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Avizoran el destino de Piña y quienes la alientan: un callejón sin salida

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Opiniones de Alejandro, Álvaro, Fabrizio y Héctor /

En un nuevo intento por frenar la Reforma al Poder Judicial, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) determinó que sí puede analizar la constitucionalidad de dicha reforma, luego de admitir la procedencia de una consulta a trámite elaborada por jueces y magistrados federales. ¿Golpe de Estado o golpe guango? ¿Rebelión de la Suprema Corte o simple pataleo? ¿Qué es lo que está haciendo el máximo Tribunal de México, cabeza del Poder Judicial de la Federación que ha sido ya reformado?

Norma Lucía Piña Hernández, ministra presidenta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) se encuentra en un callejón sin salida, pues pese a sus esfuerzos por frenar la Reforma al Poder Judicial por cualquier medio posible, sin importar que no sea legal, parece estar encaminada a una derrota irreversible, coincidieron Alejandro Páez, Álvaro Delgado, Fabrizio Mejía y Héctor Alejandro Quintanar.

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El pasado 3 de octubre, la Corte determinó que sí puede analizar la constitucionalidad de la Reforma Judicial, luego de admitir la procedencia de una consulta a trámite elaborada por jueces y magistrados federales. No obstante, la ministra Lenia Batres aseguró que al aceptar la resolución de la consulta el máximo tribunal estaría dando un golpe de Estado.

Alejandro Páez indicó que la medida de la Corte responde a una urgencia por llamar la atención, pues el paro de los trabajadores del Poder Judicial ya no interesa a los medios.

“En el corto plazo, pues sí hay una urgencia por llamar la atención porque el paro todo pagado no llama la atención, salió de las portadas, ya no está en ningún lado, entonces hay una urgencia, una demanda por eso van a estar aplazándola y dándola porque la noticia es una nueva prórroga porque en sí mismo es gente que ha estado en el privilegio toda su vida, los jueces, y además están pagados, ni siquiera sienten en el bolsillo, sus cuentas de banco ahí están, o sea, no hay ningún problema”.

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El periodista afirmó que Norma Piña es presionada por un grupo que la ha animado a continuar con esta resistencia hasta sus últimas consecuencias. “La gente que rodea a Norma Piña, por lo que sabemos, es gente que la está presionando para que lo lleve hasta sus últimas consecuencias. Estoy viendo exactamente el mismo escenario con el que sucedió con Alejandro Moreno Cárdenas, con Marko Cortés y con Jesús Zambrano, que fue ‘vamos con todo, es moratoria constitucional, no le apruebes nada al Presidente nada y es oposición a rajatabla’”.

“Todo eso que está sucediendo en ese otro escenario con otro plazo es el último estirón de la estrategia de los grupos intelectuales y académicos, que están reuniéndose con ella y que le están alimentando esa posición”, apuntó.

Páez Varela señaló que al igual que lo hizo el PRIAN en el pasado proceso electoral, la ministra Piña ha decidido tomar un camino sin retorno en el que parece que la única salida será una amarga derrota. “Creo que ahí vuelven a equivocarse ellos porque están poniendo por encima de la Suprema Corte y por encima de Piña algo que Piña no alcanza a ver, como no lo alcanzaron a ver los líderes del PRIAN. Como en su momento lo dije con Xóchitl Gálvez, yo creo que la derrota de Norma Piña va a ser muy amarga porque se está dejando arrastrar por odios ajenos, no está siendo estratégica. Ella está siguiendo la ruta del PRIAN, la misma ruta del PRIAN, eso tiene consecuencias”.

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En tanto, Fabrizio Mejía señaló que habría que preguntarles a los ministros que votaron a favor de revisar la constitucionalidad de la reforma qué esperan hacer con una decisión de ese tipo, pues la Ley establece que no tienen facultad de revisar una reforma constitucional. “Lo que deciden es que ellos tienen facultad de revisar una reforma constitucional, es decir, lo que están diciendo es ‘a lo mejor no es constitucional una reforma constitucional’ y eso tiene implicaciones graves para el resto de las reformas”.

