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“Disfruta la vida, que un día se te acaba, bato”: El Narco

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Opinión de Juan Pablo Becerra-Acosta M |El Universal |

Reviso cuentas criminales en redes sociales, especialmente en TikTok e Instagram, y me queda claro que la guerra contra el crimen organizado ya se perdió ahí. Y se perdió de fea manera. Desgraciadamente, son un éxito los perfiles para reclutar a mujeres y hombres jóvenes (sí, hay mujeres que se enrolan). La policía cibernética detecta y elimina cinco cuentas y brotan diez más en rincones no tan ocultos.

Es, la del ciberespacio, una hidra criminal imbatible.

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Los militares piden a las empresas que censuren nombres y siglas y los cibernarcos usan emojis y hashtags incontrolables: por ejemplo, una carita con sombrero y un gallo para hablar del señor de los gallos, es decir, Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, y la etiqueta #4Letras para aludir al CJNG.

Pero lo más preocupante no son las habilidades probadas de las y los community managers del crimen organizado, sino las cientos y cientos de personas que quieren ingresar las filas del crimen organizado en cada uno de esos perfiles delictivos, y que, al sumarlas, forman una masa de miles de jóvenes que cada semana piden información para servir al narco y la santa muerte.

Es durísima esa realidad, descorazonadora en tantos sentidos, pero no debemos voltear hacia el otro lado. A la violencia hay que verla de frente para entenderla y desactivarla. No debemos en ningún momento ignorarla o evadirla porque, si caemos una vez más en estado de negación colectiva, la seguiremos normalizando.

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El tejido social roto no se puede remendar si nos negamos a observar las rasgaduras y nos negamos a tejer de nuevo probando nuevas formas de hilar.

Empantanados en la evasión como sociedad, no habrá posibilidad alguna de concluir un análisis profundo y transversal que nos permita diseñar posibles soluciones no sólo para rescatar a esos jóvenes mexicanos, sino para impedir que más adolescentes terminen atrapados en ese inframundo de espejismos, que lamentablemente también es un espacio cotidiano de lo tangible, una opción de vida que ciertamente les da de inmediato mucho dinero a esas chicas y chicos, pero que al final conduce, hay que repetírselos hasta la saciedad, a uno de tres caminos: la cárcel, la muerte o la desaparición. O a los tres, uno tras otro.

El mensaje de seducción criminal es inoculado con gran precisión porque es simple, rotundo, y penetra con gran facilidad en mentes desesperadas por la inmediatez, ávidas de una recompensa súbita en un mundo de carencias lacerantes y desigualdades infames:

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“Ven, disfruta la vida hoy, que un día se te acaba y te quedaste miserable y jodido, bato: Atentamente, El Narco”.

Un post en TikTok, en una de esas cuentas criminales (transcribo, sin enmendar, la forma espantosa que tienen de teclear):

“Que esperas pa unirte a las filas de la familia Pide info mijo Ayuda a tu familia, únete a las 4 letras”.

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Otro:

“Somos gente de don mencho Ay jale Alv”.

A este último lo acompaña una canción cuya letra espantosa dice verdades: “Somos sanguinarios/ somos gente de don Mencho /Me gustó la feria/ desde pobre me hice rico”.

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Uno de los posteos que me dio pesar es el de una joven muy guapa pero con la mirada apagada, como de esclava, bien bélica ella, cantándole un corrido al líder del CJNG. ¿Cuántos comentarios tiene? Más de mil, muchos de ellos de otros grupos: de la Mayiza (Mayo Zambada), de la pulserizza del Cártel de Sinaloa y hasta del Tren de Aragua.

Uno más, muy triste, es de un jovencito de aspecto humilde pero ya disfrazado con cadenotas, ropa de marca, gorra narca, un chaval que canta que le gusta matar con sus cuernos de chivo, apostar en los palenques y beber un chingo (saca un fajo de billetes de su pantalón), y claro, manejar coches deportivos. Más de 400 comentarios, muchos de ellos burlándose de la pinta narca porque en la bolsa trasera del pantalón trae… un cepillo de dientes; vaya, nada que le sirva en un combate real, salvo que fuera John Wick, pero el asunto trágico es lo aspiracional.

