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China-EU: cuando la guerra comercial deja de ser solo comercial

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Opinión de Mauricio Meschoulam | El Universal |

Hace unos días, un colega preguntaba si una guerra comercial como la que estamos viviendo podía incrementar el riesgo de conflictos armados. En ese momento me apresuré a responder que sí existen casos históricos para respaldar esa posibilidad, pero que no estamos aún en ese punto. Aunque los conflictos entre Estados-Nación han aumentado en la última década, los conflictos entre superpotencias (como China-EU) siguen siendo considerados como riesgos limitados por ahora. Lo que hace la guerra comercial es añadir una gota al vaso. Aunque pasados 10 días de esa conversación sigo pensando de forma similar, también he repensado parcialmente esa respuesta, especialmente tras observar la espiral ascendente, así como la intensidad y agresividad que la confrontación EU-China está adquiriendo en estos días. Todo ello parece exhibir una dinámica con vida propia que, de seguir escalando, podría salirse de las manos de todas las partes. En el texto de hoy explico por qué.

Primero, como ya lo escribí hace poco, lo que estamos viendo en estos momentos entre EU y China se puede entender mejor a través de la teoría de la guerra y la racionalidad bélica, que a través de otros instrumentos explicativos que se limitan al comercio o la economía. Las conductas y dinámicas que estamos observando, tienen que ver con la aplicación de la fuerza, mediante la implementación de tácticas ideadas para exhibir que las partes están dispuestas a seguir aplicando esa fuerza a pesar de los costos que ello conlleve para sus propios países. Ninguno de los dos países, hasta este momento, parece dispuesto a ceder. Algo que en el argot de teoría de juegos se conoce como un “juego de gallina”. Ambos actores saben que el continuar la confrontación resultaría catastrófico, pero ninguno de esos dos actores está dispuesto a conceder dado que ello le humillaría o desprestigiaría. Es decir, tal como ocurre en un conflicto armado, estamos ante una competencia de voluntades y de nervios que activan una lógica de acción-reacción y, por tanto, una espiral ascendente de violencia (entendida la violencia como una forma de interacción humana caracterizada por la agresión, la cual produce daños materiales, psicológicos, simbólicos o estructurales). Las espirales ascendentes frecuentemente adquieren una especie de vida propia y pueden salirse de las manos de los individuos que las activaron.

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Segundo, la rivalidad China-EU va mucho más allá de lo comercial. Estamos hablando de la confrontación creciente entre un poder existente y un poder en ascenso, lo que se conoce como la trampa de Tucídides. Sin embargo, no se trata solo del ascenso material del poder emergente, sino el sentimiento de amenaza percibida dentro de Washington. Para entender esto último, nada mejor que el discurso que pronunció en 2018 el entonces vicepresidente de EU, Mike Pence, en el Instituto Hudson.

Algunos de los aspectos centrales de ese discurso fueron: (1) La concepción de que China está empleando un esfuerzo dirigido desde el gobierno que involucra a toda la administración pública, agencias y ministerios, para conseguir sus intereses de influencia global y específicamente profundizar su influencia en los EU. Esta serie de acciones conducidas desde el Estado, incluye instrumentos políticos, económicos y militares, además de propaganda y una guerra informativa; (b) La concepción de que este esfuerzo proactivo por parte de Beijing para ejercer influencia e interferir en la política interna estadounidense está siendo desplegado como nunca antes en el pasado y de manera cada vez más clara; (c) La concepción de que la búsqueda de influencia china no se limita a su propia región— Asia—sino que pretende expandirse hacia otros continentes; (d) Una visión negativa del déficit comercial de EU a favor de China, así como de iniciativas económicas como el programa Made In China 2025, y de infraestructura global como la Iniciativa Franja y Ruta (BRI); (e) La concepción de que China utiliza el endeudamiento de otros países, el comercio, la inversión y los lazos económicos que tiene para avanzar sus propios intereses, lo que incluye el robo de tecnología, investigación, desarrollo e innovación o la presión en contra de diversos gobiernos, incluidos algunos latinoamericanos, para alinearse con la visión geopolítica y estratégica de Beijing; (e) La idea del riesgo que representa el que China esté aumentando su gasto militar como lo ha hecho en los últimos años, así como el expansionismo en sus mares colindantes; (f) Concretamente, la acusación directa de que Beijing impide las operaciones de “libertad de navegación” y “acosa” a los navíos estadounidenses en “aguas internacionales”; (g) La concepción de China como un estado autoritario, espía, violatorio de los derechos humanos, opresor de las minorías y de su propio pueblo, y (h) De todo lo anterior se sigue la necesidad que tiene Washington de tomar pasos firmes para enfrentar cada una de esas estrategias de Beijing.