Mejía señaló que esta determinación demuestra que la ministra Piña y la Suprema Corte de Justicia de la Nación piensan que están por encima del Congreso y de lo que dicta la gran mayoría. “Si ellos van a revisar cada vez que las dos terceras partes del Congreso aprueben una nueva reforma, eso quiere decir que están por encima del Congreso y por encima de la voluntad popular”.

Fabrizio Mejía dijo que parecería que la Corte trata de provocar al Gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum para que actúe contra ellos y de esta manera pueda recurrir a instancias internacionales.

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“Políticamente se han enredado y ya no sabemos bien que están tratando de provocar. En una primera instancia lo que pareciera que está tratando de provocar la Suprema Corte es que la Cámara de Diputados diga ‘juicio político a los a los magistrados’ y entonces ellos ir a la Interamericana de Derechos Humanos, que los está apoyando, y decir hay un golpe de Estado en México, borraron a la Suprema Corte”.

Por su parte, Héctor Alejandro Quintanar mencionó que en México no existe un organismo que vigile el accionar de la Suprema Corte, situación que ha provocado que los ministros actúen con arrogancia.

“¿Quién vigila al vigilante? Es ahí donde tenemos el grave problema porque pues cuando nos encontramos en una situación como la actual donde el Poder Judicial trata de erigirse como el gran vigilante ¿Y quién los vigila a ellos en este momento? ¿Quién puede definir que si toman una decisión equivocada hay que tener herramientas institucionales para que no proceda lo que el Poder Judicial plantea?”.

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El académico señaló que la división de poderes es algo muy valioso y es parte de las democracias contemporáneas. Recordó que esta surgió como una oposición al absolutismo, al despotismo donde el soberano, en este caso monárquico, hacía y deshacía a su antojo.

“Lo que estamos viendo en México no es eso, lo que estamos viendo en México es una división de poderes donde pareciera que el dique no es a decisiones absolutistas, tiránicas o mal hechas, si no es un dique a un proyecto ideológico que no gusta, una serie de valores que son parte de la democracia, que no les gusta a esta otra parte que creen tener la única visión posible de la democracia”.

Por ende, Héctor Alejandro Quintanar aseguró que actualmente hay una concepción equivocada de lo que es la división de poderes en México pues se tiene la idea de que tiene la finalidad de oponerse a lo que diga el otro sin revisar el contenido de esa confrontación.

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“Me parece más bien una actitud muy adolescente de este narcisismo adolescente de ‘yo me opongo los adultos porque son adultos, aunque lo que me digan sea algo sustentado o que incluso me beneficia o que incluso está dentro de una lógica saludable’, no, por ser adulto, me opongo. Entonces me parece que este es el entrampado que hoy tenemos, no sabemos con cuánto margen de maniobra cuenten, aunque con el que tienen ahora con 8 votos de estos ministros fue suficiente para ponerle una traba, no sabemos todavía de qué tamaño, a una decisión de reforma constitucional de todo un poder que a su vez viene respaldado por una elección histórica”.

Álvaro Delgado destacó en su participación que, a pesar de la oposición de la Corte a la Reforma al Poder Judicial, en gran parte de la población se ha despertado un interés por saber del tema, situación que ha generado un debate.

“Dentro de lo agrio que representa esta conducta tan peculiar de la Suprema Corte de Justicia y de su presidenta Norma Piña, hay algo que me parece que es muy positivo, se está hablando como nunca de la Suprema Corte, se está hablando como nunca de la Constitución, se está hablando como nunca en México de la división de poderes, se está hablando como nunca en México de qué es lo que le corresponde a tal o cual poder, eso se habla, se debate, se discute en todos los tonos, en todos los espacios y en todos los ámbitos y eso solamente tiene un nombre: se llama democracia”.

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Y ahondó: “Cuando hay una deliberación tan intensa, ya no solo sobre el Ejecutivo, ni el Legislativo, sino el Poder Judicial, yo pienso que también ejemplifica el avance que como sociedad tenemos en términos democráticos. Hasta el hecho mismo de que aprendamos todos términos jurídicos. Hasta hace, no mucho a la mayoría de la gente le daba igual si hay ministros, magistrados y jueces, hoy no”.

