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Banjército, fiscalía CDMX, Rocío Nahle… ¡Ni a cuál irle! 

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¿Por qué AMLO y Sheinbaum siguen defendiendo a la zacatecana Nahle? ¡Si es corrupta y miente!

Baste decir que:

(Especial)

1.- La mansión que tiene en el Country de Villahermosa, Tabasco, la compró el 31 de enero de 2019, apenas dos meses después de tomar posesión como titular en la Secretaría de Energía.

2.- Declaró haber pagado sólo 2 millones de pesos en efectivo, pero esa mansión, repito, en el Country, tiene 457 metros de terreno y 314 de construcción, por lo cual evidentemente miente.

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3.- Una residencia similar ahí mismo vale más de 12 millones de pesos.

(Especial)

4.- Paga de luz 33 pesos al bimestre, sí, en su mansión. O sea, ¿Manuel Bartlett le hace un superdescuento o tiene un diablito? ¡Pues no me digan que con esos calores nunca prende el abanico!

Aquí le dejó los documentos oficiales.

La cuarta transformación tiene razón cuando dicen que no son iguales a otras administraciones, son peores: sí, mienten; sí, roban, y sí, traicionan al pueblo. En más de cinco años, Román Meyer Falcón, el arquitecto de la corrupción e hijo del historiador Lorenzo Meyer Cossío, hizo de Sedatu su mina de oro.

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Café con doble piquete

En esta historia de la gallina de los huevos de oro, Román y su hermano Lorenzo Meyer, así como su primo Alfonso Martínez Meyer, son protagonistas y responsables de obras de pesadilla que están inconclusas o abandonadas; de licitaciones sin proyectos; de contratos millonarios a modo para beneficiar a su círculo cercano, y violaciones a la ley, cuyo común denominador es siempre la corrupción.

Los hijos del ideólogo de la ‘4T’ son el claro ejemplo de que la prepotencia y la corrupción no se destruye, sólo se transforma. Los Meyer Falcón ya no pueden con el desmadre que traen en Sedatu. Si creen que esto es la punta del iceberg, apenas si hablamos de una astilla que tiene molestos a muchos constructores y empresarios.

Proyectos sin proyecto

Lo que mal empieza, mal acaba… la Sedatu no estaba preparada para ejecutar obra pública, pero igual se le dio toda la responsabilidad, de modo que los recursos para el desarrollo y construcción de proyectos se dejaron de dar directamente a los estados o municipios para entregarse en especie.

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La centralización de los recursos para el desarrollo de la infraestructura urbana jugó a favor de los Meyer, de sus amigos, arquitectos, operadores y empresas, que comenzaron a recibir contratos, a cambio de un porcentaje en efectivo y con ello los primeros millones.

“En este gobierno se licitaban proyectos sin proyecto, entonces no sabías cuánto iba a costar; se estimaba por costos paramétricos y nos pagaban lo que el secretario quería”, revelaron mis múltiples fuentes internas y externas de Sedatu.

El pastel y las rebanadas

Con tal de comerse el pastel completo, los Meyer fueron quitando a los funcionarios que no se quisieron sumar a su red de corrupción. Comenzaron cambiando al primer subsecretario, Armando Rosales; acto seguido quitaron del camino a su principal obstáculo, el arquitecto Daniel Escotto Sánchez, quien entonces estaba al frente de la Unidad de Proyectos Estratégicos para el Desarrollo Urbano, y el responsable de estructurar el equipo para la ejecución de obras, a los arquitectos y a los ingenieros dentro de Sedatu.

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Poco a poco fueron cambiando el personal responsable de las licitaciones con el fin de ocultar su modus operandi para la asignación de los contratos a las constructoras bendecidas por los Meyer. En ese puesto pasaron el ingeniero Luis Soliz, el maestro Josué Cortez y el ingeniero Tomás Candelaria, hasta quedarse acéfala esa Unidad de Proyectos, dejando el camino libre para que se asignaran los contratos a su conveniencia. No sólo con el personal de esta unidad se meten, también han quitado del camino a distintos personajes en puestos estratégicos para quedarse con el pastel completo, puestos designados por Hacienda, como Víctor Manuel Bolaños, titular de Administración y Finanzas de la Sedatu, entre otros.