Esta percepción, que podríamos considerar ha permeado en distintos grados la mayor parte de los círculos políticos en EU, ha derivado en un consenso bipartidista acerca de que China debe ser contenida (aunque hay muchos matices en las tácticas a ser implementadas). El resultado ha sido no solo una rivalidad sino una confrontación abierta que incluye pero que no se limita a lo comercial. Por ejemplo, la competencia de ambas potencias por espacios de influencia en el mundo, la expansión china en sus mares colindantes y la decisión de Washington de contener esa expansión, además de la ciberguerra y guerra informativa que existe entre ambas potencias. Adicionalmente, desde hace muchos años, las dos superpotencias se encuentran en una carrera tecnológica y armamentista. De hecho, la evaluación que hizo el Pentágono desde 2017, fue que Washington estuvo demasiado tiempo distraída combatiendo al terrorismo (principalmente Al Qaeda e ISIS) y que de no cambiar el curso, Rusia y China bien podrían aventajar a EU en la carrera que señalo. Esto se ha traducido, además de la guerra comercial, en una guerra tecnológica entre ambas potencias.

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En ese entorno podemos entender mejor los casos de Hong Kong y Taiwán. Para Beijing, el modelo de Hong Kong—Un País, Dos Sistemas—era una eventual posible solución que podría ser negociada para Taiwán. Sin embargo, a raíz de los movimientos de protestas masivas de Hong Kong, especialmente el de 2019, y las demandas prodemocracia que Beijing percibía como altamente influenciadas por Occidente, Xi Jinping llegó a la conclusión de que Beijing necesitaba repensar toda la estrategia. China aprobó una nueva ley de seguridad para Hong Kong e implementó una serie de medidas que fueron paulatinamente eliminando las posibilidades democráticas para el territorio. Era plena pandemia y Washington y el mundo estaban atendiendo otro tipo de prioridades, pero con ello, China mostró con claridad su mensaje.

El tema de Taiwán es incluso más sensible para China. Para Beijing, no se trata únicamente de una “isla” que “busca independizarse”. Por razones históricas, se trata del conflicto acerca de quién es realmente el legítimo representante de China. Por tanto, cualquier cuestionamiento de Washington a su propia postura oficial que consiste en la política de “Una sola China (con capital en Beijing)”, como sucede con las visitas de funcionarios estadounidenses a Taiwán, por no hablar del armamento y entrenamiento de EU al ejército taiwanés, se transforma en un tema inmediato de choque, de hecho, el más sensible de todos entre Washington y Beijing.

Así que considerando todo lo anterior, retomo el punto con el que inicié:

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Si la espiral entre EU y China sigue escalando estamos frente a varias posibilidades. Dentro de ellas, existe un escenario en el que China podría sentirse altamente vulnerada por los efectos catastróficos que la guerra comercial podría tener para su economía, pero especialmente podría sentir que las opciones políticas para negociar con Washington se han agotado. En este escenario, China podría incrementar sus acciones expansivas en sus mares colindantes, probando la disposición de Trump a realmente respaldar a aliados con los que tiene pactos militares como Filipinas. Pero, sobre todo, Beijing podría ir paulatinamente incrementando los ejercicios militares—que ya se encuentran en niveles elevados—alrededor de Taiwán, así como sus amagues de bloquear a la isla. En otras palabras, sí hay escenarios plausibles consistentes en que, a partir de los efectos de la guerra comercial, asumiendo que no se llegue a algún acuerdo para detenerla, China incremente el tipo de acciones que tradicionalmente activan en Washington la decisión de contenerla.