Finalmente, Delgado indicó que a pesar de todos los intentos de la ministra Norma Piña y la SCJN por detener la Reforma al Poder Judicial, la realidad es que no cuentan con ninguna facultad para poder frenarla.

“Hoy hay una conciencia muy clara de que hay esos niveles como también cada vez más gente entiende la jerarquía de las leyes en México que hay una Constitución General que es ley suprema y hay leyes que derivan de esa Constitución. Para reformar la Constitución se establece cuáles son los pasos a seguir y también en la Constitución se establece, y ese es el tema que ahorita está en curso qué puede hacer al respecto la Corte y la Suprema Corte no tiene ninguna facultad en la Constitución para impedir, frenar, modificar o revertir una reforma o cambiar la Constitución”.

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Morena no es México, no se engañen

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Opinión de Jorge Romero Herrera

El pasado fin de semana, fuimos testigos de dos eventos que mostraron fielmente lo que ya había descrito en pasadas colaboraciones: en México no estamos hablando ya únicamente de una diferencia partidista. Estamos hablando de dos visiones completamente distintas de país.

Por un lado, un oficialismo desesperado encabezado por la propia presidenta de la República que defiende, protege y blinda a sus personajes acusados de involucrarse con bandas de criminales -a costa de poner en riesgo al país-, y del otro lado, quienes siguen creyendo en la libertad, en la legalidad y en la necesidad de construir un México donde el Estado no se arrodille frente al crimen organizado y el combatirlo no genere la persecución política y el descrédito.

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Lo vivido este sábado en Chihuahua nos llena de orgullo y de esperanza. Fue una demostración contundente de que no podemos rendirnos. Se sintió en el ambiente. Se vibró en cada mensaje. Se reflejó en la presencia de miles de chihuahuenses que salieron a defender a una gobernadora que no se ha escondido ni un instante y que ha enfrentado cada ataque con determinación y carácter. Chihuahua habló fuerte y claro. No fue una movilización impulsada por el miedo. Fue una movilización impulsada por la convicción de que cuando se comete una injusticia, la ciudadanía tiene el derecho y la obligación de levantar la voz.

En Acción Nacional estamos con Maru. Lo estamos porque creemos en ella, porque conocemos su trayectoria, porque sabemos de los resultados que ha entregado a las familias chihuahuenses y porque reconocemos, como millones de mexicanas y mexicanos, que lo que hoy enfrenta tiene todos los elementos de una persecución política. Ella tiene el respaldo de su estado, de su partido y de millones de mexicanas y mexicanos en todo el país que observan con preocupación cómo las instituciones del Estado comienzan a utilizarse con criterios políticos y no jurídicos porque ese es el fondo del problema.

Mientras una gobernadora de oposición es sometida a una presión permanente por haber enfrentado al crimen organizado y por haber cumplido con su deber, vemos cómo personajes cercanos al oficialismo reciben protección, silencio o explicaciones que buscan justificar lo injustificable, por eso resulta tan revelador lo ocurrido con el intento de juicio político promovido contra Maru Campos.

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Hicieron anuncios, convocaron conferencias, generaron titulares y pretendieron construir una narrativa de culpabilidad anticipada. Sin embargo, cuando llegó el momento de sostener jurídicamente sus acusaciones, ni siquiera fueron capaces de ratificar la solicitud dentro del plazo legal establecido.

La propia presidenta de la Cámara de Diputados, la diputada Kenia López Rabadán, confirmó que el plazo venció y que los promoventes no acudieron a ratificar su petición. Así terminó un episodio que demuestra que muchas veces el objetivo no es encontrar justicia, sino fabricar escándalos, crear cortinas de humo.

