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El que la hace la paga

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Opinión de Juan Francisco Torres Landa R. | Expansión |

A la memoria de Ulises Schmill. Gran jurista y compatriota. Vaya diferencia. Hay un principio fundamental en toda sociedad funcional: quien incumple las reglas debe enfrentar consecuencias. Cuando este principio se respeta en forma sistemática, logramos sociedades sanas y con viabilidad. Cuando no, prevalece la impunidad. El cumplimiento se denomina orden y punibilidad; su ausencia es el caldo de cultivo para el abuso del poder.

Hablemos con claridad entonces. En México no hemos vivido normalidad desde fines de 2018. Morena partió de una serie de premisas electorales que hacían sentido entre el electorado cansado de gobiernos con prácticas corruptas e ineficiencias sociales. Con esa materia prima se ofrecieron salidas sencillas a problemas complejos y se pintó a los anteriores como los enemigos a vencer. Pero nunca se diseñaron programas reales para resolver las carencias del país. Solo ha habido frases y promesas, nunca resultados. El origen de Morena como partido data de 2013, cuando obtuvo su registro para competir en las urnas. Apenas en 2015 participó en elecciones y tuvo crecimientos muy importantes; para 2018 ganó masivamente. Ese ascenso vertiginoso requería ingredientes vitales: recursos económicos y operación local. Normalmente eso se logra gradualmente con trabajo y perseverancia, pero el fundador del partido no tenía el tiempo ni la paciencia para madurar por la vía institucional. Decidió entonces que para satisfacer sus ambiciones de poder se valía aceptar el apoyo de fuerzas oscuras, sin medir el costo para el país. Ahí surge el origen del pacto delincuencial como base de su crecimiento electoral. Con tal de llegar al poder, se entregaron a las mafias. Morena nace de la ruptura con el PRD y de la decisión de su fundador de crear un vehículo político sin restricciones internas. Pero no se quedó en simplemente generar una fuerza electoral más, sino en hacer una que fuera imbatible al costo que fuera. Es entonces que se acuerda el apoyo económico y logístico de organizaciones delincuenciales —principalmente del Cartel de Sinaloa y, más concretamente, del Chapo Guzmán y su estructura—, según las declaraciones de testigos protegidos ventiladas en procesos judiciales en EUA. En los hechos el rango de valores se invirtió: la nación pasó a segundo lugar. Los socios criminales se volvieron los acreedores a quienes se tendría que pagar el costo de su apoyo. Morena ganaría elecciones, pero entregaría la soberanía a quienes les permitieron ganar en las urnas. Un pacto peligroso y efímero desde su origen. En 2006 se hizo famosa la frase de que la persona que estaba nominada para la presidencia era un peligro para México. Y en ese momento hizo efecto entre el electorado para lograr que Felipe Calderón ganara la elección, aunque fuera por un margen pequeño. De ese escenario de gran preocupación se sustentó que en 2012 el candidato nocivo cayera aún más en las preferencias electorales. Y aquí es donde vino el cambio para crear Morena y los acuerdos con la mafia. Paralelamente, en el ciclo 2012-2018, se sumaron fuerzas empresariales al proyecto. Hubo grandes corporativos que se sintieron vulnerados por las reformas estructurales de 2013 y 2014 —particularmente la energética y la de telecomunicaciones— y decidieron impulsar al candidato de la oposición para eliminar los cambios legales que les minaban sus negocios principales. Una apuesta letal para el país como hoy sabemos. Pudo más su ceguera y avaricia que su responsabilidad con la nación en la cual han podido desarrollar sus negocios y rentabilidad. Una lección para la historia de lo que la clase empresarial no debe hacer. Y hay que decirlo ahora para no permitir que el error permanezca o se vuelva a repetir. Pero volvamos al pacto de Morena con los delincuentes, mismo que se oficializó con la proclama de “abrazos y no balazos”. Uno podría pensar que eventualmente dicho acuerdo tendría repercusiones intolerables en el territorio nacional. Y aunque algo así ha sucedido ante el devastador efecto de tener organizaciones que han compartido o ejercido el poder para lucrar en su beneficio (robos, derecho de piso, tráfico de personas, secuestros, etc.), el verdadero problema de dicha asociación vino desde fuera. No contaban con que desde EUA vendría la categorización de terroristas para los grupos delincuenciales, conforme a la orden ejecutiva presidencial y la legislación federal estadounidense en materia de apoyo material al terrorismo. Dicho cambio legal obliga a perseguir a estas organizaciones con todos los recursos de las autoridades de justicia de aquel país. El ataque frontal es la norma en EUA y no se puede ignorar. Y en forma destacada, toda persona que ayude, apoye, se asocie o no impida el actuar de organizaciones catalogadas como terroristas queda sujeta a responsabilidad penal y persecución bajo ese mismo marco legal. Es esa situación la que hoy tiene a Morena y toda su estructura contra la pared. Los saludos a la madre del Chapo, la convivencia en comidas con sus líderes, la liberación de delincuentes, los abrazos y no balazos, y la ocupación de cargos públicos de personas nominadas o entregadas a la delincuencia, han ahora provocado una escalada de intolerancia y persecución desde los EUA. En particular la justicia americana requirió la entrega de 10 personas del gobierno de Sinaloa, y en el proceso se entregaron ya 2 de esas personas para no exponerse a las sanciones y volverse mejores testigos protegidos. Eso no sucedería si hubiera inocencia y no hubiera realmente ilícitos a perseguir. Nadie se entrega a lo tonto. Ya no se pueden ahora esconder en narrativa.