La pregunta en estos tiempos sería si Trump tiene la voluntad y disposición de demostrar que EU respondería con determinación ante ese tipo de acciones por parte de Beijing. Sobre todo, considerando que justo el segundo día de ejercicios militares de China en la zona de Taiwán, Trump estaba imponiendo 32% de aranceles precisamente en contra de Taipéi (así como más del 20% en contra de otros aliados de la región como Japón). Si bien una parte de esos aranceles ha sido suspendida por 90 días, lo que ha quedado en esa zona del mundo es un fuerte sentimiento de incertidumbre y desconfianza hacia Trump.

Esa incertidumbre y desconfianza entre los aliados de EU, sumada a la espiral ascendente que se ha activado entre Washington y Beijing, son incentivos perfectos para que China siga adelante con acciones que rebasan el ámbito comercial, y que demuestran su disposición a usar su fuerza militar en su región.

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Esa combinación de factores, es la que incrementa el riesgo de incidentes militares o choques limitados, especialmente si en Washington se toma la decisión de demostrar a China que la máxima superpotencia del mundo, sigue considerando Asia Pacífico como una región prioritaria en lo militar, y sigue determinada a contener la expansión china en esa y otras zonas del mundo.

Para ser claros y repitiendo lo que dije al inicio, las probabilidades de un conflicto armado mayor entre superpotencias nucleares siguen siendo enormemente bajas dados los impensables costos que esas superpotencias tendrían que pagar en caso de desatarse una guerra entre ellas, lo que, en un escenario catastrófico, podría incluir su propia destrucción. Sin embargo, la gota que la guerra comercial está añadiendo al vaso parece ser de una mayor magnitud de lo que inicialmente pensamos, por lo que detener la espiral y la lógica automática de acción-reacción, se vuelve una necesidad que rebasa con mucho al ámbito comercial.

Instagram: @mauriciomesch

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Cómo la apertura de tiendas privadas de alimentos en Cuba destapó una desigualdad invisible

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Juan y Elisa* son una pareja de jubilados cubanos de más de 80 años.

Sus pensiones no superan los 5.800 pesos mensuales en conjunto (US$11,6 según el cambio informal), mientras que una botella de aceite y una caja de 30 huevos valen alrededor de US$7.

Se levantan cada día; compran un pan en el mercado estatal, lo parten a la mitad y lo desayunan con té azucarado.

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A veces cuidan niños y personas con discapacidad de sus vecinos, lo que les permite recibir una comida o algún dinero que les da para un poco de arroz, frijoles y huevos.

Por la noche terminan la otra mitad del pan y beben más té.

Así pasan una jornada «buena» en una rutina en la que solo se puede vivir al día.

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El de Juan y Elisa es uno de los casos vulnerabilidad extrema que se dan en Cuba estudiados por la socióloga Mayra Paula Espina, de la Universidad de La Habana.

La licenciada observa cada vez más disparidades en un país con datos limitados sobre desigualdad y pobreza.

No lejos de la casa de los pensionistas, un supermercado privado oferta queso de cabra, yogur, embutidos, pescados y jamón español.

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Es una minoría la que puede pagar sus precios, pero aún así el negocio prospera.

Desde que el gobierno socialista de Cuba aprobó la apertura de micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes) a fines de 2021, el otrora monopolio estatal de la venta de alimentos cede protagonismo ante la iniciativa privada.

Es un cambio de modelo que para muchos cubanos ha supuesto disponer de un abanico más amplio de productos alimenticios y de primera necesidad que antes se encontraban a cuentagotas.

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Pero que también, según Espina y el investigador cubano-estadounidense de la Universidad de Miami, Michael Bustamante, ha terminado por destapar la desigualdad en una isla que en los años 80 había logrado una equidad asombrosa.

«Ya en los años dorados de la revolución había desigualdad, pero a fines de los 90 se empezó a notar más. Hoy los precios del sector privado son inasequibles para la mayoría de cubanos y se vive una desigualdad rampante que antes no se veía», le dice Bustamante.