Por eso, a lo largo del encuentro, una consigna fue cobrando fuerza hasta convertirse en la voz de miles de personas: Yo con Maru. No es solamente un lema. Es una definición. Es una manera de decir que estamos del lado de quien enfrenta al crimen y no del lado de quien lo tolera y hay una imagen que retrata perfectamente el momento que vive el país. Por eso miles de panistas en todo México nos hemos puesto con orgullo la camiseta de “Yo con Maru”. Lo hicimos en Chihuahua. Lo hicieron nuestras senadoras y senadores. Lo han hecho dirigentes, legisladores y ciudadanos. En contraste, no hemos visto a un solo morenista ponerse una camiseta que diga “Yo con Rocha”. Ni uno solo, esa diferencia no es casualidad. Cuando hay convicción. Cuando existe certeza moral. Por eso unos salen a defender con orgullo y otros prefieren guardar silencio, por eso unos dan la cara y otros se esconden detrás de comunicados. Preocupa que, frente a los escándalos que involucran a figuras relevantes de Morena en distintos puntos del país, la respuesta del gobierno siga siendo la misma: envolver cualquier cuestionamiento legítimo en una narrativa de confrontación entre patriotas y “traidores” que solo existen en su imaginario. En lugar de aclarar dudas, investigar responsabilidades o rendir cuentas, se recurre al discurso de la soberanía, la defensa de la patria y la transformación como un escudo político para descalificar a quienes exigen explicaciones. Que les quede muy claro: nadie está en contra de México ni del amor a nuestra patria. Nadie está atacando a México. Morena no es México. Es preocupante utilizar esos sentimientos compartidos por millones de mexicanas y mexicanos para desviar la atención de problemas concretos. La defensa de la soberanía nacional no puede convertirse en una excusa para evitar la rendición de cuentas, ni el respaldo popular puede sustituir la obligación constitucional de transparentar decisiones y esclarecer conductas indebidas de servidores públicos o dirigentes partidistas. No vamos a aceptar que se persiga a quienes combaten al crimen mientras se protege a quienes están rodeados de cuestionamientos. No podemos aceptar que existan gobernadores de primera y gobernadores de segunda dependiendo del color de su partido. En Acción Nacional no tenemos dudas sobre de qué lado estamos. Frente a los intentos de intimidación y al uso faccioso de las instituciones, estaremos junto a Maru Campos porque sabemos que esta causa trasciende a una persona o a un gobierno. Lo que está en juego es algo mucho más importante: el derecho de millones de mexicanas y mexicanos a vivir en un país donde la ley se apliquen con imparcialidad y donde pensar distinto no sea motivo de persecución. Por eso, desde Chihuahua se envía hoy un mensaje que debe escucharse en todo México: no van a dividirnos, no van a doblegarnos y no van a lograr que guardemos silencio frente a una injusticia. Mientras desde el oficialismo el mensaje es de desesperación, impunidad y contubernio. POR JORGE ROMERO HERRERA PRESIDENTE DEL PARTIDO ACCIÓN NACIONAL

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Sheinbaum relanza al PAN

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Opinión de Juan Ignacio Zavala | El Heraldo de México |

Lo que el PAN rompió, lo pega Claudia. Jorge Romero, presidente del PAN, ha intentado de manera infructuosa poner a su partido en la órbita de la opinión pública. También ha hecho intentos de reconstruir las relaciones rotas hace mucho tiempo en ese partido con poco éxito. Ha intentado acercarse a los dos expresidentes salidos de ese partido y siempre ha tenido palabras amables para ellos, pero nada de un evento juntos. El PAN continuaba igual que antes: a la deriva y sin causas visibles.

Hasta que Claudia Sheinbaum decidió atacar de frente a la gobernadora panista Maru Campos. En efecto, la Presidenta y su partido emprendieron una ruda ofensiva en contra de la chihuahuense, que jamás se imaginó estar en medio de una polémica nacional y que su nombre destacara en todos los noticieros y redes sociales. El PAN entendió que era su oportunidad de oro y montó enseguida una defensa de su gobernadora y la arroparon desde un inicio. Campos se dedicó a dar entrevistas por doquier y a denunciar la persecución en su contra. Finalmente, la oposición panista tenía una causa propia y quien la representara.

