Columnas
Rehenes de Emilio y Ricardo hasta 2042
Hace algunas semanas me pregunté, ¿hasta cuándo seguiremos cargando con Televisa y Tv Azteca? De esa duda salió un reportaje publicado el pasado mes de septiembre en SinEmbargo MX en donde nuestra esperanza de librarnos de esas dos televisoras se aleja hasta el año 2042. Sí: sus concesiones se acaban hasta ese año.
Estarán sumergidas en crisis, sí, pero tendremos que vivir con ellas hasta 2042.
Sabemos que las dos empresas gozan desde hace décadas de las concesiones y que las renovaciones de éstas nunca han sido un problema, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes en su brazo de telecomunicaciones y posteriormente el Instituto Federal de Telecomunicaciones les han garantizado largos periodos para continuar con ese permiso de un bien público.
Días antes del fin de la administración de Enrique Peña Nieto, en específico el 16 de noviembre de 2018, Tv Azteca solicitó una prórroga para su concesión, le fue concedida para entrar en vigor el 1 de enero de 2022 y se vencerá hasta el 1 de enero del año 2042.
Respecto a Televisa, las fechas son casi idénticas: el 2 de noviembre de 2018 avisó a la Bolsa Mexicana de Valores que el IFT había aprobado la renovación de las concesiones para sus canales Las Estrellas, Canal 5, Canal 9, Foro TV y varios canales locales, por un plazo de 20 años a partir de la fecha prevista para su vencimiento. Estos permisos también vencerán en 2042.
Uno de los argumentos en los que se basó para otorgar la prórroga fue que, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), para 2018, Televisa y Tv Azteca llegaban al 93.2 por ciento del total de viviendas en México, siendo los canales más poderosos Las Estrellas, Canal 5, Canal 9, Foro TV y Azteca Uno, Azteca Siete y ADN 40.
Sobre el episodio de la renovación, un texto de El Universal publicado el 4 de noviembre de 2018, relata que la sesión fue a puerta cerrada al ser considerada de “carácter privado”. El mismo diario habló con congresistas que calificaron el hecho como un “madruguete” y un “regalo” de la administración de Enrique Peña Nieto para las televisoras.
Millones de personas tendremos nuestra lista de quejas contra Televisa y Tv Azteca. La inconformidad con ambas empresas no es algo generado en los últimos años porque llevamos incluso décadas padeciendo el contenido de éstas y, además, el comportamiento de sus dueños Emilio Azcárraga Jean y Ricardo Salinas Pliego. Ambas son empresas que se han mantenido con todos los privilegios a pesar del rechazo gigantesco de la población que cometió el delito de tener televisión en lugar de internet –si es que nos basamos en las razones por las cuales se les continúa renovando la concesión–.
Ricardo Salinas Pliego debe 61 mil millones de impuestos. De acuerdo con la información publicada por el periodista Álvaro Delgado, se trata de un acto que el empresario del puro y yate, vino haciendo en los últimos años hasta convertirse en uno de los hombres más ricos de México.
Que hoy sea de dominio público que es un rico demasiado endeudado, provocó la ira del hombre. Ofende día y noche de la manera más grotesca y optó por aliarse a los grupos más poderosos de la ultraderecha nacional e internacional porque encontró en ellos una caja de resonancia de sus ideas de “libre mercado” y se acopló bien al grito genérico de “viva la libertad, carajo” o “make America great again”. Cualquiera de los dos es bueno para encajar.
El Estado mexicano libra una batalla a través del SAT y con un Poder Judicial de por medio que no se sabe hacia qué lado inclinará la balanza. Mientras eso ocurre, en Estados Unidos, se reportaron problemas en el paraíso: la calificadora Standard & Poors la calificó a Elektra como “basura” y luego, la Bolsa Mexicana de Valores suspendió, de nueva cuenta, la cotización de sus acciones tan solo un día después de haberla habilitado.