Las grietas de la igualdad

Cuba vive su peor crisis energética y económica desde que en 1991 se derrumbó la Unión Soviética, su principal aliado político y comercial, y las finanzas de la isla colapsaron.

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Hoy el país sufre los estragos de sus deficiencias productivas, la caída del turismo, el embargo económico estadounidense y las tensiones con el gobierno de Donald Trump, que amenaza con aranceles a cualquier país que envíe petróleo a la isla.

Venezuela fue durante décadas el mayor proveedor de combustible de Cuba, pero se apoyo quedó cortado con la captura de Nicolás Maduro en una operación militar estadounidense en Caracas a comienzos de enero.

Tras la debacle de los 90, Cuba nunca se recuperó del todo.

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Hoy muchos cubanos recuerdan aquel «Periodo Especial» porque, como entonces, conviven con un racionamiento extremo, largos apagones, restricciones de transporte y dificultades para acceder a alimentos.

Sin embargo, la crisis actual no afecta a todos de la misma forma que antes.

Cuba alcanzó un envidiable nivel de igualdad en en los años 80, dos décadas después del triunfo de la revolución socialista de Fidel Castro.

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«Grupos en desventaja ascendieron en un proceso de igualamiento que alcanzó un coeficiente Gini bajísimo, de un 0,24», describe Espina.

El índice Gini es cómo el Banco Mundial mide la inequidad, siendo 0 la igualdad perfecta y 1 la máxima desigualdad.

Por comparar, EE.UU. obtuvo un 0,40 en 1989. Uruguay, a menudo destacado como uno de los países menos desiguales de América Latina, ha oscilado entre 0,39 y 0,40 en los últimos cuatro años.

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«Pero la crisis de los 90 interrumpió los avances en Cuba. Grupos rezagados que habían mejorado, como la población no blanca, mujeres y residentes del campo, fueron los primeros en verse afectados», analiza Espina.

La economía cubana se contrajo un tercio de su producto interior bruto (PIB) tras el colapso soviético.

Una de las medidas que implantó el gobierno cubano fue legalizar el uso del dólar.

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«Circularon dólares estadounidenses y pesos cubanos. El país también se abrió más al turismo», cuenta Bustamante.

La igualdad se agrietó. «La gente que trabajaba en turismo o recibía remesas accedía a dólares o al desaparecido peso cubano convertible (CUC) vivía mucho mejor», añade el investigador.

Con la dolarización convivieron dos tipos de tiendas de distribución de alimentos: unas dolarizadas y más surtidas; y otras en moneda nacional, en muchos casos subsidiadas, con oferta limitada.

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A comienzos de los 2000 el salario medio en Cuba en el sector estatal rondaba los 200 pesos cubanos, equivalentes a unos US$10 al cambio.

Quien no tenía familiares en el exterior o trabajaba en alguna industria vinculada al turismo o comercio extranjero debía buscar entradas adicionales, ya fuese vendiendo bienes o servicios o recurriendo al multiempleo informal.

Durante décadas, y hasta hoy, ha sido común que profesionales con títulos universitarios trabajen en sectores distintos al que correspondía a sus estudios para obtener ingresos suficientes.

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Liberalización privada

Espina evita hablar de ganadores o perdedores del colapso de los 90, pero advierte que hubo quien ascendió aprovechando la gestión de la crisis y quien cayó estrepitosamente.

A pesar de ello, un factor continuaba maquillando las desigualdades que afloraban entre los cubanos.

«El Estado seguía siendo el gestor de la desigualdad. Las tiendas surtidas y dolarizadas, llamadas TRD, estaban en manos de militares. Pero ahora es el sector privado quien ocupa más ese espacio. No son la raíz, pero sí el chivo expiatorio del problema», explica Bustamante.

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La liberalización de las empresas privadas fue una medida adoptada por el gobierno cubano tras los golpes de la pandemia y el desmantelamiento, por parte de Trump, del acercamiento económico entre Cuba y EE.UU. que se dio durante la segunda presidencia de Barack Obama (2013-2017).

