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Razones de la Revocación de Mandato

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Opinión de Ricardo Pascoe

México vive el peor momento político de la joven gestión de Sheinbaum, con una crisis de gobernabilidad en el punto de ebullición. Existen revueltas sociales y criminales en todo el territorio nacional. La violencia recrudece y la incapacidad del gobierno federal para controlar la situación y ofrecer paz y tranquilidad es constatada por la ciudadanía todos los días.

Es justamente en ese contexto nacional cuando el gobierno plantea la “necesidad” de juntar la votación de la Revocación de Mandato (RM) con la elección intermedia. Parece ser una reacción instintiva de temor del gobierno, pensando que las próximas elecciones intermedias podrían implicar un cuestionamiento a la legitimidad de la propia presidenta, anticipando la posibilidad de un resultado negativo para el oficialismo.

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Por ese miedo a un descalabro electoral mayor es que se quiere juntar las diversas elecciones para elevar la votación de la eventual RM. Sheinbaum se siente insegura ante la coyuntura de la continuada crisis de descomposición de los factores de gobernabilidad en el país.

El miedo a la RM es producto de los malos resultados de los plebiscitos anteriores que ha organizado el gobierno: la primera RM tuvo una participación del 18% del padrón electoral, mientras la votación al Poder Judicial alcanzó un deprimente e ilegítimo 13% de participación.

Teme Sheinbaum que le irá incluso peor que los ejercicios anteriores en su propia elección de RM. Algo peor que el 13% reflejaría una crisis de legitimidad de su gobierno, y de su propia gestión.

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Todos los plebiscitos tienen una intencionalidad política explícita. La idea de elegir por voto popular a los miembros del Poder Judicial la tomó López Obrador de la experiencia similar en Bolivia de Evo Morales. La idea de la votación de la RM le llegó a AMLO vía Hugo Chávez. Chávez recibió una votación aprobatoria del 60% y utilizó esa victoria como justificación para cambiar la Constitución de Venezuela, aprobando la figura de la reelección indefinida.

En el caso mexicano, el porcentaje necesario para la aprobación del mandato es con la participación del 40% del padrón electoral. AMLO estaba seguro de rebasar esa cifra, lo que le permitiría cambiar la Constitución y alcanzar la reelección. Sacó el 18%, lo que anuló esa intención reeleccionista.