Como empresa, obtener un contrato era más sencillo cuando contabas con “la bendición” de Román; de lo contrario, no ganabas, y en este pastel las rebanadas las cortaban Román, Lorenzo y su primo Alfonso, así como, ya sabemos, el arquitecto Alejandro Castro, cercano amigo de Andy López Beltrán.

Pero en esta historia también hay muchos enojados y apuñalados por la espalda. Funcionarios que fueron despedidos por no cooperar, arquitectos a los que nos les pagaron sus servicios y constructoras que fueron invitadas a hacer obra por Lorenzo y que entregaron el moche solicitado y a los que no les pagaron las obras que construyeron.

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A finales de 2020, en noviembre, Román despidió a Daniel Escotto; desde ese momento comenzaron a entrar a la Sedatu personajes que trabajaron con Lorenzo en la CRE.

Los gánsteres de la ‘4T’

Alfonso Martínez Meyer, alias Ernesto (primo de los Meyer), y su contadora Rebeca están a cargo de cobrar a los constructores los moches que solicitan. “A los que no pagan, el secretario les quita el contrato y se lo cede a otra empresa, o les dejan de pagar, por eso no podemos dejar hacer lo que nos piden” afirmó una de mis fuentes.

Toda red de corrupción opera con amigos, familiares, cómplices, aquellos que no abren la boca pero estiran la mano, como los funcionarios coludidos y el despacho externo donde se preparan las licitaciones y las propuestas ganadoras de los contratos.

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Hasta magos salieron…

Para las obras del rescate integral de río Grijalva, en Villahermosa, “desaparecieron” cientos de millones de pesos de los contratos, donde quitaron conceptos como el tablestacado, indispensable para la cimentación y delimitar el río con la tierra, además de ser un requisito de la Conagua, que los puso en la mira de la ASF.

El esquema perfecto

La trampa perfecta se centró en hacer licitaciones de obra pública a precio alzado con proyectos incompletos o inexistentes, un esquema muy poco usado en el sector de la obra pública en el que la Sedatu se especializó completamente, pudiendo así pagar muy por encima de los costos reales y pudiendo modificar los proyectos a modo para beneficiar a las constructoras o, en algunos casos, castigarlas y afectarlas.

Con la auditoría encima y un regaño del Presidente, Román “estaba muy tenso”. La siguiente cabeza que quería era la de Víctor Manuel Bolaños; “no quería perder porque, obviamente, ahí estaba el dinero”. Esto lo sabían hasta en Hacienda y, aun así, lo permitieron.

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Las mismas empresas conocían perfectamente quién era la cabeza, el hermano, el primo, el amigo, y cómo operaban porque no a todas les pedían el mismo porcentaje.

BUMA, de Marco Antonio Burgos, uno de los mejores amigos de Lorenzo, desapareció tras cobrar 95% del contrato con todo y que la obra en Nextlalpan, Edomex, tenía menos de 40% de avance. Ni el secretario ni sus funcionarios hicieron nada contra ellos.

Mientras permitían que unos quedaran mal, otros constructores tenían que salir al rescate de las obras. Al llegar a 2022 la mitad de los proyectos de 2021 no estaba terminada, los contratos se volvían más complicados por la forma de contratación y por arquitectos que querían imponer un diseño más caro.

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“Se vienen ya muchos proyectos que estaban atorados, que les faltaba dinero, que las empresas habían ya abandonado, que Román ya no quería. Llegó un momento donde creía que todo el mundo le robaba”; acto seguido, bajó el presupuesto para obras que dejaron tiradas por las propias empresas que ellos colocaron.Ven cómo no son iguales, resultaron hasta peores. Esta es la familia del ideólogo de la cuarta transformación Lorenzo Meyer. No combatió la corrupción, impunidad y prepotencia, por el contrario, las encabezó y fomentó. Mientras tanto, ¿quién investiga a los amigos del hijo del Presidente? ¿Sólo la prensa?