Al cierre de 2024 había alrededor de 10.000 Mipymes privadas activas en Cuba, de acuerdo a cifras oficiales, con el 60% registradas en La Habana, la capital.

La mayoría se dedican a la agricultura, industrias manufactureras –excepto el azúcar–, hoteles y restaurantes; construcción, comercio y reparación de efectos personales.

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«El sector privado ha demostrado una capacidad para importar bienes que el Estado no tenía y está siendo una enorme ayuda para muchos en estos momentos delicados», reflexiona Bustamante.

Meses antes de la liberalización de las Mipymes, Cuba reunificó sus monedas y dejó al peso cubano como moneda oficial.

Fue un error, según Bustamante. «Se devaluó el peso y el sector privado, necesitado de dólares para importar bienes, recurrió al mercado informal interno. Eso disparó el costo de las transacciones y los precios se volvieron inasequibles para la mayoría».

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Bolsillos segmentados

El académico sostiene que la economía de Cuba está segmentada.

Espina añade que la caída en el acceso a alimentos y medicamentos subvencionados no ayuda a mitigar la precarización y la desigualdad.

Según su trabajo de campo, estima que alrededor del 45% de la población cubana vive en situación de pobreza económica, mientras que en la otra punta se sitúa un 11%-13% que vive en condiciones por encima de la media.

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«Son aproximaciones riesgosas porque no están hechas a partir de estadísticas oficiales, sino de datos como el precio de la canasta básica, los ingresos del sector privado, salarios, pensiones y experiencias personales», aclara la investigadora.

Brasil, a menudo señalado por el Banco Mundial como uno de los países más desiguales de América Latina, tiene un índice de pobreza del 23%.

Espina describe que la segmentación de la sociedad cubana se refleja en los diferentes tipos de supermercados.

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«Hay unos ‘bodegones’ muy surtidos con productos nacionales orgánicos y de importación de mucha calidad y precios altos, donde solo compran frecuentemente los de capa media-alta: gente que trabaja en embajadas, extranjeros y cubanos que alcanzan ese nivel».

Más diseminadas por los barrios hay otras tiendas con oferta más limitada, menos calidad y precios más bajos, aunque igualmente costosos para la media.

«Los encuentras en municipios más humildes, en bajos de edificios, con apenas un mostrador. Ahí accede un grupo más variado de modestas remuneraciones», explica la profesora.

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Por último, la población con ingresos muy bajos busca las ofertas de menor precio o recibe asistencia social del Estado o de alguna iglesia.

Otra alternativa para comprar bienes son algunos supermercados estatales dolarizados y mercados agropecuarios, con precios igualmente restrictivos.

También existen tiendas online donde familiares en el extranjero compran productos a sus parientes en Cuba que son distribuidos a los hogares en una especie de «Amazon cubano», describe Bustamante.

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«El tema de los alimentos es un indicador grande de pobreza. En otros tiempos, la distribución subvencionada aseguraba un mínimo. Podías ser pobre, pero tenías para comer lo esencial. Hoy eso desapareció», asegura Espina.

«Todo aquel por debajo de ese 11% que calculo con mejores condiciones debe recurrir al multiempleo formal e informal y obviar la calidad y diversidad de lo que come. Otros, en extrema pobreza, mendigan o comen de basureros», añade.

«La Revolución no tiene que sentir vergüenza de los problemas»

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En julio de 2025, la exministra cubana del Trabajo, Marta Elena Feitó Cabrera, dimitió después de unas polémicas declaraciones en las que cuestionó la mendicidad.

«Hay gente que se hace pasar por mendigo para ganar dinero fácil», había dicho ante la Asamblea Nacional.

El caso generó fuertes críticas en redes sociales y el presidente Miguel Díaz-Canel censuró públicamente los comentarios de Feitó por considerarlos «desconectados de las realidades que vivimos».

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«No se defiende a la Revolución cuando ocultamos los problemas que tenemos», declaró el mandatario, quien reconoció la existencia de mendigos en la isla.

El PIB cubano ha caído un 11% en los últimos años.

