Columnas
“No es mi culpa, son los jueces”; no, Ernestina, tú judicializas
“Esta no es una fiscalía, es un negocio para el que quiera comprar la justicia o el que quiera corromper la justicia de manera segura”, me aseguró ‘Juana’, víctima de Ernestina.
¡Quihúboles! Trágico, por decir lo menos, lo que los capitalinos vivimos con y por esta fiscal, ¿o no?
Ernestina y su fiscalía no solamente le fallan a las víctimas de violencia vicaria y familiar, sino que las acusan de ser criminales y las someten al viacrucis que representa en México el acceso a la justicia, mientras hacen favores a los agresores para que sus agencias del Ministerio Público les destrocen la vida.
Historia de terror
Su agresor y padre de su hija, el abogado José Miguel Castillo Hernández, no sólo es un deudor alimentario, sino un hombre violento, que amenaza, capaz de usar el aparato de justicia para tejer una red de mentiras y falsos delitos que la llevaron a ser encarcelada sin ninguna prueba en julio de 2022 en Santa Martha Acatitla.
Café con piquete
José Miguel también es abogado de un feminicida, sí, de Juan Carlos García, exdirector de Amazon en México y autor intelectual del feminicidio de Abril Pérez.
Pero “ella (Ernestina) permite que un abogado corrupto les dé órdenes a siete ministerios públicos. Puede llegar un civil a orquestar un cártel de ministerios públicos a su servicio para manejar el aparato jurídico en contra de una persona y así eludirse de la acción de la justicia”, advirtió.
“¿Te crees muy autosuficiente? Te las ves sola”
Desde la etapa de embarazo, Castillo fue un padre ausente. Reapareció en los primeros tres meses de la niña para “convivir”, pero volvió a alejarse y desapareció cuando ella se negó a casarse: “Tú te crees una mujer muy autosuficiente, entonces tú te las ves sola, no te doy dinero y no la reconozco (a su hija)”. Así intentó manipularla una y otra vez.
Omiso para dar pensión, acudir a los cumpleaños o acompañarla al pediatra, simplemente prefirió renunciar a su hija, no sin antes advertirle que la metería a la cárcel, tal y como hizo con sus parejas anteriores.
“Estamos hablando de un sujeto de alta peligrosidad que además te amenaza con fabricarte delitos y te lo dice así, no soy yo la única”, comentó.
A Castillo Hernández nunca le importó su hija. Desapareció por tres años y cuando regresó lo hizo para someterla a un infierno, en complicidad con siete MP, incluida la Fiscalía de Delitos Financieros, que nada tenía que ver en este caso, pero se prestó para fabricar procesos sin pruebas e investigó a una niña. Así como lo están leyendo.
El terror psicológico y las amenazas estuvieron presentes una y otra vez. La gota que derramó el vaso fue cuando una noche de 2021, un supuesto agente de la Policía de Investigación (PDI) se presenta a su casa con la intención de llevarse a su hija, sin una orden, sin identificarse, en un vehículo negro que ni siquiera tenía placas ni logos.
Agárrense bien de la silla
“Esta no es una fiscalía, es un negocio para el que quiera comprar la justicia o el que quiera corromper la justicia de manera segura”.
Ministerios públicos al servicio de un agresor
Al interponer la denuncia por violencias familiares, su agresor se enteró, y cuando la justicia debía protegerla, le dio la espalda. Durante meses, y pese a ser la denunciante, le negaron el acceso a la carpeta de investigación, mientras que él ya había comparecido con mentiras.
Inhale y exhale
“La MP Haydee Vargas Santander, muy grosera me dice que ya me deje de denuncias, que dé gracias de que la niña no es una bastardita, ya mejor váyase, póngase a trabajar, deje al señor en paz”.
A ‘Juana’ la acusaron por falsedad de testimonio al decir que Castillo no daba pensión
¡Imagínense! No sólo hay denuncias, sino carpetas de investigación que documentan con hasta cinco tomos de pruebas lo dicho. Bueno, hasta hubo un juicio en el que ‘Juana’ logró demostrar que no estaba interesado en su hija y por lo cual le negaron la convivencia con la menor.
