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Nos quieren dejar atrás
Opinión de Juan Francisco Torres Landa R. | Expansión |
2026 inició con movimientos telúricos y políticos inesperados y trepidantes. En tan solo un par de días cambió el tablero mundial puesto que se vio como es que Estados Unidos tomó la decisión de ir por una persona que arrasó con todos los derechos humanos en Venezuela y que era crecientemente un peligro por sus vínculos con los enemigos mundiales de los americanos (rusos, chinos e iraníes). Se inauguró así una nueva época en que la Doctrina Monroe surgió nuevamente como una forma de establecer parámetros geográficos de influencia territorial. En este sentido se demarcó el hemisferio como uno en que la fuerza predominante debe ser la de los Estados Unidos y no los otros regímenes de otras latitudes. El mensaje fue claro, ahora no se admiten personas ajenas en este barrio. Y que nadie ose proponer algo distinto porque se le estrangulará con los medios disponibles, incluyendo los económicos, pero también la fuerza militar de ser necesario.
Y así nuevamente en este contexto la pregunta es dónde está México en la ecuación hemisférica y mundial. México ha perdido estatura en los foros internacionales. En algún momento hace algunos años nuestro país tenía una influencia enorme en los centros de decisión de temas multilaterales. México era ejemplo en cuanto a carrera diplomática y calidad del servicio exterior mexicano. Pero eso ha quedado atrás desde que en 2018 llegó al poder Morena y decidieron que era momento de considerar a los puestos en el extranjero como lugares donde depositar a personas que había que compensar por su entrega al partido aunque no tuvieran experiencia alguna para el puesto. En materia de política exterior se llegó a decir que lo mejor para ese terreno era la política interior (una más de las frases absurdas, algo pegajosas, que se utilizan en la retórica populista). Pero además de lo anterior, en este mismo periodo México ha carecido de un liderazgo en los temas internacionales torales. Como la vocación autoritaria ha sido la de implementar una agenda de control a ultranza, se marginó por completo el atender las prioridades externas por priorizar los intereses mezquinos locales. Nuestro país es uno de los que más tratados comerciales, fiscales y de protección de inversiones tiene en todo el orbe. La vinculación existente con cadenas de suministro, compra y venta de materias primas, manufactura de altas especificaciones, e integración industrial es evidente y abundante. No obstante dicha realidad económica, los dos gobiernos morenistas se han olvidado por completo de la lista de intereses de México en el exterior. El costo de dicho olvido y abandono es evidente al haber cometido errores imperdonables en la agenda y sacrificado el que se haya dejado de lado el seguir buscando dotar al país de la posibilidad de crecer económicamente. A base de malas decisiones y daños auto-infligidos (como la reforma judicial y la extinción de organismos constitucionales autónomos) se dio un doble efecto. Por un lado, se violentaron múltiples obligaciones en tratados internacionales que han venido detonando problemas con naciones que con justa razón incrementan la voz para reclamar que México se apartó de las reglas que se habían pactado para dar certidumbre. Y por el otro lado, al minar la confianza en nuestro grado de brindar certeza, muchas inversiones se congelaron, suspendieron o cancelaron. Tantas malas decisiones ya cobraron un costo enorme y por ello es que el país no crece. Los números no mienten y son contundentes. 7 años con promedio 0% en el incremento al PIB. Eso no es casualidad. Es la cruda realidad de lo que el mercado interpreta en México, incluso en un año como en 2025 en que Estados Unidos creció al 4.5% y nosotros al 0%. Primera vez en décadas en que México no sigue el patrón de comportamiento del vecino del norte. Abramos los ojos. En 2026 se va a dar el proceso formal que se pactó originalmente para hacer la primera revisión integral del TMEC a los 6 años del inicio de su vigencia. El gran problema es que lo que debería ser un proceso técnico se ha convertido en un batidillo por muchas pifias, empezando por los problemas de cambios innecesarios y absurdos que Morena instaló en su afán de concentrar poder. México violentó el TMEC en forma suicida al realizar la destrucción institucional salvaje (poder judicial, organismos constitucionales autónomos, amparo, etc.), en particular en los últimos 12 meses. Al haber hecho esto nuestro país, se le dio al Presidente Trump una ventaja estratégica brutal para una negociación de por sí compleja. Para abrir boca señalar que EUA estaría en serios aprietos al haber decidido unilateralmente imponer aranceles, una acción que le pega a la obligación más evidente de un tratado comercial, pero lo pudo hacer porque México ya había violentado sus propias obligaciones y así abrió la puerta para que los estadounidenses, y particularmente el Presidente Trump, pudiera tomar esa medida extrema frente al instrumento comercial sin tener que dar explicaciones mayores a nuestro país. Vamos a arrancar esa negociación con las manos atadas por las pésimas decisiones de un gobierno populista y autoritario.
