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La FGR y el arte de no ver

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Opinión de Alberto Guerrero Baena

El escándalo que nos desnuda

Hay momentos en que una crisis política deja de ser un episodio coyuntural para convertirse en radiografía. El caso del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, es exactamente eso: una imagen clínica, brutal y sin filtros de lo que ocurre cuando un Estado decide que la militancia pesa más que el derecho, que la lealtad política importa más que los tratados internacionales firmados con tinta y compromiso solemne. La acusación formulada por la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York —cargos de crimen organizado, posesión de armas y tráfico de drogas— no llegó de la nada. Llegó con expediente, con evidencia, con nombre y apellido. Y la respuesta de México fue, en el mejor de los casos, vergonzosa.

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El tratado que nadie quiere leer La FGR: fiscal de partido, no fiscal de la república

No se trata de defender la injerencia extranjera ni de aplaudir la narrativa de Washington. Se trata de algo mucho más simple y mucho más incómodo: México tiene obligaciones jurídicas firmadas que no puede ignorar cada vez que el acusado porta credencial de militante oficialista. El Tratado de Extradición entre México y Estados Unidos, suscrito en 1978 y en vigor desde 1980, establece un protocolo claro, ordenado y sin ambigüedades. Cuando una autoridad judicial extranjera formula una solicitud de captura provisional o extradición, los canales son precisos: la vía diplomática a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores, la intervención de la Fiscalía General de la República como autoridad central, la valoración jurídica del expediente y, en su caso, la detención provisional del reclamado mientras se resuelve el fondo del asunto. El tratado no tiene cláusula de excepción por afinidad partidista. No existe el artículo que diga ‘salvo que el requerido sea gobernador del partido en el gobierno’. Sin embargo, lo que hemos presenciado es exactamente lo contrario al protocolo. La Cancillería mexicana respondió con indignación performativa, acusando intromisión a la soberanía nacional. La FGR optó por el silencio cómplice y la omisión deliberada. Nadie tocó las puertas que el tratado señala. Nadie procesó el expediente con la seriedad jurídica que la situación exige. En su lugar, funcionarios de alto rango construyeron una defensa ideológica de un hombre señalado de tener vínculos con estructuras criminales que llevan décadas desangrando a Sinaloa y al país. Ningún episodio de este escándalo resulta más grave —ni más revelador— que la actuación pública del vocero de la Fiscalía General de la República. Su papel, definido con precisión quirúrgica por la Constitución y por el propio Tratado de Extradición, es uno solo: recibir la solicitud formal de la autoridad requirente, analizar su contenido con rigor técnico-jurídico, verificar el cumplimiento de los requisitos establecidos en el tratado bilateral y activar los mecanismos procesales correspondientes. Eso es todo.

La Cancillería: ventanilla con delirios de tribuna

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No hay más. No hay margen para el discurso patriótico, no hay espacio para la trinchera ideológica, no existe ningún fundamento legal que autorice al vocero de la institución persecutora del Estado mexicano a salir ante los medios a defender a un gobernador acusado con el lenguaje encendido de un militante de mitin. Lo que hizo la FGR, a través de su vocería, no fue derecho. Fue propaganda. Y esa distinción no es semántica: es la diferencia entre una institución que funciona y una que ha sido capturada. Mientras el vocero argumentaba soberanía herida y agravios geopolíticos, la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York construía su caso con la parsimonia y la metodología que caracteriza a esa oficina: sin aspavientos, sin ruido mediático, con la certeza de quien sabe que los tiempos legales le pertenecen. Nueva York no tiene prisa porque el derecho no la obliga a tenerla. Presentará sus pruebas cuando el proceso lo requiera, con la solidez que los tribunales federales estadounidenses exigen. Mientras tanto, México desperdició su única ventana de actuación institucional seria haciendo exactamente lo que no debía: política. La FGR no es el departamento jurídico del partido gobernante. No es la oficina de comunicación del Ejecutivo federal. Es, por mandato constitucional, la institución encargada de investigar y perseguir los delitos del orden federal y de actuar como autoridad central en materia de cooperación jurídica internacional. Esa función no admite matices partidistas ni soberanismos de doble discurso. Admite una sola cosa: obediencia al marco jurídico vigente, con independencia de quién sea el imputado. La Secretaría de Relaciones Exteriores tiene, en los procesos de extradición, un papel técnico perfectamente delimitado: es la ventanilla diplomática por la que transita formalmente la solicitud extranjera hacia la autoridad central, que es la FGR. Su función es de canal, no de juez. Es de transmisión, no de deliberación política.