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Una parte crítica de los procesos judiciales que están ocurriendo en el Tribunal del Distrito Sur de Nueva York es que hay condiciones procesales que serán aplicables a los nuevos destinatarios de las acciones. El proceso será muy similar al de un caso previo que Morena no se cansó de aplaudir como un caso de éxito y de justicia: la condena de Genaro García Luna. Ese antecedente es clave porque ahora no les queda otra más que aceptar un estándar de prueba en el que las declaraciones de testigos cooperantes tuvieron un peso determinante, complementadas con evidencia circunstancial. Lo que tanto aplaudieron ahora lo tendrán que aceptar en carne propia. Nadie sabe para quién trabaja. Y las pruebas parecen abundantes. En fechas recientes Morena se ha multiplicado en buscar distractores para no hablar de lo trágico que resulta para su supervivencia el hecho de ser considerados formalmente como un gobierno asociado a organizaciones terroristas. En este proceso se volcaron contra Maru Campos, la gobernadora de Chihuahua, por supuestamente haber autorizado un operativo de captura de líderes delincuenciales en territorio chihuahuense en el que habrían participado agentes de la CIA. Curiosamente dicho operativo contó con la vigilancia perimetral del ejército mexicano, es decir, una autoridad federal. Pero en el esfuerzo de distraer la atención de lo que sucede en el caso del Gobernador, Senador y otras autoridades de Sinaloa, incluso se sugirió que la gobernadora chihuahuense era sujeta de un posible desafuero y proceso por responsabilidad penal. La realidad es muy distinta. El que tengamos un narco estado institucionalizado desde las más altas esferas de Morena hace que la definición de traición a la patria cobre una nueva dimensión. Y la estructura en Sinaloa encuentra semejanzas en Tamaulipas, Sonora, Michoacán, Morelos, Guerrero, Veracruz, Tabasco, Chiapas, Oaxaca, Baja California, entre otros. Y por derivación también a nivel del gobierno federal. Dios los hace. En un intento desesperado de Morena por salvar a sus filas de las acusaciones desde EUA y la petición respectiva de detención inmediata y eventual extradición, la presidenta decidió que la forma de tratar de salir del callejón sin salida era exigir que se aportaran pruebas. Ignorando el texto del Tratado de Extradición y la importancia de la relación con EUA, la petición de pruebas rayó en lo absurdo. Pero cuando pensaron que tenían algo que decir, se dieron cita los testigos protegidos que desde el gobierno de Sinaloa se entregaron a las autoridades que llevan el caso en Nueva York. Así es que si pedían pruebas ahora los que declaran allá las aportarán a manos llenas. Menudo problema que tendrán los guindas ante la imposibilidad de decir que no hay evidencia de la culpabilidad de quienes claramente se asociaron con los hoy terroristas. Se acabó la fiesta. La salida de este laberinto implica al menos tres cosas. Primero, que Morena y sus dirigentes asuman que ya salió al descubierto su cohabitación con los terroristas. Segundo, que si no se depuran rápidamente quedará evidente que el liderazgo actual es fiel a la apuesta de su precursor y, por lo tanto, que son también delincuentes. Tercero, que desde EUA no se les dará margen de maniobra: los que no actúen con rectitud y demuestren no ser cómplices de organizaciones terroristas estarán expuestos a la persecución judicial desde Nueva York u otros tribunales en ese país. Y es que hemos estado sujetos a una mafia desde el poder en que se aliaron con la delincuencia por la vil y reprobable finalidad de hurtar recursos, dilapidar activos, y hartarse de ejercer atribuciones sin recato legal o moral alguno. Un ejemplo que los desnuda por completo es el huachicol fiscal: el esquema de facturación falsa y desvío de recursos públicos mediante empresas fantasma que permite a funcionarios y cómplices sustraer miles de millones de pesos del erario. En este ecosistema de corrupción se aliaron los delincuentes con el gobierno federal completo. El sistema solamente pudo haber tenido operatividad con la anuencia, complicidad y dirección de la Presidencia de la República. Ni más ni menos. Y esa responsabilidad migró a la actual presidenta puesto que ni se ha suspendido plenamente la actividad, ni se ha procesado a todos los inmiscuidos, y se ha tratado de desviar la atención a temas menores. A la ciudadanía nos toca reprobar ampliamente para que esta situación no se prolongue ni se repita. No podemos dejar que la alianza del narcoestado actual siga vigente. Esto no es normal. No lo debemos aceptar. Está claro entonces que en 2027 nos jugamos el pellejo. En esta guerra un elector en cada hijo nos dio. No dejemos de participar y ser parte de la solución. No hay mañana si no nos comprometemos. La única forma de romper este pacto de impunidad pasa por las urnas. Debemos rescatar la vigencia de la máxima de punibilidad, que quien la hace la paga. Ya basta de tener a tantas personas que desde el poder y con sus aliados se han burlado sistemáticamente del estado de derecho. No podemos depender de los reclamos desde EUA, aunque en la coyuntura son bienvenidos y necesarios. Busquemos cómo dar el ejemplo democrático: votemos, participemos como observadores electorales, exijamos transparencia en las campañas y no permitamos que la desinformación sustituya al debate público. El país nos pide un acto de decencia mínima. No permitamos que este pacto se perpetúe en México. Merecemos mucho mejor destino. Que los que tanto daño han hecho finalmente paguen sus fechorías. En nuestras manos ese cambio. P.D.1. La población de Chihuahua no se dejará engañar con trampas. Los ataques a Maru Campos desde el poder no sirven cuando es claro que los que critican a la gobernante son quienes están aliados con la delincuencia organizada. Ni en Chihuahua ni en el resto del país se va a permitir que esta putrefacción política siga contaminando la vida pública. Ya basta. P.D. 2. En mi vida profesional como abogado conocí hace unos años un colega que huyó del autoritarismo en Venezuela. Con tenacidad y perseverancia el colega se naturalizó y se certificó para ejercer la profesión en México. Hace unos meses me anunció que emigraría a los EUA porque no podía volver a vivir el avance autoritario en un país. Su expresión fue lapidaria: van en la misma ruta que Venezuela, pero más rápido.