Tuvo que aceptar que la votación de la RM fuera en un año sin empatar con otra elección federal, como las intermedias, para no contaminar la elección intermedia con la figura presidencial. Así se aprobó y la votación de la RM ocurrió en el 2022, no en el 2021. Y por eso hoy está programada, constitucionalmente, para el 2028, para no contaminar la elección intermedia del 2027. Pero la propuesta de Sheinbaum deliberadamente pretende contaminar la elección del 2027 con su presencia, votando el revocatorio y Judicial al mismo tiempo que las intermedias constitucionales. La idea es influir en los resultados electorales de la elección intermedia con la figura presidencial en la boleta, tratar de salvar la elección judicial con mejores números y, finalmente, inflar los votos de la RM para que no sean tan bajos como los números que recibió López Obrador en su elección similar. Es más, Sheinbaum quiere poder decir que sus propios números arrojan que su gobierno goza de una mayor popularidad que el gobierno de López Obrador. Lo relevante es que el cambió radical de los propósitos y términos de la elección del 2027 se debe a que no pasa desapercibido que hay una progresiva pérdida de gobernabilidad de este gobierno. El asesinato de Carlos Manzo es un hito en la cadena de asesinatos políticos que enlutan a México. En muchos casos, esos asesinatos ocurrieron sin que la víctima tuviera protección municipal, estatal y mucho menos federal. Pero resulta que Manzo supuestamente tenía protección municipal, estatal y federal. No sólo eso. Esas fuerzas estaban físicamente presentes en la plaza donde fue abatido. Este hecho genera suspicacias de toda índole, empezando por la sospecha de que el gobierno, o un sector de él, en realidad no quería que Manzo siguiera vivo. Los criminales definitivamente querían acabar con él. Junto con la violencia en múltiples estados de la República, la Ciudad de México incluida, la ciudadanía solo puede concluir que el gobierno no puede garantizar la vida y propiedad de los habitantes del país. La violencia está fuera del control gubernamental. Junto con ello, la economía real ha entrado en recesión, junto con un incremento de precios en productos necesarios para la población. Los datos hablan de una economía estancada, pero bajo control. Pero eso qué le sirve día con día a la ciudadanía cuando confirma que el costo de la despensa indispensable para vivir ha crecido y la escasez de bienes y servicios empieza a afectar la vida cotidiana de las familias mexicanas. Toda la propaganda del mundo no puede ocultar esos hechos. Los paros, huelgas y sabotajes a la producción no van a disminuir. Van a crecer en número, en demandas y en virulencia conforme pasa el tiempo. Las revueltas sociales así suceden, históricamente. No son abruptos e inesperados. Las revueltas sociales son como los volcanes en formación. Van tomando forma y sentido a través del tiempo. Los conflictos sociales empiezan por sectores sociales o económicos, hasta que cada uno de ellos se convencen que se necesitan en sí para mover un gobierno que no quiere o no puede atender sus demandas. Son movimientos que tienen el potencial de alterar el rumbo elegido por un gobierno, obligándolo a que cambie incluso de ideología. Los movimientos urbanos son así. Las universidades públicas en todo el país están en una situación de efervescencia. La gran sorpresa de las protestas del 2 de octubre de este año es el hecho de la magnitud, el número de integrantes y la ferocidad del llamado Bloque Negro. Pasaron de ser 30 jóvenes a tener más de 300 integrantes. Mañana serán 3000, entre universitarios Icels y chavos-banda juntándose para reventar al “sistema”, para saquear tiendas y para agredir a las mujeres. Sus demandas parten de que no sienten tener futuro alguno en el arreglo social actual. Para ellos las tarjetitas del gobierno son una burla y un objeto de desprecio. Son una fuerza dispuesta a la revuelta social y, a futuro, la materia prima de una revolución. O, incluso, un movimiento fascista. El campo es parte de una etapa de disolución de los lazos de relación tradicionales entre los productores del campo y el oficialismo. Un gobierno en quiebra técnica no tiene muchas posibilidades de desactivar el conflicto que se suscita cuando entran en juego los precios de garantía. Este modelo de ingresos garantizados exige mucho dinero, y el actual gobierno simplemente no tiene ese dinero disponible. Mucho menos si se considera que la recaudación fiscal disminuye en tiempos recesivos. Aunado a todo lo anterior, las presiones desde Washington derivadas de la decisión de Trump de declarar al narcotráfico como un fenómeno terrorista, y las presiones económicas constantes también han generado tensiones en el gabinete de Sheinbaum. Esas tensiones derivan el efecto al interior de Morena, generando corrientes a favor y en contra de la gestión presidencial. Ante la crisis creciente de gobernabilidad, la respuesta del gobierno ha sido promover la centralización de todo el poder. La consigna es: todo el poder al Estado y que no quede un resquicio de autonomía a la sociedad. Bajo este razonamiento, la única manera de evitar que zozobre el sistema político es asegurando el control total de la sociedad. Por eso existe el concepto de totalitarismo. La idea es el control sobre la totalidad. Que no existan arrebatos individuales, ni iniciativas no aprobadas o controladas por el Estado ni movimientos al margen de los instrumentos de control social del Estado. En esta lógica se inserta la pretensión de Sheinbaum y gobierno de promover una mecánica, viciada y controlada jornada electoral en 2027 que busca forzar una mayoría de votos para Morena en diputados, Poder Judicial y RM. Lo hacen así porque temen el poder social disruptivo que puede ser consecuencia de su pérdida de gobernabilidad. El temor llega incluso a López Obrador. Planea una “gira nacional” para presentar su nuevo libro. Lo hace antes de las elecciones del 2027 para imponer su criterio en la selección morenista de candidaturas. Esto significa que AMLO será un actor directo en la elección del 2027. Lo que no está claro es si entra al proceso político-electoral con un proyecto político propio, o con uno que comparte con Sheinbaum. Por lo pronto, Sheinbaum quiere afianzar su posición en el poder, al incluirse en la boleta del 2027. Tampoco es claro si esa autopromoción es con la anuencia de AMLO o si es reflejo de un posicionamiento propio, para poder decir que recibió más votos que AMLO en la RM. Y, así, liberarse un poco de la tutela amloista. Por lo pronto, la propuesta de incluir la RM en las boletas electorales en 2027 tiene su origen en la debilidad política de la Presidenta, el temor de Palacio Nacional a la creciente ingobernabilidad del país, la presencia oscura pero activa de AMLO en la vida nacional, la sombra de las presiones de Trump y las pugnas internas en Morena. POR RICARDO PASCOE