Pero de todo esto, lo que más llamó mi atención fue la reacción de Grupo Salinas, ya que se atrevieron a dar clases de periodismo. Dirigieron una carta a Grupo Reforma en donde critican su “periodismo cada vez más mezquino y sicario” pero “que no importa cuántas mentiras publiquen en contra nuestra, nosotros siempre responderemos con la verdad”.
Luego, a La Jornada le pidieron que “practiquen un periodismo serio y de rigor, contando todos los lados de esta historia y no solo una cara de la moneda”.
De no creerse que el dueño de la televisora que nos ha llevado a dar una de las noticias más ridículas de los últimos seis años tenga el cinismo para hablar de lo que se debe hacer en el periodismo.
La noticia ridícula a la que me refiero es la campaña que disfrazaron de información sobre que los libros de texto gratuitos infectarían de comunismo a los niños y niñas mexicanas. Sacaron a todos sus conductores expertos en lectura de guiones para repetir “la alerta” y el mal chiste obligó a que se realizaran conferencias vespertinas para explicar los cambios en cada uno de los libros de educación básica.
Desconozco cuál es el contenido de Tv Azteca en este momento. De lo que alcanzo a ubicar están sus noticieros basados en un modelo viejo y sin ética, acompañado de los programas matutinos en donde los conductores bailan y platican de los chismes del día. Ah y bueno, tienen su famoso Ventaneando. Pero digo esto porque de Tv Azteca puede salir solo basura, pero es basura que el Estado nos tiene garantizada hasta 2042 pase lo que pase.
Me brinco ahora a Televisa. El pasado jueves anunció a sus inversionistas y a la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) que Emilio Azcárraga Jean dejará de presidir el consorcio televisivo para atender una demanda de corrupción ante la justicia estadounidense. La investigación es la que lleva el Departamento de Justicia de Estados Unidos sobre la televisora tras un caso de corrupción relacionado con la FIFA.
Azcárraga Jean no será abiertamente un vulgar como Salinas Pliego, pero su relación con el poder político ha sido evidente. En 2005 padecimos un cerco informativo cuando se buscaba información sobre el desafuero de Andrés Manuel López Obrador y lo único que tuvimos fue información del Papa Juan Pablo II.
Pasado el fraude de 2006, Televisa inició una narrativa que mostraba a un López Obrador que no sabía perder y por eso alegaba fraude y luego se siguió con los millones de pesos en teoría perdidos por el plantón en Reforma.
Luego se tomaron de la mano de Felipe Calderón y Genaro García Luna y promovieron su guerra contra el narcotráfico para después empezar a crear la telenovela de Enrique Peña Nieto y Angélica Rivera. El movimiento estudiantil del #YoSoy132 protestó en gran medida contra Televisa. Llegó Peña y antes de irse, le dejó su concesión hasta el año 2042.
Y tenemos una televisora que tiene contenidos en donde se burla de “los nacos” y “los pobres”. Que también tiene su programa matutino en donde conductoras y conductores con 30 cirugías plásticas practican yoga en vivo y hacen entrevistas sobre lenguaje no verbal o la famosa “grafología”.
Todo eso hasta 2042.
Somos rehenes de esa televisión.
No sé dónde estaremos parados para ese año. Cómo estará el país, el cambio climático, si tendremos Presidenta o Presidente y de qué partido será éste. Lo que es una realidad es que ningún político ha decido hablar de esto, de lo que tendrá que pasar en ese año o incluso antes porque se olvida que al ser concesionarios están obligados a cumplir con ciertos parámetros de calidad y ética en contenidos. Nadie habla de eso.
Lo que sí es que cuando llegue el momento de discutirlo, no será opción hacerlo a puerta cerrada como en 2018. Anotemos la fecha. No la olvidemos. Prendamos la tele y sigamos las noticias para recordarnos que en 2042 tendremos una cita para librarnos del yugo de Ricardo y Emilio.