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La columna se publicó originalmente en El Financiero reproducida aquí con permiso de la autora.

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Lourdes Mendoza Peñaloza es una periodista mexicana especializada en finanzas, política y sociales, con más de 20 años de experiencia en medios electrónicos, impresos, radio y televisión.

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Morena no es México, no se engañen

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Opinión de Jorge Romero Herrera

El pasado fin de semana, fuimos testigos de dos eventos que mostraron fielmente lo que ya había descrito en pasadas colaboraciones: en México no estamos hablando ya únicamente de una diferencia partidista. Estamos hablando de dos visiones completamente distintas de país.

Por un lado, un oficialismo desesperado encabezado por la propia presidenta de la República que defiende, protege y blinda a sus personajes acusados de involucrarse con bandas de criminales -a costa de poner en riesgo al país-, y del otro lado, quienes siguen creyendo en la libertad, en la legalidad y en la necesidad de construir un México donde el Estado no se arrodille frente al crimen organizado y el combatirlo no genere la persecución política y el descrédito.

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Lo vivido este sábado en Chihuahua nos llena de orgullo y de esperanza. Fue una demostración contundente de que no podemos rendirnos. Se sintió en el ambiente. Se vibró en cada mensaje. Se reflejó en la presencia de miles de chihuahuenses que salieron a defender a una gobernadora que no se ha escondido ni un instante y que ha enfrentado cada ataque con determinación y carácter. Chihuahua habló fuerte y claro. No fue una movilización impulsada por el miedo. Fue una movilización impulsada por la convicción de que cuando se comete una injusticia, la ciudadanía tiene el derecho y la obligación de levantar la voz.

En Acción Nacional estamos con Maru. Lo estamos porque creemos en ella, porque conocemos su trayectoria, porque sabemos de los resultados que ha entregado a las familias chihuahuenses y porque reconocemos, como millones de mexicanas y mexicanos, que lo que hoy enfrenta tiene todos los elementos de una persecución política. Ella tiene el respaldo de su estado, de su partido y de millones de mexicanas y mexicanos en todo el país que observan con preocupación cómo las instituciones del Estado comienzan a utilizarse con criterios políticos y no jurídicos porque ese es el fondo del problema.

Mientras una gobernadora de oposición es sometida a una presión permanente por haber enfrentado al crimen organizado y por haber cumplido con su deber, vemos cómo personajes cercanos al oficialismo reciben protección, silencio o explicaciones que buscan justificar lo injustificable, por eso resulta tan revelador lo ocurrido con el intento de juicio político promovido contra Maru Campos.

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Hicieron anuncios, convocaron conferencias, generaron titulares y pretendieron construir una narrativa de culpabilidad anticipada. Sin embargo, cuando llegó el momento de sostener jurídicamente sus acusaciones, ni siquiera fueron capaces de ratificar la solicitud dentro del plazo legal establecido.

La propia presidenta de la Cámara de Diputados, la diputada Kenia López Rabadán, confirmó que el plazo venció y que los promoventes no acudieron a ratificar su petición. Así terminó un episodio que demuestra que muchas veces el objetivo no es encontrar justicia, sino fabricar escándalos, crear cortinas de humo.