Curiosamente, en una de las más grandes contradicciones de las que se puede tener noticia en cuestión política, Morena defiende a capa y espada el TMEC. Lo que parece una situación incongruente por ideología, se ha traducido en una necesidad absoluta por una simple y sencilla razón, Morena ha destruido por completo las condiciones que hubieran permitido un sano crecimiento y la realización de inversiones en México por sus iracundas medidas que hacen que en 7 años el crecimiento promedio de la economía sea de 0%, y entonces lo que apenas sostiene al país es la relación con la zona de Norteamérica y particularmente con los Estados Unidos. Así tenemos un gobierno que se dice de izquierda (en realidad son simplemente populistas autoritarios) y que a la vez defiende el libre comercio. No es casual sino resultado directo de un pragmatismo básico que parte de que el país está siendo destruido y que como lo único que sirve es la capacidad de manufactura conforme al TMEC, entonces a Morena no le queda de otra para no caer más rápido en quiebra y perder el flujo que les permite fondear los programas sociales que son su única medida de vinculación con la población en general. Todo al revés. Pragmatismo fétido. Por todas estas razones tenemos una situación realmente complicada para México. Se hizo todo lo equivocado para darle impulso a un país en que se iban construyendo libertades, instituciones y consolidación con crecimiento económico. Había evidentes tareas pendientes para abatir rezagos y emparejar la cancha. Pero en su lugar la agenda fue la de destruir todo sin pasar a algo que fuera siquiera comparable y empañó al país para meterlo en una secuela de pésimo desempeño económico. Y al hacerlo duplicaron en 7 años la deuda pública nacional al pasar de 10 billones (desde Guadalupe Victoria hasta Enrique Peña Nieto) a 20 billones (con los 2 Presidentes de Morena), más lo que sigan acumulando. Un desastre como se le vea y analice. La caída al precipicio de un desastre económico crónico. Otro obsequio brutalmente preocupante y lesivo es el que a México se le sigue pegando por la presencia masiva de contubernio con la delincuencia organizada. El Presidente Trump dice un día sí y otro también, que aunque simpatiza con la Presidenta Sheinbaum, el país lo rigen los organismos delincuenciales. Incluso se amenaza con la intervención territorial para socavar a dichas organizaciones por ser amenazas de seguridad pública para EUA. Tristemente esa presencia y dominio en muchas zonas del país es la cruda realidad del pacto que Morena tiene con los malos para fines electorales y que no se pueden ocultar con simple retórica. Una alianza perversa y evidente, incluso en escándalos como el huachicol fiscal.
Por eso es que ahora México está en un serio aprieto. Sin crecimiento económico, con una deuda pesada y creciente, y con pocos argumentos sólidos para negociar en igualdad de circunstancias, el Presidente Trump sabe que tiene una situación única, puede imponer las condiciones que quiera para la posible modificación del TMEC, aún y cuando fue él mismo quien negoció la versión original del instrumento, y entonces despacharse con pedir más cambios de los que se podrían pensar en condiciones normales. Y como para la administración de EUA el tema es salvaguardar su hegemonía hemisférica, entonces hay que alinear totalmente a México a esa línea, y nuestro país no parece tener otra alternativa más que ceder y someterse. De hecho, México ya cedió al cerrar las puertas mediante aranceles a productos chinos (a pesar de que eso detonará presiones inflacionarias importantes). Ahora tendrá que plegarse a que el propio TMEC sea otra herramienta de control desde el vecino país respecto a lo que México puede hacer o no en políticas comerciales. En los hechos México será una extensión de lo que se decida en la Casa Blanca porque no hay opción sino renovar el TMEC a como dé lugar. Es lo que es. Es cierto que el TMEC también trae enormes beneficios para los otros dos socios de la región y que Norteamérica es una zona de enorme competitividad y potencia económica por la integración industrial y resultantes cadenas de suministro. Pero desde el punto de vista puramente doméstico, México no está siendo considerado como una nación con potencia y capacidad de movimiento por sí solo. Somos la adición a una zona geográfica y no tenemos fuerza económica propia por haber devastado nuestras capacidades de atracción por las decisiones de