“Busco gente que quiera entrarle a la empresa de las 4 letras. Mayores de edad, hombres y mujeres, buen sueldo, adiestramiento, comida, hospedaje, informes al privado”, dice un post que tienta a través de una canción que tienta con armas de alto poder.

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En los comentarios, siempre lo mismo, jóvenes y más jóvenes -de ambos sexos- preguntando por salarios y condiciones de trabajo. Algunos, con ingenuidad, preguntan si al final no los van a matar o desaparecer, y los empleados de los capos canalizan a la chaviza tentándola con al menos ocho mil pesos a la semana, nomás para empezar. $32 mil varos al mes. Que beca ni qué beca.

“se recluta gente parra la empresa 4 letras, inmbox (gente seria, curiosos no) no te pierdas las recompensas en efectivo (847 comentarios, 3,148 likes, 254 compartidos)”.

-Información

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-Al privado men

-info

-Al priv bro

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-información carnal

-Al privado

Los más puestos:

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-Traigo 15 compas que quieren

Los más chicos:

-Soy heroico en free fire (videojuego) y en pb g (otro videojuego de batallas) mato a todos, puedo entrar?

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Los más amolados:

-como le ago para entrar

-yo jalo tengo ami madre y ami papá quiero sacarlos de la pobreza

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-ala orden cansado de la pobresa

Debajo de este solicitante alguien pregunta: -Seguirá vivo este wey?

Lo mismo me preguntaba yo.

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Las más temerarias:

– ¿De casualidad saben si aceptan mujeres?? Aa y piden prepa?

Los más lúcidos de lo que se les viene encima: -me dan seguro que me encontrará mi familia o ne?

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Lo más desesperados:

-puede entrar mi primito de 8 años

Los más peligrosos:

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-reclutan ex kaibil soy de Guatemala

-soy ex militar

Me interesa. Quiero entrarle. Jalo. Aguascalientes. Monterrey. Arre. Jalisco. CDMX. Tlaxcala. Cuernavaca. Yo mero. Va. Yo quiero. Fierro. Voy. Cámara.

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Un post:

“Dios bendiga el dia que me contacte con los 4 letras y me empecé a embilletar”.

Más, a la búsqueda de la traición:

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“reclutamos gente que no tenga miedo, ex trabajadores de las fuerzas armadas y activos”.

“arriba la empresa que da pa gastar quién se anima a entrarle 4letras”

“Siempre soñaste con comprarte las cosas que nunca tuviste, esta es tu oportunidad se recluta gente con huevos y solo mayor de edad ay cobija para todos y todas”.

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“Anímense razita a entrarle ala NG 4 letras Ya saben de atrás del miedo no hay Dinero así que ánimo quien quiera jale hombres y mujeres mandar mensaje”.

Hombre con tatuajes de la santa muerte armada hasta los dientes, hombres con Ferrari, hombres con motos, hombres con trocas y armas largas, hombres con dinero, hombres en aviones, hombres con mujeres. Info. Info. Info. Mordieron el anzuelo. Ahí va la plebada por cientos y miles a perderse para siempre.

En otro post con video, para que la raza vea que esto va en serio, unos vatos salen piloteando un dron. En unos segundos, el operador del control remoto con pantalla deja caer una bomba sobre un lugar de la sierra. Se ve clarito en la pantalla: el proyectil explota al golpear el terreno donde había personas en cuatrimotos. Se entiende que era gente de un cártel enemigo. Ríen los atacantes. “Libres de lacras”, festejan. Más de cien comentarios, la mayoría festejando la agresión. Algunos los denuncian arrobando ahí a la Secretaría de la Defensa Nacional, pero los más se identifican con el acto de guerra. Un chaval ofrece hacerles un corrido si le dan buena lana y esta guerra ya se perdió: la sociedad (en este caso la narco-sociedad), como suele suceder, rebasa al Estado.

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Hoy no sé cómo acabar esta columna desesperanzadora, no tengo ni la menor idea de qué podemos hacer para terminar con esta cultura machista del narco que es un moho incontrolable, una plaga que ha carcomido ya buena parte del entramado social de pueblos y barrios en tantos municipios del país.

¿Usted sí sabe qué podemos hacer?