P.D. 3. La situación financiera y operativa de Pemex es verdaderamente preocupante. No ayuda nada que se sigan designando y relevando a personas que pueden ser muy leales al gobierno pero absolutamente incompetentes. La hemorragia en pérdidas e ineficiencia está dejando un legado desastroso al país. Para colmo de males, según han reportado medios y analistas financieros, se truquearon los estados financieros para maquillar pérdidas. La pregunta es hasta cuándo se podrá seguir conduciendo con tal nivel de superficialidad e ineficiencia. La deuda a cargo de todos los mexicanos se está convirtiendo en una carga irracional. P.D.4. A pesar de que nos digan desde el gobierno que las cifras de violencia van a la baja, la realidad y lo que se percibe en todo el país no coincide con tales enunciados. Existen muchos lugares en que ya existen toques de queda de hecho porque a partir del atardecer todo mundo se guarda y se elimina la actividad económica sana respectiva. Esto es común en lugares como Culiacán, Celaya, Acapulco, Villahermosa, Ciudad Victoria, Fresnillo, y muchos más. Eso no es normal ni tolerable. Nos han robado la libertad. P.D.5. La forma en que la actual presidenta del INE ha roto los procesos de contratación para ingresar en la institución a sus parientes, amigos y allegados ya llegó a niveles de escándalo. No es posible dejar de hacerlo notar porque de ese instituto depende en gran medida la estabilidad democrática del país. Erosionar una institución ciudadana es criminal. P.D.6. La reciente iniciativa de modificaciones a la reforma judicial pone de manifiesto que aún desde Morena ya se dieron cuenta que llevar a cabo la segunda fase de la elección pendiente para 2027 generaría una hecatombe. Pero al diferir a 2028 lo harán con una serie de parches y entuertos que, por un lado, ponen de manifiesto que reconocen las deficiencias de la reforma, pero por otro, son incapaces de realmente corregir. Son curitas a una enfermedad letal. Y los síntomas están claros ante la falta de inversiones en el país. P.D.7. Una nueva reducción a la calificación crediticia del país es una pésima noticia. Estamos ya a solo un escalón de perder el grado de inversión. Si eso llegara a suceder toda nuestra deuda sería calificada como basura y los fondos de inversión internacional tendrían que salir de México inmediatamente. La debacle sería mayúscula. Pero cuando un gobierno se encarga de destruir la certeza y certidumbre estas cosas son consecuencias naturales. Son responsables del desastre inminente. _____ Notas del editor: Juan Francisco Torres Landa es miembro del Consejo Directivo de UNE México y de la red de Unid@s. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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Morena no es México, no se engañen