Información | SIN EMBARGO |
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Fuente: Agencias
Columnas
Morena no es México, no se engañen
Opinión de Jorge Romero Herrera
El pasado fin de semana, fuimos testigos de dos eventos que mostraron fielmente lo que ya había descrito en pasadas colaboraciones: en México no estamos hablando ya únicamente de una diferencia partidista. Estamos hablando de dos visiones completamente distintas de país.
Por un lado, un oficialismo desesperado encabezado por la propia presidenta de la República que defiende, protege y blinda a sus personajes acusados de involucrarse con bandas de criminales -a costa de poner en riesgo al país-, y del otro lado, quienes siguen creyendo en la libertad, en la legalidad y en la necesidad de construir un México donde el Estado no se arrodille frente al crimen organizado y el combatirlo no genere la persecución política y el descrédito.
Lo vivido este sábado en Chihuahua nos llena de orgullo y de esperanza. Fue una demostración contundente de que no podemos rendirnos. Se sintió en el ambiente. Se vibró en cada mensaje. Se reflejó en la presencia de miles de chihuahuenses que salieron a defender a una gobernadora que no se ha escondido ni un instante y que ha enfrentado cada ataque con determinación y carácter. Chihuahua habló fuerte y claro. No fue una movilización impulsada por el miedo. Fue una movilización impulsada por la convicción de que cuando se comete una injusticia, la ciudadanía tiene el derecho y la obligación de levantar la voz.
En Acción Nacional estamos con Maru. Lo estamos porque creemos en ella, porque conocemos su trayectoria, porque sabemos de los resultados que ha entregado a las familias chihuahuenses y porque reconocemos, como millones de mexicanas y mexicanos, que lo que hoy enfrenta tiene todos los elementos de una persecución política. Ella tiene el respaldo de su estado, de su partido y de millones de mexicanas y mexicanos en todo el país que observan con preocupación cómo las instituciones del Estado comienzan a utilizarse con criterios políticos y no jurídicos porque ese es el fondo del problema.
Mientras una gobernadora de oposición es sometida a una presión permanente por haber enfrentado al crimen organizado y por haber cumplido con su deber, vemos cómo personajes cercanos al oficialismo reciben protección, silencio o explicaciones que buscan justificar lo injustificable, por eso resulta tan revelador lo ocurrido con el intento de juicio político promovido contra Maru Campos.
Hicieron anuncios, convocaron conferencias, generaron titulares y pretendieron construir una narrativa de culpabilidad anticipada. Sin embargo, cuando llegó el momento de sostener jurídicamente sus acusaciones, ni siquiera fueron capaces de ratificar la solicitud dentro del plazo legal establecido.
La propia presidenta de la Cámara de Diputados, la diputada Kenia López Rabadán, confirmó que el plazo venció y que los promoventes no acudieron a ratificar su petición. Así terminó un episodio que demuestra que muchas veces el objetivo no es encontrar justicia, sino fabricar escándalos, crear cortinas de humo.