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COLABORADOR

ricardopascoe@hotmail.com

@rpascoep

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Columnas

Morena no es México, no se engañen

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Opinión de Jorge Romero Herrera

El pasado fin de semana, fuimos testigos de dos eventos que mostraron fielmente lo que ya había descrito en pasadas colaboraciones: en México no estamos hablando ya únicamente de una diferencia partidista. Estamos hablando de dos visiones completamente distintas de país.

Por un lado, un oficialismo desesperado encabezado por la propia presidenta de la República que defiende, protege y blinda a sus personajes acusados de involucrarse con bandas de criminales -a costa de poner en riesgo al país-, y del otro lado, quienes siguen creyendo en la libertad, en la legalidad y en la necesidad de construir un México donde el Estado no se arrodille frente al crimen organizado y el combatirlo no genere la persecución política y el descrédito.

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Lo vivido este sábado en Chihuahua nos llena de orgullo y de esperanza. Fue una demostración contundente de que no podemos rendirnos. Se sintió en el ambiente. Se vibró en cada mensaje. Se reflejó en la presencia de miles de chihuahuenses que salieron a defender a una gobernadora que no se ha escondido ni un instante y que ha enfrentado cada ataque con determinación y carácter. Chihuahua habló fuerte y claro. No fue una movilización impulsada por el miedo. Fue una movilización impulsada por la convicción de que cuando se comete una injusticia, la ciudadanía tiene el derecho y la obligación de levantar la voz.

En Acción Nacional estamos con Maru. Lo estamos porque creemos en ella, porque conocemos su trayectoria, porque sabemos de los resultados que ha entregado a las familias chihuahuenses y porque reconocemos, como millones de mexicanas y mexicanos, que lo que hoy enfrenta tiene todos los elementos de una persecución política. Ella tiene el respaldo de su estado, de su partido y de millones de mexicanas y mexicanos en todo el país que observan con preocupación cómo las instituciones del Estado comienzan a utilizarse con criterios políticos y no jurídicos porque ese es el fondo del problema.

Mientras una gobernadora de oposición es sometida a una presión permanente por haber enfrentado al crimen organizado y por haber cumplido con su deber, vemos cómo personajes cercanos al oficialismo reciben protección, silencio o explicaciones que buscan justificar lo injustificable, por eso resulta tan revelador lo ocurrido con el intento de juicio político promovido contra Maru Campos.

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Hicieron anuncios, convocaron conferencias, generaron titulares y pretendieron construir una narrativa de culpabilidad anticipada. Sin embargo, cuando llegó el momento de sostener jurídicamente sus acusaciones, ni siquiera fueron capaces de ratificar la solicitud dentro del plazo legal establecido.

La propia presidenta de la Cámara de Diputados, la diputada Kenia López Rabadán, confirmó que el plazo venció y que los promoventes no acudieron a ratificar su petición. Así terminó un episodio que demuestra que muchas veces el objetivo no es encontrar justicia, sino fabricar escándalos, crear cortinas de humo.

