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Ronald “El Rambo” Johnson ya está en México

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Opinión de Salvador García Soto | El Universal |

La tarde del jueves, procedente de Washington DC, llegó a México el nuevo embajador de los Estados Unidos, Ronald Douglas Johnson. El coronel del ejército estadounidense, quien fuera también “Boina Verde” de fuerzas especiales y exagente de la CIA, viene con el mensaje claro y contundente de que la prioridad para la administración de Donald Trump es la inseguridad y la violencia del narcotráfico mexicano, catalogado ya como “terrorismo” por las leyes estadounidenses.

Y aunque en su primera actividad en el país, la mañana de ayer viernes el nuevo embajador decidió visitar el santuario guadalupano en el cerro del Tepeyac, como un mensaje de acercamiento y empatía al pueblo de México, los antecedentes, el perfil y la formación de Ronald Johnson no dejan lugar a dudas de que será un embajador duro, sin dejar de lado la diplomacia y las formas políticas, pero en esencia un “súper policía” o más bien un “halcón” de los intereses de su país y particularmente de las prioridades del presidente Trump en la relación bilateral con México.

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Para nadie es un secreto que la designación de Johnson como embajador en México viene precedida de la actuación que tuvo en El Salvador durante el primer periodo presidencial de Trump, en donde el oficial retirado del Ejército y experto en inteligencia para la CIA, jugó un papel protagónico en la estrategia para golpear, desarticular y encarcelar a las violentas pandillas de la Mara Salvatrucha y sus conexiones con el narcotráfico que sumieron a la nación centroamericana en la inseguridad y la violencia durante décadas, sometiendo incluso a gobiernos y presidentes que, por indolencia, complicidad o de plano incapacidad, dejaron crecer a las organizaciones criminales violentas que aterrorizaban a la población.

Por eso, más allá de los protocolos diplomáticos que ya empezó a cumplir el nuevo enviado de Washington, quien ayer acudió a la sede de la cancillería mexicana para reunirse con el secretario Juan Ramón de la Fuente y ofrecer “diálogo y cooperación” en las relaciones bilaterales, y el próximo lunes estará en Palacio Nacional para entregarle sus cartas credenciales a la presidenta Claudia Sheinbaum, la verdadera misión de Ronald Johnson en territorio mexicano va mucho más allá de la representación diplomática y apunta a ser un agente activo en la guerra que el presidente Trump le ha declarado a los cárteles de la droga mexicanos, ahora clasificados como “organizaciones terroristas extranjeras”.

El perfil y la actividad del flamante embajador estadounidense será muy distinto a los últimos políticos y diplomáticos de su país que ocuparon el despacho principal de la embajada gringa en los últimos años. Ni la experiencia diplomática y el trato siempre amable de Roberta Jacobson, que fue la embajadora enviada por Barack Obama pero siguió en el cargo durante los dos primeros años del gobierno de Donald Trump; ni el gusto por todo lo mexicano del republicano Christopher Landau, primer embajador nominado por Trump; y mucho menos la siempre afable presencia del embajador de Joe Biden, Ken Salazar, quien de tanta amabilidad terminó siendo acusado en Washington de “excesiva cercanía” con el presidente López Obrador, es algo que se espere del nuevo representante de la Casa Blanca.

Con la presencia de poderosos barcos guerra en los límites marítimos de México, con incursiones “técnicas” en el Puerto de Veracruz, con aviones y drones no tripulados sobrevolando el territorio nacional y con un aumento de la presencia de agentes de la DEA y de otras agencias estadounidenses en la embajada, está más que claro que el coronel Johnson no viene sólo a hacer labores diplomáticas o a mantener una imagen de “cordialidad” en su relación con el gobierno de México. Viene más bien a coordinar la estrategia de guerra —que aún no sabemos totalmente cómo será—, en contra de las organizaciones “narcoterroristas” que operan en México y sus aliados y protectores políticos.

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No es para nada casualidad que justo el día en que arribaba a México, en un avión militar estadounidense, el nuevo embajador, desde la prensa de su país el periodista Tim Golden confirmara, con fuentes de las agencias de seguridad de su país, la existencia de una lista (que en esta columna bautizamos como “la Lista de Marco” por el secretario de Estado) de políticos, funcionarios y dirigentes del partido Morena que están en la mira del gobierno estadounidense por mantener presuntos vínculos con el narcoterrorismo. “La lista de mexicanos que pueden ser objeto de restricciones de visa por parte de EU incluye a líderes del partido de la presidenta Claudia Sheinbaum, gobernadores estatales y ministros del gabinete”, publicó el jueves el periodista de investigación y excorresponsal del New York Times en México.