La gobernanza criminal: el elefante en la habitación La salida que nadie quiere tomar

La Cancillería no tiene atribuciones para calificar el mérito jurídico de una acusación formulada por un tribunal extranjero, ni para emitir juicios de valor sobre la pertinencia política de una solicitud de extradición. Eso no está en su mandato. Nunca lo estuvo. Sin embargo, la SRE decidió abandonar su rol de operador jurídico-diplomático para convertirse en vocera de indignación nacional. Cada declaración pública de la Cancillería en este caso fue un paso fuera de su competencia legal y un paso dentro del pantano político. El resultado es predecible: México debilitó su posición negociadora, exhibió la porosidad de sus instituciones ante la presión política interna y envió a Washington un mensaje que ningún gobierno responsable debería enviar: que los tratados bilaterales se cumplen de manera selectiva. Detrás del escándalo Rocha Moya existe una pregunta que ningún funcionario mexicano ha respondido con honestidad: ¿Hasta dónde ha penetrado el crimen organizado en los procesos electorales y en el ejercicio del poder público? La sospecha fundada de financiamiento criminal a campañas políticas no es una invención de fiscales con agenda geopolítica. Es una realidad documentada, denunciada por investigadores, periodistas y organismos internacionales durante años. La diferencia es que ahora tiene rostro institucional, un gobernador en funciones, un nombre que obliga a responder. Ignorarlo es, en sí mismo, una política pública: la del avestruz. La solución no es ideológica. Es jurídica y exige decisión institucional. La FGR debe activar los mecanismos del tratado, analizar el expediente sin condicionamientos políticos y determinar si procede la detención provisional conforme a sus artículos. La SRE debe regresar a su función de canal diplomático y dejar de emitir juicios que no le corresponden. El Poder Judicial debe garantizar independencia frente a presiones del Ejecutivo. Ninguna de estas acciones implica rendirse ante Washington. Implica cumplir con obligaciones que México asumió soberana y libremente hace más de cuatro décadas.

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El caso Rocha Moya no es únicamente la historia de un gobernador acusado. Es la historia de un sistema que, cuando se ve acorralado, elige la trinchera ideológica sobre el Estado de Derecho. La ley no es optativa. Ni siquiera cuando el acusado es militante. _____ Nota del editor: Alberto Guerrero Baena es consultor especializado en Política de Seguridad, Policía y Movimientos Sociales, además de titular de la Escuela de Seguridad Pública y Política Criminal del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos, así como exfuncionario de Seguridad Municipal y Estatal. Puedes escucharlo con su análisis en Políticas de Seguridad los martes a las 5: 25 hrs y los miércoles a las 18:20 hrs en MVS Noticias, en el 102.5 FM de la Ciudad de México. Escríbele a albertobaenamx@gmail.com Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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Internacionales

¿Qué pasa con GAC? Caen sus ventas, aumentan inventarios y la Bolsa de Shanghái pide explicaciones

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La Bolsa de Shanghái pidió a GAC Group detalles sobre el desempeño de su negocio automotriz durante 2025, después de que la compañía reportara una combinación de menor demanda, crecimiento de inventarios y un aumento en los costos asociados con la fabricación de vehículos.

GAC, que cotiza en ese mercado bajo la clave 601238, recibió el requerimiento el 30 de enero. La empresa respondió el 15 de marzo mediante un documento de 26 páginas en el que explicó los factores que afectaron sus operaciones durante el año pasado.

Uno de los principales puntos estuvo relacionado con el comportamiento de Trumpchi y AION. Las dos marcas comercializaron 609 mil 242 unidades en 2025, una reducción de 22.83 por ciento frente al año anterior. El menor volumen de ventas tuvo consecuencias sobre la producción y dejó una mayor cantidad de vehículos en existencia.

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Los inventarios conjuntos de ambas marcas aumentaron más de 35 por ciento durante el año. GAC describió este comportamiento como una “acumulación pasiva” de unidades terminadas y, ante la posibilidad de colocar parte de esos vehículos por debajo de su valor, elevó sus provisiones a casi cuatro veces el nivel previo.