Por eso, a lo largo del encuentro, una consigna fue cobrando fuerza hasta convertirse en la voz de miles de personas: Yo con Maru. No es solamente un lema. Es una definición. Es una manera de decir que estamos del lado de quien enfrenta al crimen y no del lado de quien lo tolera y hay una imagen que retrata perfectamente el momento que vive el país. Por eso miles de panistas en todo México nos hemos puesto con orgullo la camiseta de “Yo con Maru”. Lo hicimos en Chihuahua. Lo hicieron nuestras senadoras y senadores. Lo han hecho dirigentes, legisladores y ciudadanos. En contraste, no hemos visto a un solo morenista ponerse una camiseta que diga “Yo con Rocha”. Ni uno solo, esa diferencia no es casualidad. Cuando hay convicción. Cuando existe certeza moral. Por eso unos salen a defender con orgullo y otros prefieren guardar silencio, por eso unos dan la cara y otros se esconden detrás de comunicados. Preocupa que, frente a los escándalos que involucran a figuras relevantes de Morena en distintos puntos del país, la respuesta del gobierno siga siendo la misma: envolver cualquier cuestionamiento legítimo en una narrativa de confrontación entre patriotas y “traidores” que solo existen en su imaginario. En lugar de aclarar dudas, investigar responsabilidades o rendir cuentas, se recurre al discurso de la soberanía, la defensa de la patria y la transformación como un escudo político para descalificar a quienes exigen explicaciones. Que les quede muy claro: nadie está en contra de México ni del amor a nuestra patria. Nadie está atacando a México. Morena no es México. Es preocupante utilizar esos sentimientos compartidos por millones de mexicanas y mexicanos para desviar la atención de problemas concretos. La defensa de la soberanía nacional no puede convertirse en una excusa para evitar la rendición de cuentas, ni el respaldo popular puede sustituir la obligación constitucional de transparentar decisiones y esclarecer conductas indebidas de servidores públicos o dirigentes partidistas. No vamos a aceptar que se persiga a quienes combaten al crimen mientras se protege a quienes están rodeados de cuestionamientos. No podemos aceptar que existan gobernadores de primera y gobernadores de segunda dependiendo del color de su partido. En Acción Nacional no tenemos dudas sobre de qué lado estamos. Frente a los intentos de intimidación y al uso faccioso de las instituciones, estaremos junto a Maru Campos porque sabemos que esta causa trasciende a una persona o a un gobierno. Lo que está en juego es algo mucho más importante: el derecho de millones de mexicanas y mexicanos a vivir en un país donde la ley se apliquen con imparcialidad y donde pensar distinto no sea motivo de persecución. Por eso, desde Chihuahua se envía hoy un mensaje que debe escucharse en todo México: no van a dividirnos, no van a doblegarnos y no van a lograr que guardemos silencio frente a una injusticia. Mientras desde el oficialismo el mensaje es de desesperación, impunidad y contubernio. POR JORGE ROMERO HERRERA PRESIDENTE DEL PARTIDO ACCIÓN NACIONAL

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Sheinbaum relanza al PAN

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Opinión de Juan Ignacio Zavala | El Heraldo de México |

Lo que el PAN rompió, lo pega Claudia. Jorge Romero, presidente del PAN, ha intentado de manera infructuosa poner a su partido en la órbita de la opinión pública. También ha hecho intentos de reconstruir las relaciones rotas hace mucho tiempo en ese partido con poco éxito. Ha intentado acercarse a los dos expresidentes salidos de ese partido y siempre ha tenido palabras amables para ellos, pero nada de un evento juntos. El PAN continuaba igual que antes: a la deriva y sin causas visibles.

Hasta que Claudia Sheinbaum decidió atacar de frente a la gobernadora panista Maru Campos. En efecto, la Presidenta y su partido emprendieron una ruda ofensiva en contra de la chihuahuense, que jamás se imaginó estar en medio de una polémica nacional y que su nombre destacara en todos los noticieros y redes sociales. El PAN entendió que era su oportunidad de oro y montó enseguida una defensa de su gobernadora y la arroparon desde un inicio. Campos se dedicó a dar entrevistas por doquier y a denunciar la persecución en su contra. Finalmente, la oposición panista tenía una causa propia y quien la representara.