«Desde la pandemia Cuba vive entrampada, desgastada, sin poderse recuperar», dice Espina.

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Eso se ha notado en la migración, con más de un millón de cubanos abandonando la isla entre 2021 y 2023. Es el mayor éxodo en la historia del país.

Medidas aperturistas como la liberalización del sector privado no encauzan el rumbo aunque supongan una vía de escape para muchos.

Ahora, con la escasez crítica de combustible, Espina teme que ese 11%-13% que vive en buenas condiciones disminuya porque, por ejemplo, en ese grupo hay muchos que dependen del transporte para subsistir.

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En un discurso a comienzos de febrero, Díaz-Canel aseguró que estaba dispuesto a «un diálogo con EE.UU. sobre cualquier tema», aunque «sin presiones».

Trump ha repetido que hay conversaciones en marcha entre ambos ejecutivos, algo negado por su homólogo cubano.

El fondo que puede tocar Cuba parece pender de una relación, la de Washington y La Habana, que en más de 60 años ha dado pocos síntomas de normalizarse.

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*Juan y Elisa son nombres ficticios para respetar la confidencialidad de las investigaciones de la socióloga Mayra Paula Espina.

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Quién es Emanuel Shaleta, el obispo arrestado en San Diego por presunto lavado de dinero

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Autoridades del condado de San Diego detuvieron el 5 de marzo de 2026 al obispo caldeo Emanuel Shaleta en el Aeropuerto Internacional de San Diego cuando intentaba salir de Estados Unidos, de acuerdo con información difundida por autoridades locales y reportada por ACI Prensa.

El religioso enfrenta ocho cargos por malversación de fondos, ocho por lavado de dinero y un agravante por delito financiero de “cuello blanco”, según registros judiciales citados por el medio especializado en información de la Iglesia católica.

Tras el arresto, las autoridades trasladaron al obispo a la Cárcel Central de San Diego. Los registros judiciales indican que la fianza se fijó en 125 mil dólares para uno de los cargos de malversación.

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La investigación comenzó en agosto de 2025 después de que un representante de la Catedral Caldea de San Pedro Apóstol, ubicada en la ciudad de El Cajón, entregara a las autoridades documentos y testimonios relacionados con el manejo de recursos de la iglesia, según informó ACI Prensa.

Las autoridades del condado asignaron el caso a la unidad especializada en delitos financieros, que inició una indagatoria sobre movimientos de fondos vinculados con la administración de la diócesis.

El arresto ocurrió cuando Shaleta intentaba abordar un vuelo con destino a Roma, de acuerdo con reportes citados por medios estadounidenses.

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Emanuel Shaleta: origen y trayectoria dentro de la Iglesia católica caldea

Emanuel Hana Shaleta nació en Fishkhabour, en el norte de Irak, dentro de una comunidad vinculada a la Iglesia católica caldea.

Recibió la ordenación sacerdotal el 31 de mayo de 1984 y comenzó su ministerio pastoral en comunidades caldeas vinculadas a la Iglesia católica oriental.

La Iglesia caldea forma parte de las iglesias orientales que mantienen comunión con la Santa Sede y que conservan tradiciones litúrgicas propias.

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El 9 de agosto de 2017 el papa Francisco lo nombró obispo de la Eparquía Católica Caldea de San Pedro Apóstol en San Diego, jurisdicción que atiende a comunidades caldeas en el oeste de Estados Unidos.

La instalación oficial como obispo se realizó el 29 de agosto de ese mismo año.

Como responsable de la eparquía, Shaleta encabezó la administración de parroquias y actividades pastorales de la comunidad caldea en California y otros estados del país.

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La catedral principal de la diócesis se encuentra en la ciudad de El Cajón, en el condado de San Diego, una zona donde reside una de las comunidades caldeas más numerosas fuera de Medio Oriente.

Investigación interna en la Iglesia antecede al arresto del obispo

Antes de la detención, Shaleta enfrentaba una investigación dentro de la Iglesia relacionada con denuncias sobre el manejo de recursos de la diócesis.