Por eso, a lo largo del encuentro, una consigna fue cobrando fuerza hasta convertirse en la voz de miles de personas: Yo con Maru. No es solamente un lema. Es una definición. Es una manera de decir que estamos del lado de quien enfrenta al crimen y no del lado de quien lo tolera y hay una imagen que retrata perfectamente el momento que vive el país. Por eso miles de panistas en todo México nos hemos puesto con orgullo la camiseta de “Yo con Maru”. Lo hicimos en Chihuahua. Lo hicieron nuestras senadoras y senadores. Lo han hecho dirigentes, legisladores y ciudadanos. En contraste, no hemos visto a un solo morenista ponerse una camiseta que diga “Yo con Rocha”. Ni uno solo, esa diferencia no es casualidad. Cuando hay convicción. Cuando existe certeza moral. Por eso unos salen a defender con orgullo y otros prefieren guardar silencio, por eso unos dan la cara y otros se esconden detrás de comunicados. Preocupa que, frente a los escándalos que involucran a figuras relevantes de Morena en distintos puntos del país, la respuesta del gobierno siga siendo la misma: envolver cualquier cuestionamiento legítimo en una narrativa de confrontación entre patriotas y “traidores” que solo existen en su imaginario. En lugar de aclarar dudas, investigar responsabilidades o rendir cuentas, se recurre al discurso de la soberanía, la defensa de la patria y la transformación como un escudo político para descalificar a quienes exigen explicaciones. Que les quede muy claro: nadie está en contra de México ni del amor a nuestra patria. Nadie está atacando a México. Morena no es México. Es preocupante utilizar esos sentimientos compartidos por millones de mexicanas y mexicanos para desviar la atención de problemas concretos. La defensa de la soberanía nacional no puede convertirse en una excusa para evitar la rendición de cuentas, ni el respaldo popular puede sustituir la obligación constitucional de transparentar decisiones y esclarecer conductas indebidas de servidores públicos o dirigentes partidistas. No vamos a aceptar que se persiga a quienes combaten al crimen mientras se protege a quienes están rodeados de cuestionamientos. No podemos aceptar que existan gobernadores de primera y gobernadores de segunda dependiendo del color de su partido. En Acción Nacional no tenemos dudas sobre de qué lado estamos. Frente a los intentos de intimidación y al uso faccioso de las instituciones, estaremos junto a Maru Campos porque sabemos que esta causa trasciende a una persona o a un gobierno. Lo que está en juego es algo mucho más importante: el derecho de millones de mexicanas y mexicanos a vivir en un país donde la ley se apliquen con imparcialidad y donde pensar distinto no sea motivo de persecución. Por eso, desde Chihuahua se envía hoy un mensaje que debe escucharse en todo México: no van a dividirnos, no van a doblegarnos y no van a lograr que guardemos silencio frente a una injusticia. Mientras desde el oficialismo el mensaje es de desesperación, impunidad y contubernio. POR JORGE ROMERO HERRERA PRESIDENTE DEL PARTIDO ACCIÓN NACIONAL

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Sheinbaum relanza al PAN

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Opinión de Juan Ignacio Zavala | El Heraldo de México |

Lo que el PAN rompió, lo pega Claudia. Jorge Romero, presidente del PAN, ha intentado de manera infructuosa poner a su partido en la órbita de la opinión pública. También ha hecho intentos de reconstruir las relaciones rotas hace mucho tiempo en ese partido con poco éxito. Ha intentado acercarse a los dos expresidentes salidos de ese partido y siempre ha tenido palabras amables para ellos, pero nada de un evento juntos. El PAN continuaba igual que antes: a la deriva y sin causas visibles.

Hasta que Claudia Sheinbaum decidió atacar de frente a la gobernadora panista Maru Campos. En efecto, la Presidenta y su partido emprendieron una ruda ofensiva en contra de la chihuahuense, que jamás se imaginó estar en medio de una polémica nacional y que su nombre destacara en todos los noticieros y redes sociales. El PAN entendió que era su oportunidad de oro y montó enseguida una defensa de su gobernadora y la arroparon desde un inicio. Campos se dedicó a dar entrevistas por doquier y a denunciar la persecución en su contra. Finalmente, la oposición panista tenía una causa propia y quien la representara.

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Se puede decir que este “relanzamiento del PAN” corrió a cargo de Claudia Sheinbaum. Fue ella la que empezó los ataques contra Campos y, más aún, insiste en mantener los señalamientos. Ya ha sido muy comentado que la intención oficial es igualar los marcadores de la denuncia estadounidense por Rocha Moya, Inzunza y demás morenistas que son reclamados por la justicia de ese país. Por eso a sus gobernantes calificados como narcos quieren equiparar a una panista acusada de traición a la patria por transgredir la ley en la cooperación con la CIA. No es poca cosa. Y en lo que deciden qué hacer con los morenistas y sus relaciones con el crimen organizado, han comenzado un proceso contra la gobernadora de Chihuahua. Con la diferencia de que todo lo que sucede con la chihuahuense lo sabe la población: la acusación, el citatorio, las fecha del citatorio, el recibimiento de éste, quiénes lo entregaron y quiénes lo recibieron. Todo. En el caso de Rocha Moya e Inzunza no sabemos nada. Ellos dijeron que fueron a la FGR, pero nadie vio nada, todo lo hacen a escondidas.