El ajuste también alcanzó a determinados modelos de AION. En esos vehículos, los precios de venta disminuyeron con mayor rapidez que los costos de fabricación, por lo que la diferencia generó pérdidas adicionales sobre las unidades que permanecían almacenadas.

La menor producción modificó además la estructura de costos de la compañía. Los gastos de mano de obra, depreciación y amortización se distribuyeron entre una cantidad menor de automóviles, lo que llevó a GAC a calcular un incremento de alrededor de 40 por ciento en sus costos fijos por unidad.

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La automotriz también aplicó reducciones de precio para estimular la demanda. En algunos de sus principales modelos, los descuentos se ubicaron generalmente entre 15 mil y 30 mil yuanes, equivalentes a unos 2 mil 232 y 4 mil 464 dólares. Con estas medidas, la empresa buscó elevar la comercialización en un contexto de menor volumen de ventas.

El deterioro de las condiciones del negocio no quedó limitado a las marcas propias de GAC. En su información a la Bolsa de Shanghái, el grupo incluyó la situación de sus empresas conjuntas, entre ellas GAC Honda, que reconoció un deterioro de activos cercano a 700 millones de yuanes, unos 104 millones de dólares.

GAC Honda también inició modificaciones en su infraestructura industrial, con el retiro, cierre o modernización de instalaciones destinadas a estampado, soldadura, pintura y ensamble. Los datos del grupo muestran que la participación de las marcas japonesas en las ventas de automóviles de pasajeros pasó de 24.1 por ciento en 2020 a 9.7 por ciento cinco años después.

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En GAC Honda, además, más de 95 por ciento de las ventas de los últimos tres años correspondieron a vehículos con motores de combustión. En el conjunto de la operación automotriz de GAC, la combinación de menores ventas, mayores costos por unidad, inventarios más altos y ajustes en sus empresas conjuntas quedó bajo revisión de la Bolsa de Shanghái a partir de la información presentada por la compañía sobre sus resultados de 2025.

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Nacionales

SiGMA North America pone el foco en regulación e innovación del juego en México

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La discusión sobre el futuro de la industria del juego regulado en México tuvo esta semana un punto de encuentro en SiGMA North America 2026, cuya primera edición reunió en la Ciudad de México a autoridades, empresarios y especialistas, justo cuando el Gobierno federal prepara una propuesta para actualizar la legislación vigente desde 1947.

El encuentro se celebró los días 2 y 3 de septiembre en Centro Banamex, con la participación de representantes de los sectores de juego regulado, esports, fintech, inteligencia artificial, blockchain, pagos digitales y ciberseguridad. La regulación, la innovación tecnológica y el crecimiento sostenible estuvieron entre los principales temas de discusión.

La inauguración contó con Edgar Ciceño Velasco, titular de la Unidad de Inteligencia Económica Global y secretario ejecutivo del Consejo Nacional de la Agenda 2030, en representación de la Secretaría de Economía; Omar Monroy, titular de Convenciones y Congresos del Fondo de Desarrollo Turístico; Genaro Lozano, embajador de México en Italia, Malta y San Marino, y Eman Pulis, fundador de SiGMA World.

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Durante la apertura, Ciceño Velasco señaló que la realización de SiGMA en el país refleja la creciente relevancia de México y Latinoamérica dentro de una industria cada vez más relacionada con los servicios digitales, fintech, inteligencia artificial y el desarrollo de nuevos modelos de negocio.

El encuentro coincidió con una definición relevante para el sector. Este jueves, durante la conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum, la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, informó que el Gobierno federal prácticamente concluyó la revisión interna sobre casinos y centros de apuestas y ya cuenta con una propuesta para renovar el marco legal.

Ya tenemos una propuesta de ley, todavía la vamos a poner a consideración del Gabinete de Seguridad, pero ya la hemos estado viendo con diferentes instancias”, señaló Rodríguez. La funcionaria agregó que la propia industria ha solicitado una actualización de la legislación.

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La primera edición de SiGMA North America se desarrolló así en medio de la discusión sobre las reglas que definirán la siguiente etapa del sector en México. La eventual actualización de una legislación que data de 1947 abre un nuevo escenario para una industria que en los últimos años ha incorporado tecnologías, plataformas y modelos de negocio que no existían cuando se diseñó el marco jurídico actual. DA

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Nacionales

Aseguran tres predios en Ciudad Juárez por presunta red de combustible; investigan vínculo con LPE Transportes

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Una investigación iniciada tras el hallazgo de una toma clandestina de hidrocarburos en Ciudad Juárez llevó al aseguramiento de tres predios, donde las autoridades buscan establecer la posible operación de una red dedicada al almacenamiento y distribución ilegal de diésel.