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Opinión de Jorge Romero Herrera

El pasado fin de semana, fuimos testigos de dos eventos que mostraron fielmente lo que ya había descrito en pasadas colaboraciones: en México no estamos hablando ya únicamente de una diferencia partidista. Estamos hablando de dos visiones completamente distintas de país.

Por un lado, un oficialismo desesperado encabezado por la propia presidenta de la República que defiende, protege y blinda a sus personajes acusados de involucrarse con bandas de criminales -a costa de poner en riesgo al país-, y del otro lado, quienes siguen creyendo en la libertad, en la legalidad y en la necesidad de construir un México donde el Estado no se arrodille frente al crimen organizado y el combatirlo no genere la persecución política y el descrédito.

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Lo vivido este sábado en Chihuahua nos llena de orgullo y de esperanza. Fue una demostración contundente de que no podemos rendirnos. Se sintió en el ambiente. Se vibró en cada mensaje. Se reflejó en la presencia de miles de chihuahuenses que salieron a defender a una gobernadora que no se ha escondido ni un instante y que ha enfrentado cada ataque con determinación y carácter. Chihuahua habló fuerte y claro. No fue una movilización impulsada por el miedo. Fue una movilización impulsada por la convicción de que cuando se comete una injusticia, la ciudadanía tiene el derecho y la obligación de levantar la voz.

En Acción Nacional estamos con Maru. Lo estamos porque creemos en ella, porque conocemos su trayectoria, porque sabemos de los resultados que ha entregado a las familias chihuahuenses y porque reconocemos, como millones de mexicanas y mexicanos, que lo que hoy enfrenta tiene todos los elementos de una persecución política. Ella tiene el respaldo de su estado, de su partido y de millones de mexicanas y mexicanos en todo el país que observan con preocupación cómo las instituciones del Estado comienzan a utilizarse con criterios políticos y no jurídicos porque ese es el fondo del problema.

Mientras una gobernadora de oposición es sometida a una presión permanente por haber enfrentado al crimen organizado y por haber cumplido con su deber, vemos cómo personajes cercanos al oficialismo reciben protección, silencio o explicaciones que buscan justificar lo injustificable, por eso resulta tan revelador lo ocurrido con el intento de juicio político promovido contra Maru Campos.

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Hicieron anuncios, convocaron conferencias, generaron titulares y pretendieron construir una narrativa de culpabilidad anticipada. Sin embargo, cuando llegó el momento de sostener jurídicamente sus acusaciones, ni siquiera fueron capaces de ratificar la solicitud dentro del plazo legal establecido.

La propia presidenta de la Cámara de Diputados, la diputada Kenia López Rabadán, confirmó que el plazo venció y que los promoventes no acudieron a ratificar su petición. Así terminó un episodio que demuestra que muchas veces el objetivo no es encontrar justicia, sino fabricar escándalos, crear cortinas de humo.