Por eso, a lo largo del encuentro, una consigna fue cobrando fuerza hasta convertirse en la voz de miles de personas: Yo con Maru. No es solamente un lema. Es una definición. Es una manera de decir que estamos del lado de quien enfrenta al crimen y no del lado de quien lo tolera y hay una imagen que retrata perfectamente el momento que vive el país. Por eso miles de panistas en todo México nos hemos puesto con orgullo la camiseta de “Yo con Maru”. Lo hicimos en Chihuahua. Lo hicieron nuestras senadoras y senadores. Lo han hecho dirigentes, legisladores y ciudadanos. En contraste, no hemos visto a un solo morenista ponerse una camiseta que diga “Yo con Rocha”. Ni uno solo, esa diferencia no es casualidad. Cuando hay convicción. Cuando existe certeza moral. Por eso unos salen a defender con orgullo y otros prefieren guardar silencio, por eso unos dan la cara y otros se esconden detrás de comunicados. Preocupa que, frente a los escándalos que involucran a figuras relevantes de Morena en distintos puntos del país, la respuesta del gobierno siga siendo la misma: envolver cualquier cuestionamiento legítimo en una narrativa de confrontación entre patriotas y “traidores” que solo existen en su imaginario. En lugar de aclarar dudas, investigar responsabilidades o rendir cuentas, se recurre al discurso de la soberanía, la defensa de la patria y la transformación como un escudo político para descalificar a quienes exigen explicaciones. Que les quede muy claro: nadie está en contra de México ni del amor a nuestra patria. Nadie está atacando a México. Morena no es México. Es preocupante utilizar esos sentimientos compartidos por millones de mexicanas y mexicanos para desviar la atención de problemas concretos. La defensa de la soberanía nacional no puede convertirse en una excusa para evitar la rendición de cuentas, ni el respaldo popular puede sustituir la obligación constitucional de transparentar decisiones y esclarecer conductas indebidas de servidores públicos o dirigentes partidistas. No vamos a aceptar que se persiga a quienes combaten al crimen mientras se protege a quienes están rodeados de cuestionamientos. No podemos aceptar que existan gobernadores de primera y gobernadores de segunda dependiendo del color de su partido. En Acción Nacional no tenemos dudas sobre de qué lado estamos. Frente a los intentos de intimidación y al uso faccioso de las instituciones, estaremos junto a Maru Campos porque sabemos que esta causa trasciende a una persona o a un gobierno. Lo que está en juego es algo mucho más importante: el derecho de millones de mexicanas y mexicanos a vivir en un país donde la ley se apliquen con imparcialidad y donde pensar distinto no sea motivo de persecución. Por eso, desde Chihuahua se envía hoy un mensaje que debe escucharse en todo México: no van a dividirnos, no van a doblegarnos y no van a lograr que guardemos silencio frente a una injusticia. Mientras desde el oficialismo el mensaje es de desesperación, impunidad y contubernio. POR JORGE ROMERO HERRERA PRESIDENTE DEL PARTIDO ACCIÓN NACIONAL
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Sheinbaum relanza al PAN
Opinión de Juan Ignacio Zavala | El Heraldo de México |
Lo que el PAN rompió, lo pega Claudia. Jorge Romero, presidente del PAN, ha intentado de manera infructuosa poner a su partido en la órbita de la opinión pública. También ha hecho intentos de reconstruir las relaciones rotas hace mucho tiempo en ese partido con poco éxito. Ha intentado acercarse a los dos expresidentes salidos de ese partido y siempre ha tenido palabras amables para ellos, pero nada de un evento juntos. El PAN continuaba igual que antes: a la deriva y sin causas visibles.
Hasta que Claudia Sheinbaum decidió atacar de frente a la gobernadora panista Maru Campos. En efecto, la Presidenta y su partido emprendieron una ruda ofensiva en contra de la chihuahuense, que jamás se imaginó estar en medio de una polémica nacional y que su nombre destacara en todos los noticieros y redes sociales. El PAN entendió que era su oportunidad de oro y montó enseguida una defensa de su gobernadora y la arroparon desde un inicio. Campos se dedicó a dar entrevistas por doquier y a denunciar la persecución en su contra. Finalmente, la oposición panista tenía una causa propia y quien la representara.
Se puede decir que este “relanzamiento del PAN” corrió a cargo de Claudia Sheinbaum. Fue ella la que empezó los ataques contra Campos y, más aún, insiste en mantener los señalamientos. Ya ha sido muy comentado que la intención oficial es igualar los marcadores de la denuncia estadounidense por Rocha Moya, Inzunza y demás morenistas que son reclamados por la justicia de ese país. Por eso a sus gobernantes calificados como narcos quieren equiparar a una panista acusada de traición a la patria por transgredir la ley en la cooperación con la CIA. No es poca cosa. Y en lo que deciden qué hacer con los morenistas y sus relaciones con el crimen organizado, han comenzado un proceso contra la gobernadora de Chihuahua. Con la diferencia de que todo lo que sucede con la chihuahuense lo sabe la población: la acusación, el citatorio, las fecha del citatorio, el recibimiento de éste, quiénes lo entregaron y quiénes lo recibieron. Todo. En el caso de Rocha Moya e Inzunza no sabemos nada. Ellos dijeron que fueron a la FGR, pero nadie vio nada, todo lo hacen a escondidas.