AL FONDO

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Hace casi un mes, el domingo 20 de abril, el estimado académico Sergio Aguayo me mandó un informe sobre todo esto que redacté en esta columna. Se lee al principio del documento:

“El Seminario sobre Violencia y Paz de El Colegio de México lanza un estudio que revela cómo las redes sociales, particularmente TikTok, están siendo utilizadas por organizaciones criminales para reclutar jóvenes. El Seminario sobre Violencia y Paz, fundado por el académico Sergio Aguayo, presenta los hallazgos preliminares de una investigación que documenta más de un centenar de cuentas activas en TikTok vinculadas con actividades de reclutamiento criminal, propaganda delictiva, venta de armas y trata de personas.

“Este estudio —realizado por el Laboratorio de Odio y Concordia en colaboración El Civic A.I. Lab de la Universidad de Northeastern— expone el modo en que grupos como el Cártel Jalisco Nueva Generación y el Cártel de Sinaloa usan emojis, hashtags, música, audios virales y contenido visual para atraer a jóvenes a sus filas.

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“TikTok no es solo entretenimiento. Es también un espacio donde el crimen organizado está construyendo identidad, comunidad y promesas de pertenencia”, señala el documento.

“Este trabajo se enmarca en los esfuerzos del Laboratorio de Odio y Concordia, una iniciativa del Seminario para analizar fenómenos contemporáneos de violencia, polarización y cultura criminal desde un enfoque interdisciplinario.

“Las redes sociales se han convertido en terreno fértil para las organizaciones criminales que, en un contexto de mayor violencia y competitividad —tanto entre grupos delictivos como en contra del Estado—, han buscado aproximarse a las juventudes para incorporarlas a sus filas. TikTok, al ser una red social con menor moderación de los contenidos respecto a otras plataformas digitales, ha facilitado que el crimen organizado utilice ese espacio digital para construir nuevas identidades que se hacen presentes a través de imágenes, emojis, hashtags y canciones compartidas. De esta manera, el crimen organizado logra permear hacia las juventudes mexicanas, con las promesas de pertenecer a un grupo en donde serán aceptados y donde podrán recibir mejores oportunidades para su desarrollo futuro”.

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Pues eso. Entonces, por culpa de Sergio, en mis ratos libres (madrugadas y fines de semana) me fui a ciber-reportear casi un mes para observar yo mismo el infierno y hallé lo que describí acá arriba.

Eso y mucho más.

Todo, terrible.

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Tenemos que hacer muchas cosas para rescatar a esos jóvenes, pero, sobre todo, para impedir que miles más caigan en ese abismo.

jp.becerra.acosta.m@gmail.com

Twitter: @jpbecerraacosta

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Más allá del narcotráfico

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El devastador impacto ambiental del Cártel de Jalisco Nueva Generación en América Latina

La violencia en México se intensificó tras un operativo militar en el sur del estado de Jalisco que terminó con la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG). En represalia, el cártel desató una ola de ataques y bloqueos en varios puntos del país que ya dejan más de 60 personas muertas.

El Cártel de Jalisco Nueva Generación es considerado uno de los grupos criminales más poderosos y violentos de México. Mantenía una extensa red dedicada al tráfico de fentanilo, metanfetamina y cocaína hacia Estados Unidos. Su expansión también ha tenido graves consecuencias ambientales y sociales. Investigaciones periodísticas de Mongabay Latam documentan cómo miles de pescadores en Jalisco y la costa del Pacífico viven atrapados entre la pobreza, la extorsión y la violencia, mientras el cártel utiliza los mares para el narcotráfico.

En tierra, la expansión del aguacate ha provocado una alarmante pérdida de bosques, en un negocio infiltrado por mafias ligadas al CJNG. Además, más de 200 toneladas de mercurio han sido traficadas desde México hacia la Amazonía de Perú, Bolivia y Colombia para alimentar la minería ilegal. En Ecuador, bandas de piratas asociadas al cártel mexicano controlan puertos y extorsionan a pescadores artesanales, extendiendo la violencia más allá de las fronteras mexicanas.

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Jalisco es el segundo estado productor de aguacate en México. Imágenes satelitales revelan cómo la expansión de este cultivo ha generado una grave pérdida de bosque. A esto se suma que detrás de este negocio hay mafias criminales que se presentan como parte del Cártel Jalisco Nueva Generación.