Por eso, a lo largo del encuentro, una consigna fue cobrando fuerza hasta convertirse en la voz de miles de personas: Yo con Maru. No es solamente un lema. Es una definición. Es una manera de decir que estamos del lado de quien enfrenta al crimen y no del lado de quien lo tolera y hay una imagen que retrata perfectamente el momento que vive el país. Por eso miles de panistas en todo México nos hemos puesto con orgullo la camiseta de “Yo con Maru”. Lo hicimos en Chihuahua. Lo hicieron nuestras senadoras y senadores. Lo han hecho dirigentes, legisladores y ciudadanos. En contraste, no hemos visto a un solo morenista ponerse una camiseta que diga “Yo con Rocha”. Ni uno solo, esa diferencia no es casualidad. Cuando hay convicción. Cuando existe certeza moral. Por eso unos salen a defender con orgullo y otros prefieren guardar silencio, por eso unos dan la cara y otros se esconden detrás de comunicados. Preocupa que, frente a los escándalos que involucran a figuras relevantes de Morena en distintos puntos del país, la respuesta del gobierno siga siendo la misma: envolver cualquier cuestionamiento legítimo en una narrativa de confrontación entre patriotas y “traidores” que solo existen en su imaginario. En lugar de aclarar dudas, investigar responsabilidades o rendir cuentas, se recurre al discurso de la soberanía, la defensa de la patria y la transformación como un escudo político para descalificar a quienes exigen explicaciones. Que les quede muy claro: nadie está en contra de México ni del amor a nuestra patria. Nadie está atacando a México. Morena no es México. Es preocupante utilizar esos sentimientos compartidos por millones de mexicanas y mexicanos para desviar la atención de problemas concretos. La defensa de la soberanía nacional no puede convertirse en una excusa para evitar la rendición de cuentas, ni el respaldo popular puede sustituir la obligación constitucional de transparentar decisiones y esclarecer conductas indebidas de servidores públicos o dirigentes partidistas. No vamos a aceptar que se persiga a quienes combaten al crimen mientras se protege a quienes están rodeados de cuestionamientos. No podemos aceptar que existan gobernadores de primera y gobernadores de segunda dependiendo del color de su partido. En Acción Nacional no tenemos dudas sobre de qué lado estamos. Frente a los intentos de intimidación y al uso faccioso de las instituciones, estaremos junto a Maru Campos porque sabemos que esta causa trasciende a una persona o a un gobierno. Lo que está en juego es algo mucho más importante: el derecho de millones de mexicanas y mexicanos a vivir en un país donde la ley se apliquen con imparcialidad y donde pensar distinto no sea motivo de persecución. Por eso, desde Chihuahua se envía hoy un mensaje que debe escucharse en todo México: no van a dividirnos, no van a doblegarnos y no van a lograr que guardemos silencio frente a una injusticia. Mientras desde el oficialismo el mensaje es de desesperación, impunidad y contubernio. POR JORGE ROMERO HERRERA PRESIDENTE DEL PARTIDO ACCIÓN NACIONAL

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Sheinbaum relanza al PAN

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Opinión de Juan Ignacio Zavala | El Heraldo de México |

Lo que el PAN rompió, lo pega Claudia. Jorge Romero, presidente del PAN, ha intentado de manera infructuosa poner a su partido en la órbita de la opinión pública. También ha hecho intentos de reconstruir las relaciones rotas hace mucho tiempo en ese partido con poco éxito. Ha intentado acercarse a los dos expresidentes salidos de ese partido y siempre ha tenido palabras amables para ellos, pero nada de un evento juntos. El PAN continuaba igual que antes: a la deriva y sin causas visibles.

Hasta que Claudia Sheinbaum decidió atacar de frente a la gobernadora panista Maru Campos. En efecto, la Presidenta y su partido emprendieron una ruda ofensiva en contra de la chihuahuense, que jamás se imaginó estar en medio de una polémica nacional y que su nombre destacara en todos los noticieros y redes sociales. El PAN entendió que era su oportunidad de oro y montó enseguida una defensa de su gobernadora y la arroparon desde un inicio. Campos se dedicó a dar entrevistas por doquier y a denunciar la persecución en su contra. Finalmente, la oposición panista tenía una causa propia y quien la representara.