los últimos 7 años que nos han dejado expuestos a los caprichos desde Washington. Menudo lío tener que ceder a todo ante el Presidente Trump. Pero así es. El análisis contrafactual es muy importante y apropiado. Si México hubiera seguido consolidando su papel como un socio confiable, con instituciones sólidas, con crecientes seguridades, desempeño solvente, y cumplimiento de sus obligaciones, hoy seguramente tendríamos registros de haber tenido un real crecimiento en la primera ola de nearshoring (que dejamos ir sin beneficio alguno), con infraestructura como el aeropuerto de Texcoco, mejores puertos y carreteras, inversiones crecientes, mejores sistemas de de educación y salud, protección al medio ambiente, industria turística excepcional, etc. Seguramente también habríamos hecho un mejor trabajo en asegurar mejores condiciones para las clases más desprotegidas, pero no solamente con programas sociales, sino con el verdadero motor de una movilidad social permanente, que es con inversiones y crecimiento económico, mismas que permiten que el estado fortalezca los servicios de salud, educación, seguridad, justicia y medio ambiente que son tan importantes y que hoy están completamente abandonados.
Por eso es que podemos señalar que hoy México se ha rezagado. No somos líderes en el mundo, y tampoco en la región. Estamos ante una perspectiva que nos sujeta a una perspectiva complicada. No podemos avanzar fuera y tampoco dentro. Los gobiernos guindas nos pretenden condenar a la mediocridad y la supervivencia básica porque no les interesa sino su agenda de poder. Y es en ese contexto que siguen insistiendo en la posibilidad de lanzar y aprobar una reforma electoral que en los hechos pretende asegurarles su permanencia en el poder a la mala al destruir la escalera democrática que les permitió a ellos llegar a ser gobierno. Eso sí se traduce en el peor de sus legados y la necesidad absoluta de que no se puede aceptar por el “pueblo bueno” que sabrá defenderse ante semejante abuso si lo quieren llegar a instalar. En los hechos eso sí nos condenaría a quedar permanente rezagados. Ya basta de tanto daño y abuso. Cuidado con el engaño de sustentar cambios en decir que la democracia es cara. La historia requiere un cambio y toca a todos cambiar la ruta actual de tan malos resultados y perspectivas. A cada uno nos toca ser parte de la resistencia civil que descarrile la perversa trayectoria en la que hoy nos han metido. No a una reforma electoral regresiva que nos condenaría a estar en la retaguardia democrática por décadas a merced de quienes hoy queda claro se configuran como enemigos de la transparencia y la rendición de cuentas. Son despreciables si pretenden quedarse así en sus puestos negando la posibilidad de respetar la voluntad popular. Así no. No dejaremos que cumplan su deseo en dejar atrás a los habitantes de México. Democráticamente llegaron, abusaron del poder, y democráticamente se retirarán. Esa determinación popular no se puede limitar de forma alguna. P.D.1. La situación en Venezuela sigue siendo muy delicado. Nadie cuestiona que la detención de Maduro es oportuna pensando en los habitantes de ese país. Sin embargo, es indispensable que haya un proyecto que permita elecciones libres para que el régimen autoritario no se perpetúe en el poder simplemente con otras personas que se alineen con lo que pide los Estados Unidos. A los venezolanos se les tiene que tomar en cuenta. P.D.2. La situación en Cuba es igualmente delicada. El régimen dictatorial aún en el poder ha pauperizado ese país al extremo de no tener energía eléctrica ni alimentos para satisfacer las necesidades básicas de la población. Un desastre humanitario. No obstante ello, el que México regale petróleo cuando no hay medicinas en hospitales públicos aquí es absurdo. Sobre todo porque la pobreza en Cuba es resultado de la no apertura democrática que inhibe su real potencial económico. Apoyar la dictadura es inaceptable, aunque se diga que las entregas son de carácter humanitario. P.D.3. Carlos Manzo no se puede olvidar. La muerte de este líder social marcó un antes y un después. El abandono del gobierno federal generó las condiciones para su muerte. Hoy las investigaciones no dan con un resultado solvente y más bien se aprecia que hay la idea de minimizar el evento y apostar al olvido. Eso no se puede permitir por la más elemental situación de justicia e intolerancia al abuso de los criminales (dentro y fuera del gobierno).