Entre los elementos que forman parte de las indagatorias se encuentra LPE Transportes, empresa dedicada al transporte de personal. Sin embargo, hasta el momento no existe una resolución judicial que determine que la compañía haya cometido algún delito.

¿Qué encontraron las autoridades?

Uno de los inmuebles asegurados está ubicado frente a Riberas del Bravo, en el cruce de Puerto de Dunquerque y Hermenegildo Luna, y permanece bajo resguardo de la Policía Estatal y del Ejército Mexicano.

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Reportes publicados el 23 de julio de 2026 señalaron que en ese sitio fueron localizados autobuses utilizados para transporte de personal, además de estructuras que aparentaban haber sido empleadas para el despacho de combustible. Estos elementos forman parte de la evidencia que deberá ser revisada por las autoridades para determinar su relación con la investigación.

La indagatoria tiene como antecedente el descubrimiento de una toma clandestina en la zona de El Sauzal. Después de ese hallazgo se realizaron aseguramientos en otros puntos, con el objetivo de determinar si existe una conexión entre los inmuebles y establecer la posible ruta del hidrocarburo.

Las versiones periodísticas sobre el caso apuntan a una operación con capacidad para movilizar cientos de miles de litros de combustible al año. No obstante, el volumen y el destino del diésel aún requieren confirmación mediante documentación oficial y las pruebas que formen parte de la carpeta de investigación.

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El origen del combustible, una de las claves

Uno de los aspectos que deberán esclarecer las autoridades es la forma en que el combustible habría sido adquirido, almacenado, trasladado y distribuido.

Para determinar esa ruta será necesario revisar documentos fiscales, registros de compra, movimientos financieros, bitácoras de vehículos, permisos y otros elementos que permitan establecer la trazabilidad del diésel. La presencia de infraestructura para el manejo de hidrocarburos, por sí sola, tampoco permite determinar quién la utilizó o cuál era su propósito.

Otro dato incorporado al contexto de las indagatorias es el crecimiento de la flota de LPE Transportes. En agosto de 2025, la empresa adquirió 28 autobuses modelo 2026, marca Internacional Zafiro GT, con calefacción, aire acondicionado y conexión WiFi.

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La incorporación de estas unidades refleja una ampliación de la capacidad operativa de la compañía, pero no acredita que los recursos destinados a la compra tuvieran un origen ilícito. Para establecerlo se requeriría una revisión financiera que, hasta ahora, no ha sido acreditada públicamente.

El costo del combustible también forma parte del contexto del sector. El diésel representa uno de los principales gastos para las empresas de transporte y, durante 2026, operadores de Ciudad Juárez reportaron presión sobre sus costos a causa del incremento del combustible.

Esa situación puede explicar el interés económico que tendría el uso de combustible de procedencia ilegal para cualquier operador, pero no constituye evidencia de que LPE Transportes haya recurrido a esa práctica. Para establecer una relación sería necesario acreditar el origen y destino del combustible utilizado por sus unidades.

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¿Quiénes aparecen vinculados a la investigación?

En las versiones difundidas sobre el caso también figuran Jorge Ortega Trejo, conocido como “El Contador”, y Eduardo Ortega Ramírez, señalados por posibles vínculos con la estructura bajo investigación.

Hasta la fecha de corte no existe información oficial que confirme una imputación, una orden de aprehensión o una sentencia contra ellos. Por ello, los señalamientos forman parte de una línea de investigación y no constituyen una determinación de responsabilidad.

La investigación deberá establecer, con base en pruebas, si existe alguna relación entre LPE Transportes, los tres predios asegurados y la presunta red de combustible ilegal, además de determinar el origen del hidrocarburo y de los recursos involucrados.

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Por ahora, los aseguramientos confirman la existencia de una investigación en curso, pero no permiten atribuir responsabilidad penal a la empresa o a las personas mencionadas. Cualquier conclusión deberá derivar de las pruebas reunidas y de las determinaciones de las autoridades competentes.

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