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No pagar extorsiones, una sentencia de muerte

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La normalidad es cubrir cuotas “como si fueran impuestos o costos de producción” ante el temor de las amenazas; crimen organizado cambia la vida de víctimas.

Negarse a pagar una extorsión es una sentencia de muerte, lamentan productores citrícolas de Veracruz y Puebla, así como comerciantes de Zacatecas y de Jalisco, para quienes la normalidad es pagar cuotas “como si fueran impuestos o costos de producción”, ante el temor a las amenazas.

Cinco historias de cuatro diferentes estados del país, en donde las víctimas también tuvieron que cambiar sus vidas: cederle terreno al crimen poco a poco, mudarse de casa y abandonar su negocio ante la imposibilidad de seguir pagando la cuota o simplemente enviar a otra entidad a sus familiares para prevenir algún ataque.

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“Ya me acostumbré [a pagar] porque no quiero que me maten. Es un costo que se le agrega como si fuera por fertilizante o por producción, ya que no tenemos otra salida. Ya denuncié, pero lo que me aconsejan es pagar la cuota o cederle el terreno a la maña (…) porque ya me mataron un hijo”, comenta en entrevista con José Alfredo, naranjero de Álamo, Veracruz, cuyo nombre fue modificado por seguridad.

Además de sembrar naranja, José Alfredo cultiva caña y café que vende en menor escala en mercados de la región para sostener a su familia. Su hijo, Guillermo, cuyo nombre también fue cambiado para preservar su anonimato, tenía un pequeño negocio de hortalizas que cerró hace un mes cuando el joven fue asesinado.

Según José Alfredo, los mismos hombres que lo extorsionan son quienes mataron a su hijo, al enterarse de que también tenía un negocio “y fueron a cobrarle ahí, porque todo lo que deja dinero ellos lo quieren”, reclama el productor.

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De acuerdo con los comerciantes consultados para esta nota, los grupos criminales exigen el cobro de piso sobre un porcentaje del total de la cosecha o por kilo; de igual forma piden cuotas para permitir la salida del producto a distribución en mercados y usan amenazas directas, desde intimidaciones verbales hasta violencia armada para forzar el pago.

“[A Guillermo] Lo mataron enfrente de su tienda. Dos personas en moto, tapadas con cascos, le dieron tres balazos, dos en la cabeza y uno que le pegó en el estómago. Su mamá cayó enferma de depresión por el impacto. Yo, de primera instancia, no pensé en dejar la venta porque no puedo, ya que hay gastos que pagar de la escuela de mis otros hijos”, detalla José Alfredo.

El comerciante relata que eventualmente venderá uno de los dos terrenos en donde siembra cítricos para “ganarles algo” antes de que el crimen organizado expropie sus tierras, pues el mecanismo operativo es elevar la cuota hasta que sea impagable para luego invadir el predio bajo pretexto de cobrar la deuda por falta de pago de las extorsiones.

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Otras consecuencias para las víctimas son los padecimientos crónicos derivados del miedo constante. Enfermedades como diabetes, hipertensión y depresión aparecen por el estrés postraumático de las amenazas de muerte.

En la Sierra Norte de Puebla, los hermanos Roberto y María, nombres ficticios modificados por seguridad, que producen mandarina y naranja, son víctimas del cobro por salida de la fruta a mercados y las cuotas por volumen. En 2022 María empezó a recibir llamadas intimidatorias exigiendo cuotas de 20% a 40% por tonelada de cítricos.

En 2023, desde uno de esos números le enviaron a ella y a su hermano fotos de las placas de una de sus camionetas de trabajo, imágenes de su casa y datos de sus padres e hijos, hecho que fue el punto de quiebre para entregar el pago solicitado.

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“Tener en la mente que a una empresaria le cortaron la cabeza porque no pagaron su rescate del secuestro en Coatzacoalcos; que a la maestra Irma, que extorsionaron en Álamo, la torturaron como ejemplo para que otros paguen el piso, te hace decidir que vendas tu terreno, que es lo que estoy platicando con mi hermano. Si hay que dejar de trabajar por no morir, pues ni modo”, testifica a este medio.