Fuera de broma, agárrense
En la fiscalía de Ernestina es muy fácil meter a alguien a la cárcel y José Miguel Castillo tuvo todo a su favor: una jueza doblegada, un delito fabricado de un supuesto fraude por una demanda de alimentos, ninguna prueba, justificaciones absurdas que se usaron para vincularla a proceso y después dictarle prisión preventiva justificada.
“En menos de 12 días judicializaron y pidieron audiencia inicial para formular mi imputación sin pruebas”.
“El MP declaraba que hay riesgo de fuga, sin investigar, sin nada. Así me la armaron. ¿De qué habla la fiscal diciendo que no pueden actuar, que si nos meten a la cárcel? No es su culpa, es de los jueces, pero si tú no armas una carpeta falsa y no judicializas, no hay juez, o sea, tú eres la que nos pones en charola para que el Poder Judicial, con otro juez corrupto, encarcele a gente inocente”, reprochó.
Te despedazan la vida
En aquella audiencia donde se le dictó prisión preventiva había 20 policías bancarios esperándola para ingresarla al reclusorio.
No importó nada, la querían encarcelar y lo hicieron.
“Estar en un lugar así (el reclusorio), pasar un túnel, es impactante y más siendo inocente. ¿Por qué tenía que estar yo en ese lugar?, ¿por qué se le ocurrió a una fiscalía corrupta hacerle el favor a un agresor cuando el investigado debería ser él?”, cuestionó.
En Santa Martha le bloqueaban el acceso y su derecho a una defensa, intentaron extorsionar a su familia con su libertad, pretendían que desistiera de sus denuncias ya que sólo así permitirían que saliera del reclusorio o, de lo contrario, la dejarían siete años presa.
Siete días le tomó a su abogado conseguir la suspensión provisional del proceso que le permitió salir.
No estaba sola, madres de los colectivos de víctimas de violencia vicaria también se manifestaron para exigir su liberación.
“Una niña que era tranquila y estable se me despierta en las noches con pesadillas llorando: ‘mamá, mamá, es que no quiero que te maten’. ¿Por qué una niña de 7 años tiene que tener ese tipo de pesadillas?”.
Como otras víctimas, ha estado presente en las interminables mesas de trabajo de la fiscalía donde se presenta Ernestina. ¿De qué sirve que las escuche si no va a resolver nada, si los casos siguen pendientes, si pasa más de un año y no pueden judicializar una carpeta de investigación?
“Ernestina, deje de escuchar a las víctimas, resuélvanos”.
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La columna se publicó originalmente en El Financiero reproducida aquí con permiso de la autora.
Lourdes Mendoza Peñaloza es una periodista mexicana especializada en finanzas, política y sociales, con más de 20 años de experiencia en medios electrónicos, impresos, radio y televisión.
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Más allá del narcotráfico
El devastador impacto ambiental del Cártel de Jalisco Nueva Generación en América Latina
La violencia en México se intensificó tras un operativo militar en el sur del estado de Jalisco que terminó con la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG). En represalia, el cártel desató una ola de ataques y bloqueos en varios puntos del país que ya dejan más de 60 personas muertas.
El Cártel de Jalisco Nueva Generación es considerado uno de los grupos criminales más poderosos y violentos de México. Mantenía una extensa red dedicada al tráfico de fentanilo, metanfetamina y cocaína hacia Estados Unidos. Su expansión también ha tenido graves consecuencias ambientales y sociales. Investigaciones periodísticas de Mongabay Latam documentan cómo miles de pescadores en Jalisco y la costa del Pacífico viven atrapados entre la pobreza, la extorsión y la violencia, mientras el cártel utiliza los mares para el narcotráfico.
En tierra, la expansión del aguacate ha provocado una alarmante pérdida de bosques, en un negocio infiltrado por mafias ligadas al CJNG. Además, más de 200 toneladas de mercurio han sido traficadas desde México hacia la Amazonía de Perú, Bolivia y Colombia para alimentar la minería ilegal. En Ecuador, bandas de piratas asociadas al cártel mexicano controlan puertos y extorsionan a pescadores artesanales, extendiendo la violencia más allá de las fronteras mexicanas.
Jalisco es el segundo estado productor de aguacate en México. Imágenes satelitales revelan cómo la expansión de este cultivo ha generado una grave pérdida de bosque. A esto se suma que detrás de este negocio hay mafias criminales que se presentan como parte del Cártel Jalisco Nueva Generación.