¿Viene Johnson a ejecutar las restricciones de visado a políticos del régimen a los que se identifica como vinculados de distintas formas a los cárteles mexicanos? Es seguro que sí, como también viene a ser el enlace para presionar por la cooperación del gobierno de Sheinbaum para empezar a golpear, con operaciones directas de fuego, a los capos de la droga y a desmantelar el poderío y dominio que hoy tienen, según todos los análisis del Departamento de Estado y de la DEA, en casi dos terceras partes del territorio mexicano. ¿Será el nuevo embajador suave y diplomático en sus formas o será más bien, con su formación militar, recio y directo en las peticiones o presiones para que la administración mexicana acepte la “ayuda” que insistentemente le ha ofrecido Trump? Eso lo sabremos en las siguientes semanas y meses.

Pero por ahora, cuando se dice en tono irónico que nos mandaron un “Rambo” como embajador, la afirmación va más allá de la ironía y más bien se vuelve descriptiva si se considera el perfil, la formación y los antecedentes que preceden a Ronald Douglas Johnson, el emisario designado por Trump para librar su guerra contra los narcoterroristas mexicanos y sus redes en la política nacional, que ocurrirá —como ya ha empezado a verse en la escalada creciente desde Washington— con o sin la colaboración del gobierno mexicano.

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NOTAS INDISCRETAS…

Ahora que a la presidenta Sheinbaum se le escucha decir, un día sí y otro también, que desconoce acciones y decisiones del gobierno de Estados Unidos, repitiendo frases como “no fuimos informados”, “desconozco la información” o “vamos a exigir que nos informen”, en los círculos diplomáticos de la cancillería mexicana muchos se preguntan ¿qué está haciendo entonces el embajador de México en Estados Unidos, Esteban Moctezuma Barragán? Se supone que la labor principal del representante mexicano en Washington es mantener informada a la Presidenta y de paso a su jefe el canciller De la Fuente, de lo que se mueve en los corrillos de la Casa Blanca y el Congreso estadounidense. Detectar posibles anuncios o políticas y acciones que involucren a México, a sus intereses, ciudadanos o a la relación bilateral, es parte de lo que debe estar enterado el embajador mexicano para adelantarse y alertar a Palacio Nacional y a la cancillería de lo que se esté fraguando, ya sea en el Capitolio, en el Senado o en la Casa Blanca y sus distintas dependencias y agencias. Pero por la forma en que a la Presidenta y a su gabinete se les ha visto sorprendidos, sin conocimiento y sin contexto de diversas acciones que están ocurriendo en contra de México o de sus intereses, está más que claro que algo está fallando en la labor del edificio del 1911 de la calle de Pennsylvania y particularmente en la oficina del embajador y hasta ahora no sabemos qué es lo que falla porque “no nos han informado” y “vamos a pedir, a exigir que nos informen”…Entre las huestes morenistas de varios estados de la República han empezado a circular imágenes gráficas que se les entregan a los comités de base del partido gobernante, en los que se les indica por colores de las listas y números de candidatos a la próxima elección judicial por quienes deben votar en los comicios del próximo 1 de junio. Por ejemplo, en una de esas gráficas que se distribuye en Jalisco, y de la que tiene copia esta columna, aparece como título “Poder Judicial, Circuito Judicial VI, Distrito Judicial 1 y 2”, luego aparecen dos columnas con los nombres de “hombres” y “mujeres” y están enlistados primero, con un cuadro morado, que indica la lista para votar por ministras y ministros de la Suprema Corte, los nombres de Batres Guadarama Lenia, con el número 03; Esquivel Mossa Yasmín con el 08; Herrerías Guerra Sara Irene, con el 16; Ortiz Half Loreta con el 22; Ríos González María Estela con el 26; Aguilar Ortiz Hugo, con el 34; Espinoza Betanzo Irving con el 41; Figueroa Mejía Giovani Hazael con el 43 y Guerrero García Aristides Rodrigo con el número 48. Luego, con el color Verde que indica la lista para elegir a los magistrados del Tribunal de Disciplina Judicial, aparecen los nombres de De Gyves Zarate Eva Verónica con el 02; García Pérez Indira Isabel con el 04; Maya García Celia con el 09; Bátiz Vázquez Bernardo con el 23 y H León Tovar Rufino con el 31. Con el color azul, que indica la elección de magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación aparecen los nombres de Valle Aguilasocho Claudia con el 06; y Bátiz García Gilberto Guzmán con el 07. Finalmente, con el color rosa, que indica la elección de Magistrados de Circuito, aparecen los nombres de Guevara y Herrera María Celia con el 03; Mendoza Aragón Ixel, con el 06; y Ceballos Daza José Luis con el número 13. El documento, nos dicen periodistas de Jalisco, se repartió como “documento interno de Morena” y fue distribuido a los comités del partido oficial en Jalisco. ¿Será que como dicen los memes en las redes sociales, en estos comicios judiciales “ya tienen los resultados y solo les falta hacer las elecciones”?…Se cierra la semana con una Escalera Doble. Buen fin de semana para los amables lectoras y lectores.