Al igual que en su informe del día de ayer, parece que la Presidenta ha escogido el combate al crimen como eje discursivo para compararse con los gobiernos pasados y marcar una diferencia con Estados Unidos. Su problema no es de discurso, sino de realidad, pues los señalados son de su partido y parece que vienen varios nombres más de esos que la Presidenta les dice “compañeros de lucha”.
El fin de semana, en Chihuahua, los panistas armaron un evento de apoyo a Maru Campos. Lo que quedó claro es que el panismo ya tiene un grito en la calle y se está organizando para dar la batalla en un campo de acción que tendrá que ver con el combate al crimen organizado. En ese evento estuvieron juntos Felipe Calderón y Vicente Fox, algo que no sucedía desde hace años. Los expresidentes panistas se mostraron felices de estar arengando a la gente nuevamente, los panistas muy contentos de tener sus líderes de nivel nacional juntos, y todo gracias a doña Claudia. Nadie sabe para quién trabaja.
POR JUAN IGNACIO ZAVALA
@juanizavala
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Incongruencias
Opinión de Raymundo Riva Palacio
¿Cómo funciona la mente de la presidenta Claudia Sheinbaum? Uno de sus atributos ha sido su formación de científica que utiliza el método científico para generar conocimiento, mediante el análisis de datos basados en evidencias y formular soluciones a los problemas. Sin embargo, después de dos años en el poder, puso seis metros bajo tierra a la cientificidad. Como vieron el domingo, el pragmatismo tecnocrático que mostró en el arranque de su sexenio, lo cambió por la ideología. Su sesgo incubado la sacó del clóset y redefinió su gobierno, la relación con Estados Unidos y, de seguir lo que trazó, la historia mexicana.
Sepultada la cabeza fría y finalmente expuesta su sangre caliente, la presidenta, tardó menos de 24 horas en mostrar la incongruencia intelectual del momento cúspide de su discurso para conmemorar su triunfo electoral hace dos años, la denuncia del intervencionismo de Estados Unidos en la política interna de México y en las elecciones intermedias del próximo año. Lo hizo hablando ayer de Colombia, al sumarse a la posición del presidente Gustavo Petro, y señalar posible fraude en las elecciones presidenciales en ese país. ¿Por qué tenía que meterse?
No hay ninguna diferencia entre lo que denunció del gobierno de Donald Trump y lo que declaró sobre las elecciones en Colombia. Fue tan injerencista como Trump, mostrando la debilidad de su argumento y la forma sesgada y maniquea cómo ve la intromisión en los asuntos internos de otros países: si es para apoyar a gobiernos con quienes tiene identificación ideológica y política, o cuestionar a gobiernos que piensan diferente al suyo, no hay intervencionismo. Todo lo demás, sí. Su mente funciona con parcialidad de variables, donde excluye todas aquellas que son relevantes, pero no se ajustan a su pensamiento.
Esta contradicción es lo que funcionarios estadounidenses califican como una hipocresía. Ella, quizás, ni siquiera lo puede ver. En Barcelona, donde acudió a un encuentro de líderes convocados por el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, se tomó una fotografía con un letrero donde pedía “justicia” para Cristina Fernández, la expresidenta argentina que está en prisión domiciliaria por un fraude de más de 500 millones de dólares. Sheinbaum ignoró, o no cree, que Fernández fue estuvo involucrada en un escandaloso caso de corrupción institucional y que pasó por la justicia argentina.
No ha cuidado tampoco su inclinación y pleno respaldo por el expresidente de Perú, Pedro Castillo -incluso recibió en Palacio Nacional a su abogado-, que fue condenado a 15 años de prisión por el delito de conspiración para una rebelión, tras un fallido autogolpe en 2022. La presidenta ha dicho que es una “injusticia” porque fue él quien cayó por un golpe de Estado y es víctima de persecución política. La justicia peruana tiene otros datos.