Antes los hermanos enviaban sus frutas a centrales de abasto, pero primero el crimen organizado les cobró cuota por permitir la salida de los camiones y luego exigió un pago por volumen.

En septiembre del año pasado, uno de sus socios fue asesinado por negarse a la expropiación de su terreno, lo que derivó en un infarto al miocardio de Roberto por miedo a que le pase lo mismo. Por su parte, los nervios y el temor provocaron depresión e hipertensión en María, quien está en proceso de vender el terreno donde nació y creció el negocio de su familia.

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A un par de días del asesinato de Bernardo Bravo Manríquez, líder limonero de Michoacán, otros productores temen que el cobro de piso se extienda ante la impunidad de los recientes crímenes.

Es el caso de Manuel, también productor de cítricos en Álamo, Veracruz, quien vendió su casa, su automóvil, su terreno y se cambió de ciudad y de giro laboral para sobrevivir porque el crimen organizado amenazó con quemar su casa con su familia adentro.

“Me dijeron: ‘Cómo ves que te vamos a quemar vivo con tu pinche naranjal’, y ahí piensas qué es lo que vale más para ti, si tu vida o el ingreso que puedas generar. Yo no quiero arriesgar a mi familia. Lo vemos en Guerrero, en Jalisco, en Michoacán, lleva años la extorsión, hasta quitan de su camino a las cabezas grandes, como el limonero [Bernardo], y el delito no termina”, expresa Manuel.

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Manuel afirma que Veracruz y Puebla son dos de los estados más golpeados por este delito recientemente, hecho que, aseguró, se puede confirmar con el creciente número de pequeños comercios que pagan cuota, cierran de forma definitiva a meses de iniciar sus ventas o por el desplazamiento de familias que ya no viven seguras por las amenazas de los delincuentes.

En el último año, además de desplazarse, Manuel obligó a sus hijos y esposa a cerrar sus redes sociales, cambió sus números de teléfono, contrató seguridad privada y, aunque ya no está en el mismo estado, instaló en su casa un circuito de cámaras de videovigilancia continua por miedo.

Abarrotes y expendios de cerveza, operados por el crimen organizado

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Al menos hace más de un año, en las regiones de Valparaíso y Río Grande, en Zacatecas, una gran parte de los comercios, principalmente de abarrotes y expendios de cerveza, pasaron a ser operados directamente por integrantes del crimen organizado, revelan a EL UNIVERSAL varios lugareños que admitieron que “eso a la vez ha generado que disminuyeran las extorsiones y haya regresado una cierta paz”, además de que la gente ha tenido que “aprender a convivir con estas personas y con esta situación, no queda de otra”, expresaron con tristeza.

Esta situación fue descrita por varias personas originarias de ambas regiones, que pidieron el anonimato por seguridad.

La región de Valparaíso colinda con las sierras de Jalisco, Nayarit y Durango, donde una de las personas entrevistadas dijo que una familia que “siempre había vivido muy feliz” en una de las comunidades en esas zonas serranas, que dependía de su tiendita de abarrotes y de las actividades del campo, se mantuvo sobreviviendo en medio de la pugna que desataron los grupos delictivos que se disputaban aquellas zonas serranas, lo que generó violencia y desplazamientos forzados en varios municipios.

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Hace casi un año que una nueva realidad alcanzó a esa familia, cuando integrantes de uno de los grupos delictivos incursionaron en su pequeña comunidad. Al principio pensaron que habían llegado a pedir cobro de piso, pero en realidad llegaron a asentarse en el lugar y hasta se apoderaron de su tienda de abarrotes, por lo que la familia prefirió salir de su pueblo y cambiar de residencia a otra entidad.

En Río Grande, colindante con el estado de Durango, ocurre una situación similar, ya que el crimen organizado tiene el control de los expendios de cerveza, además de que las personas entrevistadas refieren que aplica cobros adicionales a los legales para que se puedan realizar las fiestas.