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Se puede decir que este “relanzamiento del PAN” corrió a cargo de Claudia Sheinbaum. Fue ella la que empezó los ataques contra Campos y, más aún, insiste en mantener los señalamientos. Ya ha sido muy comentado que la intención oficial es igualar los marcadores de la denuncia estadounidense por Rocha Moya, Inzunza y demás morenistas que son reclamados por la justicia de ese país. Por eso a sus gobernantes calificados como narcos quieren equiparar a una panista acusada de traición a la patria por transgredir la ley en la cooperación con la CIA. No es poca cosa. Y en lo que deciden qué hacer con los morenistas y sus relaciones con el crimen organizado, han comenzado un proceso contra la gobernadora de Chihuahua. Con la diferencia de que todo lo que sucede con la chihuahuense lo sabe la población: la acusación, el citatorio, las fecha del citatorio, el recibimiento de éste, quiénes lo entregaron y quiénes lo recibieron. Todo. En el caso de Rocha Moya e Inzunza no sabemos nada. Ellos dijeron que fueron a la FGR, pero nadie vio nada, todo lo hacen a escondidas.

Al igual que en su informe del día de ayer, parece que la Presidenta ha escogido el combate al crimen como eje discursivo para compararse con los gobiernos pasados y marcar una diferencia con Estados Unidos. Su problema no es de discurso, sino de realidad, pues los señalados son de su partido y parece que vienen varios nombres más de esos que la Presidenta les dice “compañeros de lucha”.

El fin de semana, en Chihuahua, los panistas armaron un evento de apoyo a Maru Campos. Lo que quedó claro es que el panismo ya tiene un grito en la calle y se está organizando para dar la batalla en un campo de acción que tendrá que ver con el combate al crimen organizado. En ese evento estuvieron juntos Felipe Calderón y Vicente Fox, algo que no sucedía desde hace años. Los expresidentes panistas se mostraron felices de estar arengando a la gente nuevamente, los panistas muy contentos de tener sus líderes de nivel nacional juntos, y todo gracias a doña Claudia. Nadie sabe para quién trabaja.

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POR JUAN IGNACIO ZAVALA

@juanizavala

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Incongruencias

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Opinión de Raymundo Riva Palacio

¿Cómo funciona la mente de la presidenta Claudia Sheinbaum? Uno de sus atributos ha sido su formación de científica que utiliza el método científico para generar conocimiento, mediante el análisis de datos basados en evidencias y formular soluciones a los problemas. Sin embargo, después de dos años en el poder, puso seis metros bajo tierra a la cientificidad. Como vieron el domingo, el pragmatismo tecnocrático que mostró en el arranque de su sexenio, lo cambió por la ideología. Su sesgo incubado la sacó del clóset y redefinió su gobierno, la relación con Estados Unidos y, de seguir lo que trazó, la historia mexicana.

Sepultada la cabeza fría y finalmente expuesta su sangre caliente, la presidenta, tardó menos de 24 horas en mostrar la incongruencia intelectual del momento cúspide de su discurso para conmemorar su triunfo electoral hace dos años, la denuncia del intervencionismo de Estados Unidos en la política interna de México y en las elecciones intermedias del próximo año. Lo hizo hablando ayer de Colombia, al sumarse a la posición del presidente Gustavo Petro, y señalar posible fraude en las elecciones presidenciales en ese país. ¿Por qué tenía que meterse?

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No hay ninguna diferencia entre lo que denunció del gobierno de Donald Trump y lo que declaró sobre las elecciones en Colombia. Fue tan injerencista como Trump, mostrando la debilidad de su argumento y la forma sesgada y maniquea cómo ve la intromisión en los asuntos internos de otros países: si es para apoyar a gobiernos con quienes tiene identificación ideológica y política, o cuestionar a gobiernos que piensan diferente al suyo, no hay intervencionismo. Todo lo demás, sí. Su mente funciona con parcialidad de variables, donde excluye todas aquellas que son relevantes, pero no se ajustan a su pensamiento.

Esta contradicción es lo que funcionarios estadounidenses califican como una hipocresía. Ella, quizás, ni siquiera lo puede ver. En Barcelona, donde acudió a un encuentro de líderes convocados por el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, se tomó una fotografía con un letrero donde pedía “justicia” para Cristina Fernández, la expresidenta argentina que está en prisión domiciliaria por un fraude de más de 500 millones de dólares. Sheinbaum ignoró, o no cree, que Fernández fue estuvo involucrada en un escandaloso caso de corrupción institucional y que pasó por la justicia argentina.