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Se puede decir que este “relanzamiento del PAN” corrió a cargo de Claudia Sheinbaum. Fue ella la que empezó los ataques contra Campos y, más aún, insiste en mantener los señalamientos. Ya ha sido muy comentado que la intención oficial es igualar los marcadores de la denuncia estadounidense por Rocha Moya, Inzunza y demás morenistas que son reclamados por la justicia de ese país. Por eso a sus gobernantes calificados como narcos quieren equiparar a una panista acusada de traición a la patria por transgredir la ley en la cooperación con la CIA. No es poca cosa. Y en lo que deciden qué hacer con los morenistas y sus relaciones con el crimen organizado, han comenzado un proceso contra la gobernadora de Chihuahua. Con la diferencia de que todo lo que sucede con la chihuahuense lo sabe la población: la acusación, el citatorio, las fecha del citatorio, el recibimiento de éste, quiénes lo entregaron y quiénes lo recibieron. Todo. En el caso de Rocha Moya e Inzunza no sabemos nada. Ellos dijeron que fueron a la FGR, pero nadie vio nada, todo lo hacen a escondidas.

Al igual que en su informe del día de ayer, parece que la Presidenta ha escogido el combate al crimen como eje discursivo para compararse con los gobiernos pasados y marcar una diferencia con Estados Unidos. Su problema no es de discurso, sino de realidad, pues los señalados son de su partido y parece que vienen varios nombres más de esos que la Presidenta les dice “compañeros de lucha”.

El fin de semana, en Chihuahua, los panistas armaron un evento de apoyo a Maru Campos. Lo que quedó claro es que el panismo ya tiene un grito en la calle y se está organizando para dar la batalla en un campo de acción que tendrá que ver con el combate al crimen organizado. En ese evento estuvieron juntos Felipe Calderón y Vicente Fox, algo que no sucedía desde hace años. Los expresidentes panistas se mostraron felices de estar arengando a la gente nuevamente, los panistas muy contentos de tener sus líderes de nivel nacional juntos, y todo gracias a doña Claudia. Nadie sabe para quién trabaja.

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POR JUAN IGNACIO ZAVALA

@juanizavala

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Incongruencias

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Opinión de Raymundo Riva Palacio

¿Cómo funciona la mente de la presidenta Claudia Sheinbaum? Uno de sus atributos ha sido su formación de científica que utiliza el método científico para generar conocimiento, mediante el análisis de datos basados en evidencias y formular soluciones a los problemas. Sin embargo, después de dos años en el poder, puso seis metros bajo tierra a la cientificidad. Como vieron el domingo, el pragmatismo tecnocrático que mostró en el arranque de su sexenio, lo cambió por la ideología. Su sesgo incubado la sacó del clóset y redefinió su gobierno, la relación con Estados Unidos y, de seguir lo que trazó, la historia mexicana.

Sepultada la cabeza fría y finalmente expuesta su sangre caliente, la presidenta, tardó menos de 24 horas en mostrar la incongruencia intelectual del momento cúspide de su discurso para conmemorar su triunfo electoral hace dos años, la denuncia del intervencionismo de Estados Unidos en la política interna de México y en las elecciones intermedias del próximo año. Lo hizo hablando ayer de Colombia, al sumarse a la posición del presidente Gustavo Petro, y señalar posible fraude en las elecciones presidenciales en ese país. ¿Por qué tenía que meterse?

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No hay ninguna diferencia entre lo que denunció del gobierno de Donald Trump y lo que declaró sobre las elecciones en Colombia. Fue tan injerencista como Trump, mostrando la debilidad de su argumento y la forma sesgada y maniquea cómo ve la intromisión en los asuntos internos de otros países: si es para apoyar a gobiernos con quienes tiene identificación ideológica y política, o cuestionar a gobiernos que piensan diferente al suyo, no hay intervencionismo. Todo lo demás, sí. Su mente funciona con parcialidad de variables, donde excluye todas aquellas que son relevantes, pero no se ajustan a su pensamiento.

Esta contradicción es lo que funcionarios estadounidenses califican como una hipocresía. Ella, quizás, ni siquiera lo puede ver. En Barcelona, donde acudió a un encuentro de líderes convocados por el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, se tomó una fotografía con un letrero donde pedía “justicia” para Cristina Fernández, la expresidenta argentina que está en prisión domiciliaria por un fraude de más de 500 millones de dólares. Sheinbaum ignoró, o no cree, que Fernández fue estuvo involucrada en un escandaloso caso de corrupción institucional y que pasó por la justicia argentina.