“Es como pagar un doble impuesto, tanto el permiso que se tiene que sacar en el ayuntamiento, pero al acudir a comprar a esas agencias de venta de cerveza hay que pagar otro adicional cuando se va por el producto (…) la gente sabe de quiénes se trata y prefiere pagarlo para no meterse en problemas y llevar la fiesta en paz”, expresan.

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Muchos de los comercios formales prefieren cerrar temprano sus negocios para evitar que sean extorsionados: “Así que mejor muchos cierran por ahí de las 6 de la tarde y se regresan a sus casas, así evitan trabajar para estar pagando un posible cobro de piso”, advierten.

Secuestran a vendedora de estampillas religiosas en Guadalajara

Tras negarse a pagar derecho de piso en Guadalajara, una mujer de aproximadamente 32 años que se dedica a la venta de estampillas religiosas fue privada de la libertad por integrantes de un grupo delictivo, golpeada y liberada tres días después.

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La mujer fue localizada la noche del pasado martes en las calles de la colonia La Higuera, en la capital de Jalisco, donde yacía desnuda, inconsciente y con huellas de tortura; los vecinos de la zona fueron quienes dieron aviso a las autoridades al verla en la banqueta.

Policías municipales y paramédicos de la Cruz Verde acudieron al lugar para auxiliar a la mujer, que fue trasladada grave a un hospital.

Según las declaraciones que la mujer pudo hacer a los policías, sus captores la acababan de liberar después de tres días en los que la golpearon y sometieron a tortura por negarse a pagar derecho de piso por vender sus estampillas a las afueras de un templo.

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La Fiscalía de Justicia del Estado de Jalisco confirmó que en una primera entrevista la mujer dijo ser víctima de extorsión y hasta ahora esa es la línea de investigación que se sigue en el caso.

Se informa que la mujer continúa en estado crítico en un hospital y bajo resguardo de las autoridades.

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Más allá del narcotráfico

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El devastador impacto ambiental del Cártel de Jalisco Nueva Generación en América Latina

La violencia en México se intensificó tras un operativo militar en el sur del estado de Jalisco que terminó con la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG). En represalia, el cártel desató una ola de ataques y bloqueos en varios puntos del país que ya dejan más de 60 personas muertas.

El Cártel de Jalisco Nueva Generación es considerado uno de los grupos criminales más poderosos y violentos de México. Mantenía una extensa red dedicada al tráfico de fentanilo, metanfetamina y cocaína hacia Estados Unidos. Su expansión también ha tenido graves consecuencias ambientales y sociales. Investigaciones periodísticas de Mongabay Latam documentan cómo miles de pescadores en Jalisco y la costa del Pacífico viven atrapados entre la pobreza, la extorsión y la violencia, mientras el cártel utiliza los mares para el narcotráfico.

En tierra, la expansión del aguacate ha provocado una alarmante pérdida de bosques, en un negocio infiltrado por mafias ligadas al CJNG. Además, más de 200 toneladas de mercurio han sido traficadas desde México hacia la Amazonía de Perú, Bolivia y Colombia para alimentar la minería ilegal. En Ecuador, bandas de piratas asociadas al cártel mexicano controlan puertos y extorsionan a pescadores artesanales, extendiendo la violencia más allá de las fronteras mexicanas.

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Jalisco es el segundo estado productor de aguacate en México. Imágenes satelitales revelan cómo la expansión de este cultivo ha generado una grave pérdida de bosque. A esto se suma que detrás de este negocio hay mafias criminales que se presentan como parte del Cártel Jalisco Nueva Generación.

Miles de pescadores en Jalisco y la costa del Pacífico mexicana están atrapados entre la pobreza y la violencia del narcotráfico. El Cártel de Jalisco Nueva Generación utiliza los mares para expandir sus negocios ilícitos. Investigamos el caso.

Más de 200 toneladas de mercurio han sido traficadas desde México hacia la Amazonía de Perú, Bolivia y Colombia para alimentar la minería ilegal. Así lo revela la Agencia de Investigación Ambiental (EIA), que además encontró que el Cártel Jalisco Nueva Generación lidera esta red criminal.