P.D.4. Los preparativos del Mundial marchan con rumbo incierto. En Guadalajara y Monterrey hay obras de transporte público y otros para mejorar las condiciones de los visitantes esperados. En la CDMX no hay nada sobre el particular. De hecho ni los baches se han corregido y la calidad de las instalaciones se ha deteriorado para demérito de todos sus habitantes. No se puede ser anfitriones con tal desastre urbano. Esperemos que al menos el Estadio Azteca (Banorte) quede en orden. P.D.5. Groenlandia es parte del nuevo tema geopolítico. La ruta de acceso polar en temas comerciales ha cambiado las prioridades mundiales. Es muy importante que no perdamos de vista este tema porque no va a desaparecer de la agenda pública. Es un tema central en la reconfiguración de las fuerzas más importantes del orbe, uno en el que se enfrentan Estados Unidos, Rusia y China. A seguir de cerca los acontecimientos con enormes consecuencias en esa región y por las tensiones con las naciones europeas y la estabilidad o no de la propia OTAN. _____ Notas del editor: Juan Francisco Torres Landa es miembro del Consejo Directivo de UNE México y de la red de Unid@s. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.
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Morena no es México, no se engañen
Opinión de Jorge Romero Herrera
El pasado fin de semana, fuimos testigos de dos eventos que mostraron fielmente lo que ya había descrito en pasadas colaboraciones: en México no estamos hablando ya únicamente de una diferencia partidista. Estamos hablando de dos visiones completamente distintas de país.
Por un lado, un oficialismo desesperado encabezado por la propia presidenta de la República que defiende, protege y blinda a sus personajes acusados de involucrarse con bandas de criminales -a costa de poner en riesgo al país-, y del otro lado, quienes siguen creyendo en la libertad, en la legalidad y en la necesidad de construir un México donde el Estado no se arrodille frente al crimen organizado y el combatirlo no genere la persecución política y el descrédito.
Lo vivido este sábado en Chihuahua nos llena de orgullo y de esperanza. Fue una demostración contundente de que no podemos rendirnos. Se sintió en el ambiente. Se vibró en cada mensaje. Se reflejó en la presencia de miles de chihuahuenses que salieron a defender a una gobernadora que no se ha escondido ni un instante y que ha enfrentado cada ataque con determinación y carácter. Chihuahua habló fuerte y claro. No fue una movilización impulsada por el miedo. Fue una movilización impulsada por la convicción de que cuando se comete una injusticia, la ciudadanía tiene el derecho y la obligación de levantar la voz.
En Acción Nacional estamos con Maru. Lo estamos porque creemos en ella, porque conocemos su trayectoria, porque sabemos de los resultados que ha entregado a las familias chihuahuenses y porque reconocemos, como millones de mexicanas y mexicanos, que lo que hoy enfrenta tiene todos los elementos de una persecución política. Ella tiene el respaldo de su estado, de su partido y de millones de mexicanas y mexicanos en todo el país que observan con preocupación cómo las instituciones del Estado comienzan a utilizarse con criterios políticos y no jurídicos porque ese es el fondo del problema.
Mientras una gobernadora de oposición es sometida a una presión permanente por haber enfrentado al crimen organizado y por haber cumplido con su deber, vemos cómo personajes cercanos al oficialismo reciben protección, silencio o explicaciones que buscan justificar lo injustificable, por eso resulta tan revelador lo ocurrido con el intento de juicio político promovido contra Maru Campos.
Hicieron anuncios, convocaron conferencias, generaron titulares y pretendieron construir una narrativa de culpabilidad anticipada. Sin embargo, cuando llegó el momento de sostener jurídicamente sus acusaciones, ni siquiera fueron capaces de ratificar la solicitud dentro del plazo legal establecido.
La propia presidenta de la Cámara de Diputados, la diputada Kenia López Rabadán, confirmó que el plazo venció y que los promoventes no acudieron a ratificar su petición. Así terminó un episodio que demuestra que muchas veces el objetivo no es encontrar justicia, sino fabricar escándalos, crear cortinas de humo.