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Se puede decir que este “relanzamiento del PAN” corrió a cargo de Claudia Sheinbaum. Fue ella la que empezó los ataques contra Campos y, más aún, insiste en mantener los señalamientos. Ya ha sido muy comentado que la intención oficial es igualar los marcadores de la denuncia estadounidense por Rocha Moya, Inzunza y demás morenistas que son reclamados por la justicia de ese país. Por eso a sus gobernantes calificados como narcos quieren equiparar a una panista acusada de traición a la patria por transgredir la ley en la cooperación con la CIA. No es poca cosa. Y en lo que deciden qué hacer con los morenistas y sus relaciones con el crimen organizado, han comenzado un proceso contra la gobernadora de Chihuahua. Con la diferencia de que todo lo que sucede con la chihuahuense lo sabe la población: la acusación, el citatorio, las fecha del citatorio, el recibimiento de éste, quiénes lo entregaron y quiénes lo recibieron. Todo. En el caso de Rocha Moya e Inzunza no sabemos nada. Ellos dijeron que fueron a la FGR, pero nadie vio nada, todo lo hacen a escondidas.

Al igual que en su informe del día de ayer, parece que la Presidenta ha escogido el combate al crimen como eje discursivo para compararse con los gobiernos pasados y marcar una diferencia con Estados Unidos. Su problema no es de discurso, sino de realidad, pues los señalados son de su partido y parece que vienen varios nombres más de esos que la Presidenta les dice “compañeros de lucha”.

El fin de semana, en Chihuahua, los panistas armaron un evento de apoyo a Maru Campos. Lo que quedó claro es que el panismo ya tiene un grito en la calle y se está organizando para dar la batalla en un campo de acción que tendrá que ver con el combate al crimen organizado. En ese evento estuvieron juntos Felipe Calderón y Vicente Fox, algo que no sucedía desde hace años. Los expresidentes panistas se mostraron felices de estar arengando a la gente nuevamente, los panistas muy contentos de tener sus líderes de nivel nacional juntos, y todo gracias a doña Claudia. Nadie sabe para quién trabaja.

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POR JUAN IGNACIO ZAVALA

@juanizavala

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Incongruencias

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Opinión de Raymundo Riva Palacio

¿Cómo funciona la mente de la presidenta Claudia Sheinbaum? Uno de sus atributos ha sido su formación de científica que utiliza el método científico para generar conocimiento, mediante el análisis de datos basados en evidencias y formular soluciones a los problemas. Sin embargo, después de dos años en el poder, puso seis metros bajo tierra a la cientificidad. Como vieron el domingo, el pragmatismo tecnocrático que mostró en el arranque de su sexenio, lo cambió por la ideología. Su sesgo incubado la sacó del clóset y redefinió su gobierno, la relación con Estados Unidos y, de seguir lo que trazó, la historia mexicana.

Sepultada la cabeza fría y finalmente expuesta su sangre caliente, la presidenta, tardó menos de 24 horas en mostrar la incongruencia intelectual del momento cúspide de su discurso para conmemorar su triunfo electoral hace dos años, la denuncia del intervencionismo de Estados Unidos en la política interna de México y en las elecciones intermedias del próximo año. Lo hizo hablando ayer de Colombia, al sumarse a la posición del presidente Gustavo Petro, y señalar posible fraude en las elecciones presidenciales en ese país. ¿Por qué tenía que meterse?

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No hay ninguna diferencia entre lo que denunció del gobierno de Donald Trump y lo que declaró sobre las elecciones en Colombia. Fue tan injerencista como Trump, mostrando la debilidad de su argumento y la forma sesgada y maniquea cómo ve la intromisión en los asuntos internos de otros países: si es para apoyar a gobiernos con quienes tiene identificación ideológica y política, o cuestionar a gobiernos que piensan diferente al suyo, no hay intervencionismo. Todo lo demás, sí. Su mente funciona con parcialidad de variables, donde excluye todas aquellas que son relevantes, pero no se ajustan a su pensamiento.

Esta contradicción es lo que funcionarios estadounidenses califican como una hipocresía. Ella, quizás, ni siquiera lo puede ver. En Barcelona, donde acudió a un encuentro de líderes convocados por el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, se tomó una fotografía con un letrero donde pedía “justicia” para Cristina Fernández, la expresidenta argentina que está en prisión domiciliaria por un fraude de más de 500 millones de dólares. Sheinbaum ignoró, o no cree, que Fernández fue estuvo involucrada en un escandaloso caso de corrupción institucional y que pasó por la justicia argentina.