Miles de pescadores en Jalisco y la costa del Pacífico mexicana están atrapados entre la pobreza y la violencia del narcotráfico. El Cártel de Jalisco Nueva Generación utiliza los mares para expandir sus negocios ilícitos. Investigamos el caso.

Más de 200 toneladas de mercurio han sido traficadas desde México hacia la Amazonía de Perú, Bolivia y Colombia para alimentar la minería ilegal. Así lo revela la Agencia de Investigación Ambiental (EIA), que además encontró que el Cártel Jalisco Nueva Generación lidera esta red criminal.

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Más del 70 % de pescadores artesanales en Puerto Bolívar, en Ecuador, paga extorsiones para salir a pescar. Quienes no pagan enfrentan amenazas, robos, desapariciones y asesinatos. Piratas y bandas como Los Lobos, ligada al cártel Jalisco Nueva Generación, controlan el narcotráfico en el puerto

 

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El Mencho es el mensaje

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Opinión de Raymundo Sánchez

Lo dijo perfecto el general secretario de la Defensa, Ricardo Trevilla, en la conferencia mañanera del pasado lunes: “Se demostró la fuerza del Estado mexicano”, en referencia al operativo del Ejército con el que se eliminó a Nemesio Rubén Oseguera, alias El Mencho, uno de los más peligrosos capos del planeta.

En efecto, la acción militar contra el líder del Cártel Jalisco Nueva Generación dejó claro que la fuerza del Estado mexicano es mucho mayor a la de cualquier grupo delictivo, con lo que se modifica la percepción sobre el poder real y efectivo de la delincuencia organizada.

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Bastaron un impecable trabajó de inteligencia entre México y Estados Unidos, y un operativo coordinado por el Gabinete de Seguridad, al mando de Omar García Harfuch, para dejar acéfalo al mayor grupo criminal de México, al que se le atribuyen más de 75 mil homicidios, la desaparición de 10 mil personas en Jalisco y un poderío económico de 20 mil millones de dólares.

Un cártel que, además, opera en 29 de las 32 entidades de México, y cuyos tentáculos se extienden a 40 países de Europa, América, Asia, África, y a las 50 entidades de Estados Unidos. Un poder mucho mayor al que en su momento tuvo el colombiano Pablo Escobar. Pero ni así le alcanzó para evadir la acción del gobierno mexicano el pasado domingo.

En ese sentido, el operativo ejecutado por la Defensa Nacional fue en sí mismo un muy poderoso mensaje para los miembros de la delincuencia organizada, que hasta el sexenio pasado se les dejó imponer su ley, controlar 70 por ciento del territorio nacional, poner y quitar gobernantes y crear un Estado paralelo, mientras Palacio Nacional les daba abrazos y a lo mucho les advertía que los acusaría con su abuelita.

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Ahora, el gobierno cambió la ecuación a los maleantes y a sus cómplices en la política: el Estado dio un primer paso para recuperar el monopolio del uso de la fuerza y los territorios que les cedieron en el sexenio pasado. Y lo hace con calibres de uso exclusivo del Ejército.

También les hizo entender que la primera mujer presidentA no repetirá la historia del culiacanazo, cuando el 17 de octubre de 2019 el entonces presidente López ordenó liberar a Ovidio Guzmán, hijo de El Chapo Guzmán, inmediatamente después de que fuerzas federales lo habían aprehendido en Culiacán.

Pero, sobre todo,

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el operativo para eliminar a El Mencho mostró al mundo que el Estado mexicano y sus Fuerzas Armadas sí tienen la capacidad de combatir con éxito a los grupos delictivos

, del tamaño que sean, sin la intervención operativa de agentes estadounidenses. Y que, si sus antecesores en el gobierno no lo hicieron, evidentemente fue porque no quisieron. ***

EN EL VISOR:

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Toda la cuatroté respaldó y felicitó a la presidentA Sheinbaum y a las Fuerzas Armadas por el operativo en el que resultó abatido el capo

Nemesio Rubén Oseguera.

No así el fundador del movimiento, cuyo silencio dice más que mil palabras.