Por eso, a lo largo del encuentro, una consigna fue cobrando fuerza hasta convertirse en la voz de miles de personas: Yo con Maru. No es solamente un lema. Es una definición. Es una manera de decir que estamos del lado de quien enfrenta al crimen y no del lado de quien lo tolera y hay una imagen que retrata perfectamente el momento que vive el país. Por eso miles de panistas en todo México nos hemos puesto con orgullo la camiseta de “Yo con Maru”. Lo hicimos en Chihuahua. Lo hicieron nuestras senadoras y senadores. Lo han hecho dirigentes, legisladores y ciudadanos. En contraste, no hemos visto a un solo morenista ponerse una camiseta que diga “Yo con Rocha”. Ni uno solo, esa diferencia no es casualidad. Cuando hay convicción. Cuando existe certeza moral. Por eso unos salen a defender con orgullo y otros prefieren guardar silencio, por eso unos dan la cara y otros se esconden detrás de comunicados. Preocupa que, frente a los escándalos que involucran a figuras relevantes de Morena en distintos puntos del país, la respuesta del gobierno siga siendo la misma: envolver cualquier cuestionamiento legítimo en una narrativa de confrontación entre patriotas y “traidores” que solo existen en su imaginario. En lugar de aclarar dudas, investigar responsabilidades o rendir cuentas, se recurre al discurso de la soberanía, la defensa de la patria y la transformación como un escudo político para descalificar a quienes exigen explicaciones. Que les quede muy claro: nadie está en contra de México ni del amor a nuestra patria. Nadie está atacando a México. Morena no es México. Es preocupante utilizar esos sentimientos compartidos por millones de mexicanas y mexicanos para desviar la atención de problemas concretos. La defensa de la soberanía nacional no puede convertirse en una excusa para evitar la rendición de cuentas, ni el respaldo popular puede sustituir la obligación constitucional de transparentar decisiones y esclarecer conductas indebidas de servidores públicos o dirigentes partidistas. No vamos a aceptar que se persiga a quienes combaten al crimen mientras se protege a quienes están rodeados de cuestionamientos. No podemos aceptar que existan gobernadores de primera y gobernadores de segunda dependiendo del color de su partido. En Acción Nacional no tenemos dudas sobre de qué lado estamos. Frente a los intentos de intimidación y al uso faccioso de las instituciones, estaremos junto a Maru Campos porque sabemos que esta causa trasciende a una persona o a un gobierno. Lo que está en juego es algo mucho más importante: el derecho de millones de mexicanas y mexicanos a vivir en un país donde la ley se apliquen con imparcialidad y donde pensar distinto no sea motivo de persecución. Por eso, desde Chihuahua se envía hoy un mensaje que debe escucharse en todo México: no van a dividirnos, no van a doblegarnos y no van a lograr que guardemos silencio frente a una injusticia. Mientras desde el oficialismo el mensaje es de desesperación, impunidad y contubernio. POR JORGE ROMERO HERRERA PRESIDENTE DEL PARTIDO ACCIÓN NACIONAL
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Sheinbaum relanza al PAN
Opinión de Juan Ignacio Zavala | El Heraldo de México |
Lo que el PAN rompió, lo pega Claudia. Jorge Romero, presidente del PAN, ha intentado de manera infructuosa poner a su partido en la órbita de la opinión pública. También ha hecho intentos de reconstruir las relaciones rotas hace mucho tiempo en ese partido con poco éxito. Ha intentado acercarse a los dos expresidentes salidos de ese partido y siempre ha tenido palabras amables para ellos, pero nada de un evento juntos. El PAN continuaba igual que antes: a la deriva y sin causas visibles.
Hasta que Claudia Sheinbaum decidió atacar de frente a la gobernadora panista Maru Campos. En efecto, la Presidenta y su partido emprendieron una ruda ofensiva en contra de la chihuahuense, que jamás se imaginó estar en medio de una polémica nacional y que su nombre destacara en todos los noticieros y redes sociales. El PAN entendió que era su oportunidad de oro y montó enseguida una defensa de su gobernadora y la arroparon desde un inicio. Campos se dedicó a dar entrevistas por doquier y a denunciar la persecución en su contra. Finalmente, la oposición panista tenía una causa propia y quien la representara.