Miles de pescadores en Jalisco y la costa del Pacífico mexicana están atrapados entre la pobreza y la violencia del narcotráfico. El Cártel de Jalisco Nueva Generación utiliza los mares para expandir sus negocios ilícitos. Investigamos el caso.
Más de 200 toneladas de mercurio han sido traficadas desde México hacia la Amazonía de Perú, Bolivia y Colombia para alimentar la minería ilegal. Así lo revela la Agencia de Investigación Ambiental (EIA), que además encontró que el Cártel Jalisco Nueva Generación lidera esta red criminal.
Más del 70 % de pescadores artesanales en Puerto Bolívar, en Ecuador, paga extorsiones para salir a pescar. Quienes no pagan enfrentan amenazas, robos, desapariciones y asesinatos. Piratas y bandas como Los Lobos, ligada al cártel Jalisco Nueva Generación, controlan el narcotráfico en el puerto
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El Mencho es el mensaje
Opinión de Raymundo Sánchez
Lo dijo perfecto el general secretario de la Defensa, Ricardo Trevilla, en la conferencia mañanera del pasado lunes: “Se demostró la fuerza del Estado mexicano”, en referencia al operativo del Ejército con el que se eliminó a Nemesio Rubén Oseguera, alias El Mencho, uno de los más peligrosos capos del planeta.
En efecto, la acción militar contra el líder del Cártel Jalisco Nueva Generación dejó claro que la fuerza del Estado mexicano es mucho mayor a la de cualquier grupo delictivo, con lo que se modifica la percepción sobre el poder real y efectivo de la delincuencia organizada.
Bastaron un impecable trabajó de inteligencia entre México y Estados Unidos, y un operativo coordinado por el Gabinete de Seguridad, al mando de Omar García Harfuch, para dejar acéfalo al mayor grupo criminal de México, al que se le atribuyen más de 75 mil homicidios, la desaparición de 10 mil personas en Jalisco y un poderío económico de 20 mil millones de dólares.
Un cártel que, además, opera en 29 de las 32 entidades de México, y cuyos tentáculos se extienden a 40 países de Europa, América, Asia, África, y a las 50 entidades de Estados Unidos. Un poder mucho mayor al que en su momento tuvo el colombiano Pablo Escobar. Pero ni así le alcanzó para evadir la acción del gobierno mexicano el pasado domingo.
En ese sentido, el operativo ejecutado por la Defensa Nacional fue en sí mismo un muy poderoso mensaje para los miembros de la delincuencia organizada, que hasta el sexenio pasado se les dejó imponer su ley, controlar 70 por ciento del territorio nacional, poner y quitar gobernantes y crear un Estado paralelo, mientras Palacio Nacional les daba abrazos y a lo mucho les advertía que los acusaría con su abuelita.
Ahora, el gobierno cambió la ecuación a los maleantes y a sus cómplices en la política: el Estado dio un primer paso para recuperar el monopolio del uso de la fuerza y los territorios que les cedieron en el sexenio pasado. Y lo hace con calibres de uso exclusivo del Ejército.
También les hizo entender que la primera mujer presidentA no repetirá la historia del culiacanazo, cuando el 17 de octubre de 2019 el entonces presidente López ordenó liberar a Ovidio Guzmán, hijo de El Chapo Guzmán, inmediatamente después de que fuerzas federales lo habían aprehendido en Culiacán.
Pero, sobre todo,
el operativo para eliminar a El Mencho mostró al mundo que el Estado mexicano y sus Fuerzas Armadas sí tienen la capacidad de combatir con éxito a los grupos delictivos
, del tamaño que sean, sin la intervención operativa de agentes estadounidenses. Y que, si sus antecesores en el gobierno no lo hicieron, evidentemente fue porque no quisieron. ***
EN EL VISOR:
Toda la cuatroté respaldó y felicitó a la presidentA Sheinbaum y a las Fuerzas Armadas por el operativo en el que resultó abatido el capo
Nemesio Rubén Oseguera.
No así el fundador del movimiento, cuyo silencio dice más que mil palabras.