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POR RAYMUNDO SÁNCHEZ PATLÁN COLABORADOR RAYMUNDO@HERALDODEMEXICO.COM @R_SANCHEZP

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Ruido de fondo: El mito del narco “benefactor”

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Opinión de Alejandro Piña

Hace unos días, la responsable de comunicación social de Morena en el Congreso de la Ciudad de México dijo algo que debería prender todas las alertas: es difícil acabar con el crimen organizado porque “el narcotráfico es uno de los mayores empleadores” del país. El deslinde presidencial fue inmediato. Y tenía que serlo, porque esa frase, aunque sea un “desliz”, deja al descubierto una idea peligrosa: que el crimen es necesario.

Ese mito circula desde hace años: “sí, hacen daño, pero dan trabajo”; “ponen orden”; “ayudan donde el gobierno no llega”. Y no es casual, el sociólogo Diego Gambetta mostró que las organizaciones mafiosas no sobreviven sólo por la fuerza y la violencia, también se presentan como proveedoras de protección en contextos de ausencia estatal.El mito prospera ahí: en el abandono, la pobreza y la falta de oportunidades. Pero entender por qué surge no significa aceptarlo. De hecho, aceptarlo es el primer paso para resignarse.

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El crimen organizado no “da empleo” como quien abre una fábrica o un negocio. Lo que hace es reclutar: jóvenes que no ven salida, personas atrapadas por necesidad, familias amenazadas, comunidades asfixiadas. Cuando alguien entra a ese mundo, rara vez entra por vocación. Entra porque lo empujan, por la falta de oportunidades o por el miedo. Y cuando el “trabajo” viene con un arma, una amenaza o una deuda, eso no es trabajo: es coerción.

Las y los menores reclutados por la delincuencia organizada enfrentan un riesgo extremo de no llegar a la adultez. Estimaciones basadas en testimonios y en el análisis de especialistas en seguridad y derechos humanos advierten que, tras ser incorporados a estas redes criminales, su expectativa de vida se reduce drásticamente: en muchos casos, sobreviven apenas entre uno y tres años más. Detrás de estas cifras hay historias marcadas por la marginación, pero también una responsabilidad colectiva ineludible: la de impedir que la infancia y la adolescencia sigan siendo terreno fértil para estructuras que los desechan con la misma facilidad con la que los reclutan.

Además, el cuento de que el crimen “genera economía” se cae cuando miras el otro lado de la balanza: lo que destruyen. Pregúntale a cualquier comerciante que vive bajo cobro de piso si el crimen “da orden”. El crimen no impulsa negocios: los exprime. No crea empresas: las cierra. No produce riqueza: la roba. Los costos de seguridad privada, los negocios que bajan cortinas, los emprendedores que renuncian, las rutas de transporte extorsionada. Todo esto es economía real que se rompe.

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Y está la otra parte: la vida cotidiana. El crimen te cobra por vender, por mover mercancía, por abrir, por existir. “Paga y te dejo trabajar”, esa es la lógica. No es un empleador: es un parásito que se cuelga del esfuerzo de la gente y lo convierte en tributo.

Incluso, cuando un grupo criminal “pavimenta una calle” o “financia una fiesta” no está resolviendo problemas: está comprando silencio y legitimidad. Es la misma lógica del cobro de piso, pero en versión simbólica: te doy algo para que me toleres, para que me veas como necesario, para que el Estado parezca ausente y yo parezca inevitable.

Y el daño más grave es el que no se ve en números, pero se siente en generaciones completas: niñas, niños y adolescentes en riesgo de reclutamiento. Ahí, el mito se vuelve tragedia, porque no es “empleo” lo que ofrecen: es cárcel o muerte. Es romper trayectorias escolares, destruir familias, cancelar futuros. Eso no es una salida, es una condena.

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Por eso, el problema de esa frase no es solo que sea imprudente. Es que normaliza la idea de que el crimen puede cumplir funciones sociales. Y, cuando la aceptamos, el estándar ciudadano se derrumba: dejamos de exigir seguridad, justicia y desarrollo, y nos conformamos con sobrevivir.

Desmontar este mito debería ser parte de la estrategia de seguridad. Combatir la inseguridad no termina en operativos e inteligencia, también es quitarle el relato al crimen organizado, quitarle el “prestigio”, quitarle la falsa etiqueta de “necesario”. Y, sobre todo, dar alternativas reales: empleo digno, educación, comunidad y un Estado que aparezca en serio. Porque la única “estabilidad” que ofrece el crimen es el miedo. Y México merece algo más fuerte que el miedo: merece confianza y paz.

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