Se puede decir que este “relanzamiento del PAN” corrió a cargo de Claudia Sheinbaum. Fue ella la que empezó los ataques contra Campos y, más aún, insiste en mantener los señalamientos. Ya ha sido muy comentado que la intención oficial es igualar los marcadores de la denuncia estadounidense por Rocha Moya, Inzunza y demás morenistas que son reclamados por la justicia de ese país. Por eso a sus gobernantes calificados como narcos quieren equiparar a una panista acusada de traición a la patria por transgredir la ley en la cooperación con la CIA. No es poca cosa. Y en lo que deciden qué hacer con los morenistas y sus relaciones con el crimen organizado, han comenzado un proceso contra la gobernadora de Chihuahua. Con la diferencia de que todo lo que sucede con la chihuahuense lo sabe la población: la acusación, el citatorio, las fecha del citatorio, el recibimiento de éste, quiénes lo entregaron y quiénes lo recibieron. Todo. En el caso de Rocha Moya e Inzunza no sabemos nada. Ellos dijeron que fueron a la FGR, pero nadie vio nada, todo lo hacen a escondidas.
Al igual que en su informe del día de ayer, parece que la Presidenta ha escogido el combate al crimen como eje discursivo para compararse con los gobiernos pasados y marcar una diferencia con Estados Unidos. Su problema no es de discurso, sino de realidad, pues los señalados son de su partido y parece que vienen varios nombres más de esos que la Presidenta les dice “compañeros de lucha”.
El fin de semana, en Chihuahua, los panistas armaron un evento de apoyo a Maru Campos. Lo que quedó claro es que el panismo ya tiene un grito en la calle y se está organizando para dar la batalla en un campo de acción que tendrá que ver con el combate al crimen organizado. En ese evento estuvieron juntos Felipe Calderón y Vicente Fox, algo que no sucedía desde hace años. Los expresidentes panistas se mostraron felices de estar arengando a la gente nuevamente, los panistas muy contentos de tener sus líderes de nivel nacional juntos, y todo gracias a doña Claudia. Nadie sabe para quién trabaja.
POR JUAN IGNACIO ZAVALA
@juanizavala
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Incongruencias
Opinión de Raymundo Riva Palacio
¿Cómo funciona la mente de la presidenta Claudia Sheinbaum? Uno de sus atributos ha sido su formación de científica que utiliza el método científico para generar conocimiento, mediante el análisis de datos basados en evidencias y formular soluciones a los problemas. Sin embargo, después de dos años en el poder, puso seis metros bajo tierra a la cientificidad. Como vieron el domingo, el pragmatismo tecnocrático que mostró en el arranque de su sexenio, lo cambió por la ideología. Su sesgo incubado la sacó del clóset y redefinió su gobierno, la relación con Estados Unidos y, de seguir lo que trazó, la historia mexicana.
Sepultada la cabeza fría y finalmente expuesta su sangre caliente, la presidenta, tardó menos de 24 horas en mostrar la incongruencia intelectual del momento cúspide de su discurso para conmemorar su triunfo electoral hace dos años, la denuncia del intervencionismo de Estados Unidos en la política interna de México y en las elecciones intermedias del próximo año. Lo hizo hablando ayer de Colombia, al sumarse a la posición del presidente Gustavo Petro, y señalar posible fraude en las elecciones presidenciales en ese país. ¿Por qué tenía que meterse?
No hay ninguna diferencia entre lo que denunció del gobierno de Donald Trump y lo que declaró sobre las elecciones en Colombia. Fue tan injerencista como Trump, mostrando la debilidad de su argumento y la forma sesgada y maniquea cómo ve la intromisión en los asuntos internos de otros países: si es para apoyar a gobiernos con quienes tiene identificación ideológica y política, o cuestionar a gobiernos que piensan diferente al suyo, no hay intervencionismo. Todo lo demás, sí. Su mente funciona con parcialidad de variables, donde excluye todas aquellas que son relevantes, pero no se ajustan a su pensamiento.
Esta contradicción es lo que funcionarios estadounidenses califican como una hipocresía. Ella, quizás, ni siquiera lo puede ver. En Barcelona, donde acudió a un encuentro de líderes convocados por el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, se tomó una fotografía con un letrero donde pedía “justicia” para Cristina Fernández, la expresidenta argentina que está en prisión domiciliaria por un fraude de más de 500 millones de dólares. Sheinbaum ignoró, o no cree, que Fernández fue estuvo involucrada en un escandaloso caso de corrupción institucional y que pasó por la justicia argentina.