POR RAYMUNDO SÁNCHEZ PATLÁN COLABORADOR RAYMUNDO@HERALDODEMEXICO.COM @R_SANCHEZP
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Ruido de fondo: El mito del narco “benefactor”
Opinión de Alejandro Piña
Hace unos días, la responsable de comunicación social de Morena en el Congreso de la Ciudad de México dijo algo que debería prender todas las alertas: es difícil acabar con el crimen organizado porque “el narcotráfico es uno de los mayores empleadores” del país. El deslinde presidencial fue inmediato. Y tenía que serlo, porque esa frase, aunque sea un “desliz”, deja al descubierto una idea peligrosa: que el crimen es necesario.
Ese mito circula desde hace años: “sí, hacen daño, pero dan trabajo”; “ponen orden”; “ayudan donde el gobierno no llega”. Y no es casual, el sociólogo Diego Gambetta mostró que las organizaciones mafiosas no sobreviven sólo por la fuerza y la violencia, también se presentan como proveedoras de protección en contextos de ausencia estatal.El mito prospera ahí: en el abandono, la pobreza y la falta de oportunidades. Pero entender por qué surge no significa aceptarlo. De hecho, aceptarlo es el primer paso para resignarse.
El crimen organizado no “da empleo” como quien abre una fábrica o un negocio. Lo que hace es reclutar: jóvenes que no ven salida, personas atrapadas por necesidad, familias amenazadas, comunidades asfixiadas. Cuando alguien entra a ese mundo, rara vez entra por vocación. Entra porque lo empujan, por la falta de oportunidades o por el miedo. Y cuando el “trabajo” viene con un arma, una amenaza o una deuda, eso no es trabajo: es coerción.
Las y los menores reclutados por la delincuencia organizada enfrentan un riesgo extremo de no llegar a la adultez. Estimaciones basadas en testimonios y en el análisis de especialistas en seguridad y derechos humanos advierten que, tras ser incorporados a estas redes criminales, su expectativa de vida se reduce drásticamente: en muchos casos, sobreviven apenas entre uno y tres años más. Detrás de estas cifras hay historias marcadas por la marginación, pero también una responsabilidad colectiva ineludible: la de impedir que la infancia y la adolescencia sigan siendo terreno fértil para estructuras que los desechan con la misma facilidad con la que los reclutan.
Además, el cuento de que el crimen “genera economía” se cae cuando miras el otro lado de la balanza: lo que destruyen. Pregúntale a cualquier comerciante que vive bajo cobro de piso si el crimen “da orden”. El crimen no impulsa negocios: los exprime. No crea empresas: las cierra. No produce riqueza: la roba. Los costos de seguridad privada, los negocios que bajan cortinas, los emprendedores que renuncian, las rutas de transporte extorsionada. Todo esto es economía real que se rompe.
Y está la otra parte: la vida cotidiana. El crimen te cobra por vender, por mover mercancía, por abrir, por existir. “Paga y te dejo trabajar”, esa es la lógica. No es un empleador: es un parásito que se cuelga del esfuerzo de la gente y lo convierte en tributo.
Incluso, cuando un grupo criminal “pavimenta una calle” o “financia una fiesta” no está resolviendo problemas: está comprando silencio y legitimidad. Es la misma lógica del cobro de piso, pero en versión simbólica: te doy algo para que me toleres, para que me veas como necesario, para que el Estado parezca ausente y yo parezca inevitable.
Y el daño más grave es el que no se ve en números, pero se siente en generaciones completas: niñas, niños y adolescentes en riesgo de reclutamiento. Ahí, el mito se vuelve tragedia, porque no es “empleo” lo que ofrecen: es cárcel o muerte. Es romper trayectorias escolares, destruir familias, cancelar futuros. Eso no es una salida, es una condena.
Por eso, el problema de esa frase no es solo que sea imprudente. Es que normaliza la idea de que el crimen puede cumplir funciones sociales. Y, cuando la aceptamos, el estándar ciudadano se derrumba: dejamos de exigir seguridad, justicia y desarrollo, y nos conformamos con sobrevivir.
Desmontar este mito debería ser parte de la estrategia de seguridad. Combatir la inseguridad no termina en operativos e inteligencia, también es quitarle el relato al crimen organizado, quitarle el “prestigio”, quitarle la falsa etiqueta de “necesario”. Y, sobre todo, dar alternativas reales: empleo digno, educación, comunidad y un Estado que aparezca en serio. Porque la única “estabilidad” que ofrece el crimen es el miedo. Y México merece algo más fuerte que el miedo: merece confianza y paz.
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