Salvador García Soto

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Morena no es México, no se engañen

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Opinión de Jorge Romero Herrera

El pasado fin de semana, fuimos testigos de dos eventos que mostraron fielmente lo que ya había descrito en pasadas colaboraciones: en México no estamos hablando ya únicamente de una diferencia partidista. Estamos hablando de dos visiones completamente distintas de país.

Por un lado, un oficialismo desesperado encabezado por la propia presidenta de la República que defiende, protege y blinda a sus personajes acusados de involucrarse con bandas de criminales -a costa de poner en riesgo al país-, y del otro lado, quienes siguen creyendo en la libertad, en la legalidad y en la necesidad de construir un México donde el Estado no se arrodille frente al crimen organizado y el combatirlo no genere la persecución política y el descrédito.

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Lo vivido este sábado en Chihuahua nos llena de orgullo y de esperanza. Fue una demostración contundente de que no podemos rendirnos. Se sintió en el ambiente. Se vibró en cada mensaje. Se reflejó en la presencia de miles de chihuahuenses que salieron a defender a una gobernadora que no se ha escondido ni un instante y que ha enfrentado cada ataque con determinación y carácter. Chihuahua habló fuerte y claro. No fue una movilización impulsada por el miedo. Fue una movilización impulsada por la convicción de que cuando se comete una injusticia, la ciudadanía tiene el derecho y la obligación de levantar la voz.

En Acción Nacional estamos con Maru. Lo estamos porque creemos en ella, porque conocemos su trayectoria, porque sabemos de los resultados que ha entregado a las familias chihuahuenses y porque reconocemos, como millones de mexicanas y mexicanos, que lo que hoy enfrenta tiene todos los elementos de una persecución política. Ella tiene el respaldo de su estado, de su partido y de millones de mexicanas y mexicanos en todo el país que observan con preocupación cómo las instituciones del Estado comienzan a utilizarse con criterios políticos y no jurídicos porque ese es el fondo del problema.

Mientras una gobernadora de oposición es sometida a una presión permanente por haber enfrentado al crimen organizado y por haber cumplido con su deber, vemos cómo personajes cercanos al oficialismo reciben protección, silencio o explicaciones que buscan justificar lo injustificable, por eso resulta tan revelador lo ocurrido con el intento de juicio político promovido contra Maru Campos.

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Hicieron anuncios, convocaron conferencias, generaron titulares y pretendieron construir una narrativa de culpabilidad anticipada. Sin embargo, cuando llegó el momento de sostener jurídicamente sus acusaciones, ni siquiera fueron capaces de ratificar la solicitud dentro del plazo legal establecido.

La propia presidenta de la Cámara de Diputados, la diputada Kenia López Rabadán, confirmó que el plazo venció y que los promoventes no acudieron a ratificar su petición. Así terminó un episodio que demuestra que muchas veces el objetivo no es encontrar justicia, sino fabricar escándalos, crear cortinas de humo.