Según reportes citados por ACI Prensa, la investigación eclesiástica se abrió después de que surgieran señalamientos sobre la administración financiera de la diócesis.

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En enero de 2026, el obispo presentó su renuncia al cargo episcopal en medio de la investigación interna.

Durante una misa celebrada el 22 de febrero de 2026, Shaleta rechazó públicamente las acusaciones que circulaban en redes sociales y medios de comunicación.

El religioso afirmó que las versiones difundidas sobre su conducta no correspondían a los hechos.

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Algunas de esas versiones mencionaban presuntas conductas personales fuera del ámbito eclesiástico, pero esas afirmaciones no forman parte de los cargos presentados por las autoridades estadounidenses.

Proceso judicial en Estados Unidos y seguimiento del caso

El caso contra el obispo se desarrolla en tribunales del estado de California, donde deberá responder a los cargos relacionados con presuntos delitos financieros.

Las autoridades investigan el manejo de fondos vinculados con actividades de la diócesis y recursos provenientes de donaciones y operaciones administrativas.

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El proceso judicial continuará con audiencias en tribunales locales mientras la fiscalía presenta las pruebas relacionadas con los movimientos financieros investigados.

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La última llamada de Trump y Sheinbaum

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Opinión de Carlos Mota |

El domingo 22 de febrero, a las pocas horas del operativo en el que cayó el delincuente Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, aproximadamente a las 4 de la tarde, un alto funcionario del Gobierno de México recibió una llamada de la Casa Blanca. El funcionario no alcanzó a contestar, pero recibió un mensaje de texto que le solicitaba devolviera la llamada.

Al hacerlo, la asistente personal de Donald Trump dijo que el presidente quería hablar con la mandataria Claudia Sheinbaum para comprender lo que estaba ocurriendo. Varios grupos, de los que suelen hablar negativamente sobre México en redes sociales, ya habían inundado Internet con propaganda adversa, con publicaciones, algunas verdaderas, otras falsas, sobre escenas de lo que estaba ocurriendo. Nuestro país se estaba incendiando: esa era la interpretación que a bote pronto obtuvieron en Washington, pero en México aún no había información oficial sobre el operativo.

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El mexicano pidió unos minutos para consultar. En Palacio Nacional se determinó que se requerían dos horas para establecer la comunicación, a fin de validar información, particularmente la relacionada con posibles afectaciones a ciudadanos estadounidenses. Pero Trump no aceptó, y dijo que la llamada tenía que ocurrir máximo en 30 minutos. Cuando la llamada se estableció, Trump no esperó: “¿Qué está pasando en México?”. Y refirió, palabras más, palabras menos, que las escenas que circulaban lucían terribles, mientras inquirió con su particular énfasis cómo estaban los ciudadanos y los turistas estadounidenses.

La presidenta Sheinbaum atajó con particular serenidad. Explicó que se había llevado a cabo un operativo contra un narcotraficante muy peligroso; que los aeropuertos de Guadalajara y Puerto Vallarta estaban bajo control; que los ciudadanos estadounidenses en la región no habían tenido ningún problema; y que la situación estaba bajo control del Estado mexicano.

La lista de referencias que hizo Sheinbaum, con tono calmado, la familiaridad de la enésima llamada hablándole en inglés y la prontitud con la que respondió a la solicitud terminaron por rendir frutos. A los pocos minutos Trump le dijo algo así como ‘está usted haciendo un gran trabajo’, y se lo repitió un par de veces más: ‘Está usted haciendo un gran trabajo’. La llamada terminó en calma. Dos días después, durante el State of the Union Address, Trump refirió el abatimiento del delincuente y matizó su postura al afirmar que “amplias zonas de México han sido controladas por cárteles de drogas asesinos”. En Palacio Nacional se respiró satisfacción.

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China

Preocupa la meta de crecimiento que ha establecido el gobierno de China para 2026: entre 4.5 y 5 por ciento. Es la meta más baja en décadas, desde los años 90. ¡Uf!

POR: CARLOS MOTA

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COLABORADOR TIKTOK: @SOYCARLOSMOTA

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