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Más del 70 % de pescadores artesanales en Puerto Bolívar, en Ecuador, paga extorsiones para salir a pescar. Quienes no pagan enfrentan amenazas, robos, desapariciones y asesinatos. Piratas y bandas como Los Lobos, ligada al cártel Jalisco Nueva Generación, controlan el narcotráfico en el puerto

 

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El Mencho es el mensaje

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Opinión de Raymundo Sánchez

Lo dijo perfecto el general secretario de la Defensa, Ricardo Trevilla, en la conferencia mañanera del pasado lunes: “Se demostró la fuerza del Estado mexicano”, en referencia al operativo del Ejército con el que se eliminó a Nemesio Rubén Oseguera, alias El Mencho, uno de los más peligrosos capos del planeta.

En efecto, la acción militar contra el líder del Cártel Jalisco Nueva Generación dejó claro que la fuerza del Estado mexicano es mucho mayor a la de cualquier grupo delictivo, con lo que se modifica la percepción sobre el poder real y efectivo de la delincuencia organizada.

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Bastaron un impecable trabajó de inteligencia entre México y Estados Unidos, y un operativo coordinado por el Gabinete de Seguridad, al mando de Omar García Harfuch, para dejar acéfalo al mayor grupo criminal de México, al que se le atribuyen más de 75 mil homicidios, la desaparición de 10 mil personas en Jalisco y un poderío económico de 20 mil millones de dólares.

Un cártel que, además, opera en 29 de las 32 entidades de México, y cuyos tentáculos se extienden a 40 países de Europa, América, Asia, África, y a las 50 entidades de Estados Unidos. Un poder mucho mayor al que en su momento tuvo el colombiano Pablo Escobar. Pero ni así le alcanzó para evadir la acción del gobierno mexicano el pasado domingo.

En ese sentido, el operativo ejecutado por la Defensa Nacional fue en sí mismo un muy poderoso mensaje para los miembros de la delincuencia organizada, que hasta el sexenio pasado se les dejó imponer su ley, controlar 70 por ciento del territorio nacional, poner y quitar gobernantes y crear un Estado paralelo, mientras Palacio Nacional les daba abrazos y a lo mucho les advertía que los acusaría con su abuelita.

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Ahora, el gobierno cambió la ecuación a los maleantes y a sus cómplices en la política: el Estado dio un primer paso para recuperar el monopolio del uso de la fuerza y los territorios que les cedieron en el sexenio pasado. Y lo hace con calibres de uso exclusivo del Ejército.

También les hizo entender que la primera mujer presidentA no repetirá la historia del culiacanazo, cuando el 17 de octubre de 2019 el entonces presidente López ordenó liberar a Ovidio Guzmán, hijo de El Chapo Guzmán, inmediatamente después de que fuerzas federales lo habían aprehendido en Culiacán.

Pero, sobre todo,

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el operativo para eliminar a El Mencho mostró al mundo que el Estado mexicano y sus Fuerzas Armadas sí tienen la capacidad de combatir con éxito a los grupos delictivos

, del tamaño que sean, sin la intervención operativa de agentes estadounidenses. Y que, si sus antecesores en el gobierno no lo hicieron, evidentemente fue porque no quisieron. ***

EN EL VISOR:

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Toda la cuatroté respaldó y felicitó a la presidentA Sheinbaum y a las Fuerzas Armadas por el operativo en el que resultó abatido el capo

Nemesio Rubén Oseguera.

No así el fundador del movimiento, cuyo silencio dice más que mil palabras.

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POR RAYMUNDO SÁNCHEZ PATLÁN COLABORADOR RAYMUNDO@HERALDODEMEXICO.COM @R_SANCHEZP

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Ruido de fondo: El mito del narco “benefactor”

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Opinión de Alejandro Piña

Hace unos días, la responsable de comunicación social de Morena en el Congreso de la Ciudad de México dijo algo que debería prender todas las alertas: es difícil acabar con el crimen organizado porque “el narcotráfico es uno de los mayores empleadores” del país. El deslinde presidencial fue inmediato. Y tenía que serlo, porque esa frase, aunque sea un “desliz”, deja al descubierto una idea peligrosa: que el crimen es necesario.