Al igual que en su informe del día de ayer, parece que la Presidenta ha escogido el combate al crimen como eje discursivo para compararse con los gobiernos pasados y marcar una diferencia con Estados Unidos. Su problema no es de discurso, sino de realidad, pues los señalados son de su partido y parece que vienen varios nombres más de esos que la Presidenta les dice “compañeros de lucha”.

El fin de semana, en Chihuahua, los panistas armaron un evento de apoyo a Maru Campos. Lo que quedó claro es que el panismo ya tiene un grito en la calle y se está organizando para dar la batalla en un campo de acción que tendrá que ver con el combate al crimen organizado. En ese evento estuvieron juntos Felipe Calderón y Vicente Fox, algo que no sucedía desde hace años. Los expresidentes panistas se mostraron felices de estar arengando a la gente nuevamente, los panistas muy contentos de tener sus líderes de nivel nacional juntos, y todo gracias a doña Claudia. Nadie sabe para quién trabaja.

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POR JUAN IGNACIO ZAVALA

@juanizavala

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Incongruencias

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Opinión de Raymundo Riva Palacio

¿Cómo funciona la mente de la presidenta Claudia Sheinbaum? Uno de sus atributos ha sido su formación de científica que utiliza el método científico para generar conocimiento, mediante el análisis de datos basados en evidencias y formular soluciones a los problemas. Sin embargo, después de dos años en el poder, puso seis metros bajo tierra a la cientificidad. Como vieron el domingo, el pragmatismo tecnocrático que mostró en el arranque de su sexenio, lo cambió por la ideología. Su sesgo incubado la sacó del clóset y redefinió su gobierno, la relación con Estados Unidos y, de seguir lo que trazó, la historia mexicana.

Sepultada la cabeza fría y finalmente expuesta su sangre caliente, la presidenta, tardó menos de 24 horas en mostrar la incongruencia intelectual del momento cúspide de su discurso para conmemorar su triunfo electoral hace dos años, la denuncia del intervencionismo de Estados Unidos en la política interna de México y en las elecciones intermedias del próximo año. Lo hizo hablando ayer de Colombia, al sumarse a la posición del presidente Gustavo Petro, y señalar posible fraude en las elecciones presidenciales en ese país. ¿Por qué tenía que meterse?

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No hay ninguna diferencia entre lo que denunció del gobierno de Donald Trump y lo que declaró sobre las elecciones en Colombia. Fue tan injerencista como Trump, mostrando la debilidad de su argumento y la forma sesgada y maniquea cómo ve la intromisión en los asuntos internos de otros países: si es para apoyar a gobiernos con quienes tiene identificación ideológica y política, o cuestionar a gobiernos que piensan diferente al suyo, no hay intervencionismo. Todo lo demás, sí. Su mente funciona con parcialidad de variables, donde excluye todas aquellas que son relevantes, pero no se ajustan a su pensamiento.

Esta contradicción es lo que funcionarios estadounidenses califican como una hipocresía. Ella, quizás, ni siquiera lo puede ver. En Barcelona, donde acudió a un encuentro de líderes convocados por el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, se tomó una fotografía con un letrero donde pedía “justicia” para Cristina Fernández, la expresidenta argentina que está en prisión domiciliaria por un fraude de más de 500 millones de dólares. Sheinbaum ignoró, o no cree, que Fernández fue estuvo involucrada en un escandaloso caso de corrupción institucional y que pasó por la justicia argentina.

