salida, personas atrapadas por necesidad, familias amenazadas, comunidades asfixiadas. Cuando alguien entra a ese mundo, rara vez entra por vocación. Entra porque lo empujan, por la falta de oportunidades o por el miedo. Y cuando el “trabajo” viene con un arma, una amenaza o una deuda, eso no es trabajo: es coerción.
Las y los menores reclutados por la delincuencia organizada enfrentan un riesgo extremo de no llegar a la adultez. Estimaciones basadas en testimonios y en el análisis de especialistas en seguridad y derechos humanos advierten que, tras ser incorporados a estas redes criminales, su expectativa de vida se reduce drásticamente: en muchos casos, sobreviven apenas entre uno y tres años más. Detrás de estas cifras hay historias marcadas por la marginación, pero también una responsabilidad colectiva ineludible: la de impedir que la infancia y la adolescencia sigan siendo terreno fértil para estructuras que los desechan con la misma facilidad con la que los reclutan.
Además, el cuento de que el crimen “genera economía” se cae cuando miras el otro lado de la balanza: lo que destruyen. Pregúntale a cualquier comerciante que vive bajo cobro de piso si el crimen “da orden”. El crimen no impulsa negocios: los exprime. No crea empresas: las cierra. No produce riqueza: la roba. Los costos de seguridad privada, los negocios que bajan cortinas, los emprendedores que renuncian, las rutas de transporte extorsionada. Todo esto es economía real que se rompe.
Y está la otra parte: la vida cotidiana. El crimen te cobra por vender, por mover mercancía, por abrir, por existir. “Paga y te dejo trabajar”, esa es la lógica. No es un empleador: es un parásito que se cuelga del esfuerzo de la gente y lo convierte en tributo.
Incluso, cuando un grupo criminal “pavimenta una calle” o “financia una fiesta” no está resolviendo problemas: está comprando silencio y legitimidad. Es la misma lógica del cobro de piso, pero en versión simbólica: te doy algo para que me toleres, para que me veas como necesario, para que el Estado parezca ausente y yo parezca inevitable.
Y el daño más grave es el que no se ve en números, pero se siente en generaciones completas: niñas, niños y adolescentes en riesgo de reclutamiento. Ahí, el mito se vuelve tragedia, porque no es “empleo” lo que ofrecen: es cárcel o muerte. Es romper trayectorias escolares, destruir familias, cancelar futuros. Eso no es una salida, es una condena.
Por eso, el problema de esa frase no es solo que sea imprudente. Es que normaliza la idea de que el crimen puede cumplir funciones sociales. Y, cuando la aceptamos, el estándar ciudadano se derrumba: dejamos de exigir seguridad, justicia y desarrollo, y nos conformamos con sobrevivir.
Desmontar este mito debería ser parte de la estrategia de seguridad. Combatir la inseguridad no termina en operativos e inteligencia, también es quitarle el relato al crimen organizado, quitarle el “prestigio”, quitarle la falsa etiqueta de “necesario”. Y, sobre todo, dar alternativas reales: empleo digno, educación, comunidad y un Estado que aparezca en serio. Porque la única “estabilidad” que ofrece el crimen es el miedo. Y México merece algo más fuerte que el miedo: merece confianza y paz.
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