Por eso, a lo largo del encuentro, una consigna fue cobrando fuerza hasta convertirse en la voz de miles de personas: Yo con Maru. No es solamente un lema. Es una definición. Es una manera de decir que estamos del lado de quien enfrenta al crimen y no del lado de quien lo tolera y hay una imagen que retrata perfectamente el momento que vive el país. Por eso miles de panistas en todo México nos hemos puesto con orgullo la camiseta de “Yo con Maru”. Lo hicimos en Chihuahua. Lo hicieron nuestras senadoras y senadores. Lo han hecho dirigentes, legisladores y ciudadanos. En contraste, no hemos visto a un solo morenista ponerse una camiseta que diga “Yo con Rocha”. Ni uno solo, esa diferencia no es casualidad. Cuando hay convicción. Cuando existe certeza moral. Por eso unos salen a defender con orgullo y otros prefieren guardar silencio, por eso unos dan la cara y otros se esconden detrás de comunicados. Preocupa que, frente a los escándalos que involucran a figuras relevantes de Morena en distintos puntos del país, la respuesta del gobierno siga siendo la misma: envolver cualquier cuestionamiento legítimo en una narrativa de confrontación entre patriotas y “traidores” que solo existen en su imaginario. En lugar de aclarar dudas, investigar responsabilidades o rendir cuentas, se recurre al discurso de la soberanía, la defensa de la patria y la transformación como un escudo político para descalificar a quienes exigen explicaciones. Que les quede muy claro: nadie está en contra de México ni del amor a nuestra patria. Nadie está atacando a México. Morena no es México. Es preocupante utilizar esos sentimientos compartidos por millones de mexicanas y mexicanos para desviar la atención de problemas concretos. La defensa de la soberanía nacional no puede convertirse en una excusa para evitar la rendición de cuentas, ni el respaldo popular puede sustituir la obligación constitucional de transparentar decisiones y esclarecer conductas indebidas de servidores públicos o dirigentes partidistas. No vamos a aceptar que se persiga a quienes combaten al crimen mientras se protege a quienes están rodeados de cuestionamientos. No podemos aceptar que existan gobernadores de primera y gobernadores de segunda dependiendo del color de su partido. En Acción Nacional no tenemos dudas sobre de qué lado estamos. Frente a los intentos de intimidación y al uso faccioso de las instituciones, estaremos junto a Maru Campos porque sabemos que esta causa trasciende a una persona o a un gobierno. Lo que está en juego es algo mucho más importante: el derecho de millones de mexicanas y mexicanos a vivir en un país donde la ley se apliquen con imparcialidad y donde pensar distinto no sea motivo de persecución. Por eso, desde Chihuahua se envía hoy un mensaje que debe escucharse en todo México: no van a dividirnos, no van a doblegarnos y no van a lograr que guardemos silencio frente a una injusticia. Mientras desde el oficialismo el mensaje es de desesperación, impunidad y contubernio. POR JORGE ROMERO HERRERA PRESIDENTE DEL PARTIDO ACCIÓN NACIONAL

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Columnas

Sheinbaum relanza al PAN

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Opinión de Juan Ignacio Zavala | El Heraldo de México |

Lo que el PAN rompió, lo pega Claudia. Jorge Romero, presidente del PAN, ha intentado de manera infructuosa poner a su partido en la órbita de la opinión pública. También ha hecho intentos de reconstruir las relaciones rotas hace mucho tiempo en ese partido con poco éxito. Ha intentado acercarse a los dos expresidentes salidos de ese partido y siempre ha tenido palabras amables para ellos, pero nada de un evento juntos. El PAN continuaba igual que antes: a la deriva y sin causas visibles.

Hasta que Claudia Sheinbaum decidió atacar de frente a la gobernadora panista Maru Campos. En efecto, la Presidenta y su partido emprendieron una ruda ofensiva en contra de la chihuahuense, que jamás se imaginó estar en medio de una polémica nacional y que su nombre destacara en todos los noticieros y redes sociales. El PAN entendió que era su oportunidad de oro y montó enseguida una defensa de su gobernadora y la arroparon desde un inicio. Campos se dedicó a dar entrevistas por doquier y a denunciar la persecución en su contra. Finalmente, la oposición panista tenía una causa propia y quien la representara.