No ha cuidado tampoco su inclinación y pleno respaldo por el expresidente de Perú, Pedro Castillo -incluso recibió en Palacio Nacional a su abogado-, que fue condenado a 15 años de prisión por el delito de conspiración para una rebelión, tras un fallido autogolpe en 2022. La presidenta ha dicho que es una “injusticia” porque fue él quien cayó por un golpe de Estado y es víctima de persecución política. La justicia peruana tiene otros datos.

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Con Ecuador mantiene un diferendo heredado por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que le dio asilo al exvicepresidente Jorge Glas en 2023, pese a haber sido condenado por corrupción y estar sujeto a proceso por otros delitos. En reacción a ello, el presidente Daniel Noboa autorizó el asalto a la Embajada de México en Quito, violando tratados internacionales. Sheinbaum no ha resuelto el conflicto diplomático, y ha asegurado que no restablecerá las relaciones mientras Noboa siga siendo presidente.

Sheinbaum ha sido declarada persona non-grata en esos países, una categoría que solo comparte con dos expresidentes mexicanos, Vicente Fox y Felipe Calderón, que recibieron el mismo tratamiento por el expresidente de Venezuela, Nicolás Maduro, por criticar el estado de la democracia en ese país. La presidenta, por el contrario, buscó coordinar acciones latinoamericanas para defender a Maduro cuando Estados Unidos intervino Venezuela para extraerlo y llevarlo ante los tribunales en Brooklyn, acusado de narcotráfico.

La presidenta, como antes lo hizo López Obrador, nunca se pronunció contra la falta de libertades en Cuba, Nicaragua y la Venezuela chavista, cuyos regímenes dictatoriales apoyó sin matices. Ella es parte de un movimiento que lleva ocho años en Palacio Nacional, que abiertamente intervino en las elecciones en Estados Unidos, cuando López Obrador pidió votar contra los republicanos, enviando recursos disfrazados de presupuesto para los consulados para hacer activismo político.

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En su decantamiento por Petro e intervencionismo en los asuntos internos de Colombia, la presidenta dijo que previamente a las elecciones de este domingo había habido una ofensiva mediática y campañas de desinformación impulsadas por una red internacional, que fue una de sus denuncias el domingo, como parte de una conspiración de la ultraderecha internacional y de Estados Unidos.

Pero no impidió, sino al contrario, permitió que su coordinador de asesores, Jesús Ramírez Cuevas, el jefe de la propaganda obradorista e ideólogo de la polarización, financiara un canal dirigido por el español Pablo Iglesias -que es asesor de Sheinbaum-, por donde entró la maquinaria de propaganda del Kremlin, que se ha documentado generó por años campañas de desinformación a través de noticias falsas para incidir en procesos electorales en Estados Unidos y provocar desestabilización.

La posición binaria de Sheinbaum sobre el injerencismo y el intervencionismo es muy propio de la cultura del obradorismo, al igual que la discrecionalidad con la que aplican la Doctrina Estrada, siempre a flor de boca de la presidenta, pero que se aplica acorde de sus filias y fobias ideológicas. Esta dualidad intelectual y política la quita espacios de maniobra frente a Estados Unidos y anula sus demandas de no intervencionismo. Para poder mantener esa posición con eficacia, requiere de tener una autoridad política y diplomática, además de moral. Si no la tiene, ¿cómo puede esperar que la tomen en serio cuando aplica en otros lo que no quiere que le hagan a ella?

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Funcionar bajo un pensamiento con parcialidad de variables, lleva en política a diagnósticos equivocados y conclusiones fallidas. Le ha quitado coherencia diplomática a su discurso -perdiendo autoridad en el mundo, cuando alguna vez fue respetado por la consistencia de sus principios-, y potencia argumentativa. La presidenta sigue perdiendo credibilidad y no lo ve de esa manera, lo que explica su posición intervencionista en Colombia.

No puede esgrimir neutralidad y tener la fuerza para denunciar el intervencionismo de Washington, porque su palabra ha perdido credibilidad frente a Estados Unidos. Al perder consistencia con su doble rasero de la autodeterminación, quedó expuesta por la mezcla de soberanía con protección política de criminales que hizo en su discurso, en momento donde su endurecimiento también existe del otro lado del Río Bravo.

rrivapalacio2024@gmail.com

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