No ha cuidado tampoco su inclinación y pleno respaldo por el expresidente de Perú, Pedro Castillo -incluso recibió en Palacio Nacional a su abogado-, que fue condenado a 15 años de prisión por el delito de conspiración para una rebelión, tras un fallido autogolpe en 2022. La presidenta ha dicho que es una “injusticia” porque fue él quien cayó por un golpe de Estado y es víctima de persecución política. La justicia peruana tiene otros datos.

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Con Ecuador mantiene un diferendo heredado por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que le dio asilo al exvicepresidente Jorge Glas en 2023, pese a haber sido condenado por corrupción y estar sujeto a proceso por otros delitos. En reacción a ello, el presidente Daniel Noboa autorizó el asalto a la Embajada de México en Quito, violando tratados internacionales. Sheinbaum no ha resuelto el conflicto diplomático, y ha asegurado que no restablecerá las relaciones mientras Noboa siga siendo presidente.

Sheinbaum ha sido declarada persona non-grata en esos países, una categoría que solo comparte con dos expresidentes mexicanos, Vicente Fox y Felipe Calderón, que recibieron el mismo tratamiento por el expresidente de Venezuela, Nicolás Maduro, por criticar el estado de la democracia en ese país. La presidenta, por el contrario, buscó coordinar acciones latinoamericanas para defender a Maduro cuando Estados Unidos intervino Venezuela para extraerlo y llevarlo ante los tribunales en Brooklyn, acusado de narcotráfico.

La presidenta, como antes lo hizo López Obrador, nunca se pronunció contra la falta de libertades en Cuba, Nicaragua y la Venezuela chavista, cuyos regímenes dictatoriales apoyó sin matices. Ella es parte de un movimiento que lleva ocho años en Palacio Nacional, que abiertamente intervino en las elecciones en Estados Unidos, cuando López Obrador pidió votar contra los republicanos, enviando recursos disfrazados de presupuesto para los consulados para hacer activismo político.

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En su decantamiento por Petro e intervencionismo en los asuntos internos de Colombia, la presidenta dijo que previamente a las elecciones de este domingo había habido una ofensiva mediática y campañas de desinformación impulsadas por una red internacional, que fue una de sus denuncias el domingo, como parte de una conspiración de la ultraderecha internacional y de Estados Unidos.

Pero no impidió, sino al contrario, permitió que su coordinador de asesores, Jesús Ramírez Cuevas, el jefe de la propaganda obradorista e ideólogo de la polarización, financiara un canal dirigido por el español Pablo Iglesias -que es asesor de Sheinbaum-, por donde entró la maquinaria de propaganda del Kremlin, que se ha documentado generó por años campañas de desinformación a través de noticias falsas para incidir en procesos electorales en Estados Unidos y provocar desestabilización.

La posición binaria de Sheinbaum sobre el injerencismo y el intervencionismo es muy propio de la cultura del obradorismo, al igual que la discrecionalidad con la que aplican la Doctrina Estrada, siempre a flor de boca de la presidenta, pero que se aplica acorde de sus filias y fobias ideológicas. Esta dualidad intelectual y política la quita espacios de maniobra frente a Estados Unidos y anula sus demandas de no intervencionismo. Para poder mantener esa posición con eficacia, requiere de tener una autoridad política y diplomática, además de moral. Si no la tiene, ¿cómo puede esperar que la tomen en serio cuando aplica en otros lo que no quiere que le hagan a ella?

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Funcionar bajo un pensamiento con parcialidad de variables, lleva en política a diagnósticos equivocados y conclusiones fallidas. Le ha quitado coherencia diplomática a su discurso -perdiendo autoridad en el mundo, cuando alguna vez fue respetado por la consistencia de sus principios-, y potencia argumentativa. La presidenta sigue perdiendo credibilidad y no lo ve de esa manera, lo que explica su posición intervencionista en Colombia.

No puede esgrimir neutralidad y tener la fuerza para denunciar el intervencionismo de Washington, porque su palabra ha perdido credibilidad frente a Estados Unidos. Al perder consistencia con su doble rasero de la autodeterminación, quedó expuesta por la mezcla de soberanía con protección política de criminales que hizo en su discurso, en momento donde su endurecimiento también existe del otro lado del Río Bravo.

rrivapalacio2024@gmail.com

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