Con Ecuador mantiene un diferendo heredado por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que le dio asilo al exvicepresidente Jorge Glas en 2023, pese a haber sido condenado por corrupción y estar sujeto a proceso por otros delitos. En reacción a ello, el presidente Daniel Noboa autorizó el asalto a la Embajada de México en Quito, violando tratados internacionales. Sheinbaum no ha resuelto el conflicto diplomático, y ha asegurado que no restablecerá las relaciones mientras Noboa siga siendo presidente.
Sheinbaum ha sido declarada persona non-grata en esos países, una categoría que solo comparte con dos expresidentes mexicanos, Vicente Fox y Felipe Calderón, que recibieron el mismo tratamiento por el expresidente de Venezuela, Nicolás Maduro, por criticar el estado de la democracia en ese país. La presidenta, por el contrario, buscó coordinar acciones latinoamericanas para defender a Maduro cuando Estados Unidos intervino Venezuela para extraerlo y llevarlo ante los tribunales en Brooklyn, acusado de narcotráfico.
La presidenta, como antes lo hizo López Obrador, nunca se pronunció contra la falta de libertades en Cuba, Nicaragua y la Venezuela chavista, cuyos regímenes dictatoriales apoyó sin matices. Ella es parte de un movimiento que lleva ocho años en Palacio Nacional, que abiertamente intervino en las elecciones en Estados Unidos, cuando López Obrador pidió votar contra los republicanos, enviando recursos disfrazados de presupuesto para los consulados para hacer activismo político.
En su decantamiento por Petro e intervencionismo en los asuntos internos de Colombia, la presidenta dijo que previamente a las elecciones de este domingo había habido una ofensiva mediática y campañas de desinformación impulsadas por una red internacional, que fue una de sus denuncias el domingo, como parte de una conspiración de la ultraderecha internacional y de Estados Unidos.
Pero no impidió, sino al contrario, permitió que su coordinador de asesores, Jesús Ramírez Cuevas, el jefe de la propaganda obradorista e ideólogo de la polarización, financiara un canal dirigido por el español Pablo Iglesias -que es asesor de Sheinbaum-, por donde entró la maquinaria de propaganda del Kremlin, que se ha documentado generó por años campañas de desinformación a través de noticias falsas para incidir en procesos electorales en Estados Unidos y provocar desestabilización.
La posición binaria de Sheinbaum sobre el injerencismo y el intervencionismo es muy propio de la cultura del obradorismo, al igual que la discrecionalidad con la que aplican la Doctrina Estrada, siempre a flor de boca de la presidenta, pero que se aplica acorde de sus filias y fobias ideológicas. Esta dualidad intelectual y política la quita espacios de maniobra frente a Estados Unidos y anula sus demandas de no intervencionismo. Para poder mantener esa posición con eficacia, requiere de tener una autoridad política y diplomática, además de moral. Si no la tiene, ¿cómo puede esperar que la tomen en serio cuando aplica en otros lo que no quiere que le hagan a ella?
Funcionar bajo un pensamiento con parcialidad de variables, lleva en política a diagnósticos equivocados y conclusiones fallidas. Le ha quitado coherencia diplomática a su discurso -perdiendo autoridad en el mundo, cuando alguna vez fue respetado por la consistencia de sus principios-, y potencia argumentativa. La presidenta sigue perdiendo credibilidad y no lo ve de esa manera, lo que explica su posición intervencionista en Colombia.
No puede esgrimir neutralidad y tener la fuerza para denunciar el intervencionismo de Washington, porque su palabra ha perdido credibilidad frente a Estados Unidos. Al perder consistencia con su doble rasero de la autodeterminación, quedó expuesta por la mezcla de soberanía con protección política de criminales que hizo en su discurso, en momento donde su endurecimiento también existe del otro lado del Río Bravo.
rrivapalacio2024@gmail.com
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