Ese mito circula desde hace años: “sí, hacen daño, pero dan trabajo”; “ponen orden”; “ayudan donde el gobierno no llega”. Y no es casual, el sociólogo Diego Gambetta mostró que las organizaciones mafiosas no sobreviven sólo por la fuerza y la violencia, también se presentan como proveedoras de protección en contextos de ausencia estatal.El mito prospera ahí: en el abandono, la pobreza y la falta de oportunidades. Pero entender por qué surge no significa aceptarlo. De hecho, aceptarlo es el primer paso para resignarse.

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El crimen organizado no “da empleo” como quien abre una fábrica o un negocio. Lo que hace es reclutar: jóvenes que no ven salida, personas atrapadas por necesidad, familias amenazadas, comunidades asfixiadas. Cuando alguien entra a ese mundo, rara vez entra por vocación. Entra porque lo empujan, por la falta de oportunidades o por el miedo. Y cuando el “trabajo” viene con un arma, una amenaza o una deuda, eso no es trabajo: es coerción.

Las y los menores reclutados por la delincuencia organizada enfrentan un riesgo extremo de no llegar a la adultez. Estimaciones basadas en testimonios y en el análisis de especialistas en seguridad y derechos humanos advierten que, tras ser incorporados a estas redes criminales, su expectativa de vida se reduce drásticamente: en muchos casos, sobreviven apenas entre uno y tres años más. Detrás de estas cifras hay historias marcadas por la marginación, pero también una responsabilidad colectiva ineludible: la de impedir que la infancia y la adolescencia sigan siendo terreno fértil para estructuras que los desechan con la misma facilidad con la que los reclutan.

Además, el cuento de que el crimen “genera economía” se cae cuando miras el otro lado de la balanza: lo que destruyen. Pregúntale a cualquier comerciante que vive bajo cobro de piso si el crimen “da orden”. El crimen no impulsa negocios: los exprime. No crea empresas: las cierra. No produce riqueza: la roba. Los costos de seguridad privada, los negocios que bajan cortinas, los emprendedores que renuncian, las rutas de transporte extorsionada. Todo esto es economía real que se rompe.

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Y está la otra parte: la vida cotidiana. El crimen te cobra por vender, por mover mercancía, por abrir, por existir. “Paga y te dejo trabajar”, esa es la lógica. No es un empleador: es un parásito que se cuelga del esfuerzo de la gente y lo convierte en tributo.

Incluso, cuando un grupo criminal “pavimenta una calle” o “financia una fiesta” no está resolviendo problemas: está comprando silencio y legitimidad. Es la misma lógica del cobro de piso, pero en versión simbólica: te doy algo para que me toleres, para que me veas como necesario, para que el Estado parezca ausente y yo parezca inevitable.

Y el daño más grave es el que no se ve en números, pero se siente en generaciones completas: niñas, niños y adolescentes en riesgo de reclutamiento. Ahí, el mito se vuelve tragedia, porque no es “empleo” lo que ofrecen: es cárcel o muerte. Es romper trayectorias escolares, destruir familias, cancelar futuros. Eso no es una salida, es una condena.

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Por eso, el problema de esa frase no es solo que sea imprudente. Es que normaliza la idea de que el crimen puede cumplir funciones sociales. Y, cuando la aceptamos, el estándar ciudadano se derrumba: dejamos de exigir seguridad, justicia y desarrollo, y nos conformamos con sobrevivir.

Desmontar este mito debería ser parte de la estrategia de seguridad. Combatir la inseguridad no termina en operativos e inteligencia, también es quitarle el relato al crimen organizado, quitarle el “prestigio”, quitarle la falsa etiqueta de “necesario”. Y, sobre todo, dar alternativas reales: empleo digno, educación, comunidad y un Estado que aparezca en serio. Porque la única “estabilidad” que ofrece el crimen es el miedo. Y México merece algo más fuerte que el miedo: merece confianza y paz.

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