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Se puede decir que este “relanzamiento del PAN” corrió a cargo de Claudia Sheinbaum. Fue ella la que empezó los ataques contra Campos y, más aún, insiste en mantener los señalamientos. Ya ha sido muy comentado que la intención oficial es igualar los marcadores de la denuncia estadounidense por Rocha Moya, Inzunza y demás morenistas que son reclamados por la justicia de ese país. Por eso a sus gobernantes calificados como narcos quieren equiparar a una panista acusada de traición a la patria por transgredir la ley en la cooperación con la CIA. No es poca cosa. Y en lo que deciden qué hacer con los morenistas y sus relaciones con el crimen organizado, han comenzado un proceso contra la gobernadora de Chihuahua. Con la diferencia de que todo lo que sucede con la chihuahuense lo sabe la población: la acusación, el citatorio, las fecha del citatorio, el recibimiento de éste, quiénes lo entregaron y quiénes lo recibieron. Todo. En el caso de Rocha Moya e Inzunza no sabemos nada. Ellos dijeron que fueron a la FGR, pero nadie vio nada, todo lo hacen a escondidas.

Al igual que en su informe del día de ayer, parece que la Presidenta ha escogido el combate al crimen como eje discursivo para compararse con los gobiernos pasados y marcar una diferencia con Estados Unidos. Su problema no es de discurso, sino de realidad, pues los señalados son de su partido y parece que vienen varios nombres más de esos que la Presidenta les dice “compañeros de lucha”.

El fin de semana, en Chihuahua, los panistas armaron un evento de apoyo a Maru Campos. Lo que quedó claro es que el panismo ya tiene un grito en la calle y se está organizando para dar la batalla en un campo de acción que tendrá que ver con el combate al crimen organizado. En ese evento estuvieron juntos Felipe Calderón y Vicente Fox, algo que no sucedía desde hace años. Los expresidentes panistas se mostraron felices de estar arengando a la gente nuevamente, los panistas muy contentos de tener sus líderes de nivel nacional juntos, y todo gracias a doña Claudia. Nadie sabe para quién trabaja.

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POR JUAN IGNACIO ZAVALA

@juanizavala

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Incongruencias

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Opinión de Raymundo Riva Palacio

¿Cómo funciona la mente de la presidenta Claudia Sheinbaum? Uno de sus atributos ha sido su formación de científica que utiliza el método científico para generar conocimiento, mediante el análisis de datos basados en evidencias y formular soluciones a los problemas. Sin embargo, después de dos años en el poder, puso seis metros bajo tierra a la cientificidad. Como vieron el domingo, el pragmatismo tecnocrático que mostró en el arranque de su sexenio, lo cambió por la ideología. Su sesgo incubado la sacó del clóset y redefinió su gobierno, la relación con Estados Unidos y, de seguir lo que trazó, la historia mexicana.

Sepultada la cabeza fría y finalmente expuesta su sangre caliente, la presidenta, tardó menos de 24 horas en mostrar la incongruencia intelectual del momento cúspide de su discurso para conmemorar su triunfo electoral hace dos años, la denuncia del intervencionismo de Estados Unidos en la política interna de México y en las elecciones intermedias del próximo año. Lo hizo hablando ayer de Colombia, al sumarse a la posición del presidente Gustavo Petro, y señalar posible fraude en las elecciones presidenciales en ese país. ¿Por qué tenía que meterse?

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No hay ninguna diferencia entre lo que denunció del gobierno de Donald Trump y lo que declaró sobre las elecciones en Colombia. Fue tan injerencista como Trump, mostrando la debilidad de su argumento y la forma sesgada y maniquea cómo ve la intromisión en los asuntos internos de otros países: si es para apoyar a gobiernos con quienes tiene identificación ideológica y política, o cuestionar a gobiernos que piensan diferente al suyo, no hay intervencionismo. Todo lo demás, sí. Su mente funciona con parcialidad de variables, donde excluye todas aquellas que son relevantes, pero no se ajustan a su pensamiento.

Esta contradicción es lo que funcionarios estadounidenses califican como una hipocresía. Ella, quizás, ni siquiera lo puede ver. En Barcelona, donde acudió a un encuentro de líderes convocados por el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, se tomó una fotografía con un letrero donde pedía “justicia” para Cristina Fernández, la expresidenta argentina que está en prisión domiciliaria por un fraude de más de 500 millones de dólares. Sheinbaum ignoró, o no cree, que Fernández fue estuvo involucrada en un escandaloso caso de corrupción institucional y que pasó por la justicia argentina.