No ha cuidado tampoco su inclinación y pleno respaldo por el expresidente de Perú, Pedro Castillo -incluso recibió en Palacio Nacional a su abogado-, que fue condenado a 15 años de prisión por el delito de conspiración para una rebelión, tras un fallido autogolpe en 2022. La presidenta ha dicho que es una “injusticia” porque fue él quien cayó por un golpe de Estado y es víctima de persecución política. La justicia peruana tiene otros datos.

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Con Ecuador mantiene un diferendo heredado por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que le dio asilo al exvicepresidente Jorge Glas en 2023, pese a haber sido condenado por corrupción y estar sujeto a proceso por otros delitos. En reacción a ello, el presidente Daniel Noboa autorizó el asalto a la Embajada de México en Quito, violando tratados internacionales. Sheinbaum no ha resuelto el conflicto diplomático, y ha asegurado que no restablecerá las relaciones mientras Noboa siga siendo presidente.

Sheinbaum ha sido declarada persona non-grata en esos países, una categoría que solo comparte con dos expresidentes mexicanos, Vicente Fox y Felipe Calderón, que recibieron el mismo tratamiento por el expresidente de Venezuela, Nicolás Maduro, por criticar el estado de la democracia en ese país. La presidenta, por el contrario, buscó coordinar acciones latinoamericanas para defender a Maduro cuando Estados Unidos intervino Venezuela para extraerlo y llevarlo ante los tribunales en Brooklyn, acusado de narcotráfico.

La presidenta, como antes lo hizo López Obrador, nunca se pronunció contra la falta de libertades en Cuba, Nicaragua y la Venezuela chavista, cuyos regímenes dictatoriales apoyó sin matices. Ella es parte de un movimiento que lleva ocho años en Palacio Nacional, que abiertamente intervino en las elecciones en Estados Unidos, cuando López Obrador pidió votar contra los republicanos, enviando recursos disfrazados de presupuesto para los consulados para hacer activismo político.

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En su decantamiento por Petro e intervencionismo en los asuntos internos de Colombia, la presidenta dijo que previamente a las elecciones de este domingo había habido una ofensiva mediática y campañas de desinformación impulsadas por una red internacional, que fue una de sus denuncias el domingo, como parte de una conspiración de la ultraderecha internacional y de Estados Unidos.

Pero no impidió, sino al contrario, permitió que su coordinador de asesores, Jesús Ramírez Cuevas, el jefe de la propaganda obradorista e ideólogo de la polarización, financiara un canal dirigido por el español Pablo Iglesias -que es asesor de Sheinbaum-, por donde entró la maquinaria de propaganda del Kremlin, que se ha documentado generó por años campañas de desinformación a través de noticias falsas para incidir en procesos electorales en Estados Unidos y provocar desestabilización.

La posición binaria de Sheinbaum sobre el injerencismo y el intervencionismo es muy propio de la cultura del obradorismo, al igual que la discrecionalidad con la que aplican la Doctrina Estrada, siempre a flor de boca de la presidenta, pero que se aplica acorde de sus filias y fobias ideológicas. Esta dualidad intelectual y política la quita espacios de maniobra frente a Estados Unidos y anula sus demandas de no intervencionismo. Para poder mantener esa posición con eficacia, requiere de tener una autoridad política y diplomática, además de moral. Si no la tiene, ¿cómo puede esperar que la tomen en serio cuando aplica en otros lo que no quiere que le hagan a ella?

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Funcionar bajo un pensamiento con parcialidad de variables, lleva en política a diagnósticos equivocados y conclusiones fallidas. Le ha quitado coherencia diplomática a su discurso -perdiendo autoridad en el mundo, cuando alguna vez fue respetado por la consistencia de sus principios-, y potencia argumentativa. La presidenta sigue perdiendo credibilidad y no lo ve de esa manera, lo que explica su posición intervencionista en Colombia.

No puede esgrimir neutralidad y tener la fuerza para denunciar el intervencionismo de Washington, porque su palabra ha perdido credibilidad frente a Estados Unidos. Al perder consistencia con su doble rasero de la autodeterminación, quedó expuesta por la mezcla de soberanía con protección política de criminales que hizo en su discurso, en momento donde su endurecimiento también existe del otro lado del Río Bravo.

rrivapalacio2024@gmail.com

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