No ha cuidado tampoco su inclinación y pleno respaldo por el expresidente de Perú, Pedro Castillo -incluso recibió en Palacio Nacional a su abogado-, que fue condenado a 15 años de prisión por el delito de conspiración para una rebelión, tras un fallido autogolpe en 2022. La presidenta ha dicho que es una “injusticia” porque fue él quien cayó por un golpe de Estado y es víctima de persecución política. La justicia peruana tiene otros datos.
Con Ecuador mantiene un diferendo heredado por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que le dio asilo al exvicepresidente Jorge Glas en 2023, pese a haber sido condenado por corrupción y estar sujeto a proceso por otros delitos. En reacción a ello, el presidente Daniel Noboa autorizó el asalto a la Embajada de México en Quito, violando tratados internacionales. Sheinbaum no ha resuelto el conflicto diplomático, y ha asegurado que no restablecerá las relaciones mientras Noboa siga siendo presidente.
Sheinbaum ha sido declarada persona non-grata en esos países, una categoría que solo comparte con dos expresidentes mexicanos, Vicente Fox y Felipe Calderón, que recibieron el mismo tratamiento por el expresidente de Venezuela, Nicolás Maduro, por criticar el estado de la democracia en ese país. La presidenta, por el contrario, buscó coordinar acciones latinoamericanas para defender a Maduro cuando Estados Unidos intervino Venezuela para extraerlo y llevarlo ante los tribunales en Brooklyn, acusado de narcotráfico.
La presidenta, como antes lo hizo López Obrador, nunca se pronunció contra la falta de libertades en Cuba, Nicaragua y la Venezuela chavista, cuyos regímenes dictatoriales apoyó sin matices. Ella es parte de un movimiento que lleva ocho años en Palacio Nacional, que abiertamente intervino en las elecciones en Estados Unidos, cuando López Obrador pidió votar contra los republicanos, enviando recursos disfrazados de presupuesto para los consulados para hacer activismo político.
En su decantamiento por Petro e intervencionismo en los asuntos internos de Colombia, la presidenta dijo que previamente a las elecciones de este domingo había habido una ofensiva mediática y campañas de desinformación impulsadas por una red internacional, que fue una de sus denuncias el domingo, como parte de una conspiración de la ultraderecha internacional y de Estados Unidos.
Pero no impidió, sino al contrario, permitió que su coordinador de asesores, Jesús Ramírez Cuevas, el jefe de la propaganda obradorista e ideólogo de la polarización, financiara un canal dirigido por el español Pablo Iglesias -que es asesor de Sheinbaum-, por donde entró la maquinaria de propaganda del Kremlin, que se ha documentado generó por años campañas de desinformación a través de noticias falsas para incidir en procesos electorales en Estados Unidos y provocar desestabilización.
La posición binaria de Sheinbaum sobre el injerencismo y el intervencionismo es muy propio de la cultura del obradorismo, al igual que la discrecionalidad con la que aplican la Doctrina Estrada, siempre a flor de boca de la presidenta, pero que se aplica acorde de sus filias y fobias ideológicas. Esta dualidad intelectual y política la quita espacios de maniobra frente a Estados Unidos y anula sus demandas de no intervencionismo. Para poder mantener esa posición con eficacia, requiere de tener una autoridad política y diplomática, además de moral. Si no la tiene, ¿cómo puede esperar que la tomen en serio cuando aplica en otros lo que no quiere que le hagan a ella?
Funcionar bajo un pensamiento con parcialidad de variables, lleva en política a diagnósticos equivocados y conclusiones fallidas. Le ha quitado coherencia diplomática a su discurso -perdiendo autoridad en el mundo, cuando alguna vez fue respetado por la consistencia de sus principios-, y potencia argumentativa. La presidenta sigue perdiendo credibilidad y no lo ve de esa manera, lo que explica su posición intervencionista en Colombia.
No puede esgrimir neutralidad y tener la fuerza para denunciar el intervencionismo de Washington, porque su palabra ha perdido credibilidad frente a Estados Unidos. Al perder consistencia con su doble rasero de la autodeterminación, quedó expuesta por la mezcla de soberanía con protección política de criminales que hizo en su discurso, en momento donde su endurecimiento también existe del otro lado del Río Bravo.
rrivapalacio2024@gmail.com
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