No ha cuidado tampoco su inclinación y pleno respaldo por el expresidente de Perú, Pedro Castillo -incluso recibió en Palacio Nacional a su abogado-, que fue condenado a 15 años de prisión por el delito de conspiración para una rebelión, tras un fallido autogolpe en 2022. La presidenta ha dicho que es una “injusticia” porque fue él quien cayó por un golpe de Estado y es víctima de persecución política. La justicia peruana tiene otros datos.

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Con Ecuador mantiene un diferendo heredado por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que le dio asilo al exvicepresidente Jorge Glas en 2023, pese a haber sido condenado por corrupción y estar sujeto a proceso por otros delitos. En reacción a ello, el presidente Daniel Noboa autorizó el asalto a la Embajada de México en Quito, violando tratados internacionales. Sheinbaum no ha resuelto el conflicto diplomático, y ha asegurado que no restablecerá las relaciones mientras Noboa siga siendo presidente.

Sheinbaum ha sido declarada persona non-grata en esos países, una categoría que solo comparte con dos expresidentes mexicanos, Vicente Fox y Felipe Calderón, que recibieron el mismo tratamiento por el expresidente de Venezuela, Nicolás Maduro, por criticar el estado de la democracia en ese país. La presidenta, por el contrario, buscó coordinar acciones latinoamericanas para defender a Maduro cuando Estados Unidos intervino Venezuela para extraerlo y llevarlo ante los tribunales en Brooklyn, acusado de narcotráfico.

La presidenta, como antes lo hizo López Obrador, nunca se pronunció contra la falta de libertades en Cuba, Nicaragua y la Venezuela chavista, cuyos regímenes dictatoriales apoyó sin matices. Ella es parte de un movimiento que lleva ocho años en Palacio Nacional, que abiertamente intervino en las elecciones en Estados Unidos, cuando López Obrador pidió votar contra los republicanos, enviando recursos disfrazados de presupuesto para los consulados para hacer activismo político.

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En su decantamiento por Petro e intervencionismo en los asuntos internos de Colombia, la presidenta dijo que previamente a las elecciones de este domingo había habido una ofensiva mediática y campañas de desinformación impulsadas por una red internacional, que fue una de sus denuncias el domingo, como parte de una conspiración de la ultraderecha internacional y de Estados Unidos.

Pero no impidió, sino al contrario, permitió que su coordinador de asesores, Jesús Ramírez Cuevas, el jefe de la propaganda obradorista e ideólogo de la polarización, financiara un canal dirigido por el español Pablo Iglesias -que es asesor de Sheinbaum-, por donde entró la maquinaria de propaganda del Kremlin, que se ha documentado generó por años campañas de desinformación a través de noticias falsas para incidir en procesos electorales en Estados Unidos y provocar desestabilización.

La posición binaria de Sheinbaum sobre el injerencismo y el intervencionismo es muy propio de la cultura del obradorismo, al igual que la discrecionalidad con la que aplican la Doctrina Estrada, siempre a flor de boca de la presidenta, pero que se aplica acorde de sus filias y fobias ideológicas. Esta dualidad intelectual y política la quita espacios de maniobra frente a Estados Unidos y anula sus demandas de no intervencionismo. Para poder mantener esa posición con eficacia, requiere de tener una autoridad política y diplomática, además de moral. Si no la tiene, ¿cómo puede esperar que la tomen en serio cuando aplica en otros lo que no quiere que le hagan a ella?

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Funcionar bajo un pensamiento con parcialidad de variables, lleva en política a diagnósticos equivocados y conclusiones fallidas. Le ha quitado coherencia diplomática a su discurso -perdiendo autoridad en el mundo, cuando alguna vez fue respetado por la consistencia de sus principios-, y potencia argumentativa. La presidenta sigue perdiendo credibilidad y no lo ve de esa manera, lo que explica su posición intervencionista en Colombia.

No puede esgrimir neutralidad y tener la fuerza para denunciar el intervencionismo de Washington, porque su palabra ha perdido credibilidad frente a Estados Unidos. Al perder consistencia con su doble rasero de la autodeterminación, quedó expuesta por la mezcla de soberanía con protección política de criminales que hizo en su discurso, en momento donde su endurecimiento también existe del otro lado del Río Bravo.

rrivapalacio2024@gmail.com

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