No ha cuidado tampoco su inclinación y pleno respaldo por el expresidente de Perú, Pedro Castillo -incluso recibió en Palacio Nacional a su abogado-, que fue condenado a 15 años de prisión por el delito de conspiración para una rebelión, tras un fallido autogolpe en 2022. La presidenta ha dicho que es una “injusticia” porque fue él quien cayó por un golpe de Estado y es víctima de persecución política. La justicia peruana tiene otros datos.

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Con Ecuador mantiene un diferendo heredado por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que le dio asilo al exvicepresidente Jorge Glas en 2023, pese a haber sido condenado por corrupción y estar sujeto a proceso por otros delitos. En reacción a ello, el presidente Daniel Noboa autorizó el asalto a la Embajada de México en Quito, violando tratados internacionales. Sheinbaum no ha resuelto el conflicto diplomático, y ha asegurado que no restablecerá las relaciones mientras Noboa siga siendo presidente.

Sheinbaum ha sido declarada persona non-grata en esos países, una categoría que solo comparte con dos expresidentes mexicanos, Vicente Fox y Felipe Calderón, que recibieron el mismo tratamiento por el expresidente de Venezuela, Nicolás Maduro, por criticar el estado de la democracia en ese país. La presidenta, por el contrario, buscó coordinar acciones latinoamericanas para defender a Maduro cuando Estados Unidos intervino Venezuela para extraerlo y llevarlo ante los tribunales en Brooklyn, acusado de narcotráfico.

La presidenta, como antes lo hizo López Obrador, nunca se pronunció contra la falta de libertades en Cuba, Nicaragua y la Venezuela chavista, cuyos regímenes dictatoriales apoyó sin matices. Ella es parte de un movimiento que lleva ocho años en Palacio Nacional, que abiertamente intervino en las elecciones en Estados Unidos, cuando López Obrador pidió votar contra los republicanos, enviando recursos disfrazados de presupuesto para los consulados para hacer activismo político.

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En su decantamiento por Petro e intervencionismo en los asuntos internos de Colombia, la presidenta dijo que previamente a las elecciones de este domingo había habido una ofensiva mediática y campañas de desinformación impulsadas por una red internacional, que fue una de sus denuncias el domingo, como parte de una conspiración de la ultraderecha internacional y de Estados Unidos.

Pero no impidió, sino al contrario, permitió que su coordinador de asesores, Jesús Ramírez Cuevas, el jefe de la propaganda obradorista e ideólogo de la polarización, financiara un canal dirigido por el español Pablo Iglesias -que es asesor de Sheinbaum-, por donde entró la maquinaria de propaganda del Kremlin, que se ha documentado generó por años campañas de desinformación a través de noticias falsas para incidir en procesos electorales en Estados Unidos y provocar desestabilización.

La posición binaria de Sheinbaum sobre el injerencismo y el intervencionismo es muy propio de la cultura del obradorismo, al igual que la discrecionalidad con la que aplican la Doctrina Estrada, siempre a flor de boca de la presidenta, pero que se aplica acorde de sus filias y fobias ideológicas. Esta dualidad intelectual y política la quita espacios de maniobra frente a Estados Unidos y anula sus demandas de no intervencionismo. Para poder mantener esa posición con eficacia, requiere de tener una autoridad política y diplomática, además de moral. Si no la tiene, ¿cómo puede esperar que la tomen en serio cuando aplica en otros lo que no quiere que le hagan a ella?

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Funcionar bajo un pensamiento con parcialidad de variables, lleva en política a diagnósticos equivocados y conclusiones fallidas. Le ha quitado coherencia diplomática a su discurso -perdiendo autoridad en el mundo, cuando alguna vez fue respetado por la consistencia de sus principios-, y potencia argumentativa. La presidenta sigue perdiendo credibilidad y no lo ve de esa manera, lo que explica su posición intervencionista en Colombia.

No puede esgrimir neutralidad y tener la fuerza para denunciar el intervencionismo de Washington, porque su palabra ha perdido credibilidad frente a Estados Unidos. Al perder consistencia con su doble rasero de la autodeterminación, quedó expuesta por la mezcla de soberanía con protección política de criminales que hizo en su discurso, en momento donde su endurecimiento también existe del otro lado del Río Bravo.

rrivapalacio2024@gmail.com

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