Columnas
Salinas Pliego tocó en la ventanilla equivocada
Opinión de Enrique Olivares | El Universal |
Era imposible. Impensable. Inviable. Sería absolutamente reprobable. La presidenta Claudia Sheinbaum no iba a recibir en privado a Ricardo Salinas Pliego. Ni para hablar de los impuestos que debe. Ni para establecer con él ninguna relación.
El dueño de TV Azteca tocó la ventanilla equivocada. Para él, eventualmente, la suerte está echada (alea iacta est). Tendrá que pagar.
En la perspectiva que lo colocan las cuentas que le hace el SAT, está perdido. Lo que se ha establecido públicamente en su contra, estaría casi por hacerse oficial.
Por la postura presidencial, todo indica que, con el cumplimiento de sus obligaciones hacendarias, en breve. Inexorablemente, será menos rico.
El magnate empujó. Pateó. Apedreó, Bombardeó al gobierno anterior y al actual con misiles verbales. Mediáticos. Jurídicos.
Los últimos son muy su derecho, pero cometió el error de acompañarlos con ataques. Críticas. Burlas que, incluso, hizo personales.
Desde su posición de poder económico indiscutible, midió fuerzas una. Otra y otra vez con la máxima autoridad del país, encarnada en la titularidad del Poder Ejecutivo.
¿No tiene un asesor, un amigo que le haya comentado que jamás ganaría esa guerra? Los habría ignorado. Solo, decidió ponerse la soga al cuello.
En los años que lleva litigando ante las autoridades, podría haber conseguido un arreglo. Al menos que el pago no se elevara tanto.
La casi certeza de que no podrá evitar la cobertura de impuestos, sea por el monto que fuere, le hará saber quién es quién en términos de poder. Sabrá “quién manda aquí”.
El poder del presidente en México es extraordinario. Inconmensurable. Descomunal. Puede ser inmisericorde. Despiadado. Ilegal. Arbitrario. Devastador.
Quien crea que puede enfrentarse a ese monstruo. Cuyas acciones pueden ser descarnadas. Salvajes. Crueles. Inhumanas, incurre en grave yerro. El Leviatán es invencible. Brutal. Implacable. Feroz.
Nadie. Ningún ciudadano. Por adinerado. Importante. Poderoso. Popular que sea, tiene la menor posibilidad de éxito si pretende ganarle. Menos, si lo presiona. Amenaza. Chantajea en cualquier forma o grado.
Es el caso de Ricardo Salinas Pliego. Su inevitable tropiezo. Fracaso. Contundente derrota frente al gobierno podría ser, incluso, cuestión de días.
Con su obsesión de no pagar las contribuciones que adeuda, según el SAT. Los ojos vendados. La mente obnubilada. La arrogancia que le inflaman sus haberes. Osadía. Temeridad, incluso le hace un favor enorme a la presidenta.
Hoy, en que apenas llega a su primer año de gobierno. Con las inauditas presiones de Estados Unidos. El tsunami de corrupción que envuelve a tantos morenistas huachicoleros con su antecesor a la cabeza, le da ocasión para demostrar su poder.
Lo que no ha hecho para tomar distancia de Andrés Manuel López Obrador, a quien no se cansa de elogiar. Enaltecer tan continuamente que llega a despersonalizarse a sí misma. A desconocerse como presidenta llamándolo presidente, la ha llevado a verse políticamente en su esencia.
La postura y la respuesta que ha asumido en este caso, era lo indicado. Correcto. Racional. Obligado. No podía ser de otra manera.
Negar la reunión que pidió Salinas Pliego para llevar a cabo “una mesa de diálogo responsable” a fin de que sus empresas paguen los gravámenes pendientes, tuvo la única respuesta posible. Aceptable. Concebible. Indubitable.
La exhibe como verdadera jefa de Estado. Como la presidenta fuerte que puede y debe ser siempre. Lo que ha ganado esta vez, si tiene voluntad. Determinación. Coraje, puede multiplicarlo. Elevarlo a la “n” potencia resolviéndole “su asunto” a Adán Augusto López y demás criminales tomboleros y acordeoneros que la tienen cercada.
Elevar la mira hasta lo más alto y sacudirse la carga que le representa López Obrador, abriría su horizonte. Empezaría realmente su gobierno. Comenzaría a recorrer el camino de su consagración.
Lo que quería el multimillonario era improcedente. Imprudente. Inatendible. Inadmisible. El Derecho es de aplicación general. De observancia obligada. Punible su violación. ¿No tiene un consejero que se lo recuerde?
Acceder a lo que buscaba, tendría consecuencias y resultados funestos para la presidenta. Su status. Autoridad. Funciones. Responsabilidad. Imagen, quedarían vulnerados. Debilitados. Expuestos.
Conceder audiencia a Salinas Pliego implicaría darle motivo. Razón. Margen para que se creciera. Para que dijera que nadie se le compara. Que es más importante y poderoso que la jefa del Estado.
Otorgarle alguna ventaja fiscal, lo llevaría a ufanarse con que “le ganó” a la presidenta. No serían descartables algunas referencias relacionadas con el tema de género en las redes sociales, considerando la intensa actividad que tiene en ellas. Que tanto le fascinan. Con sus frecuentes excesos.
Atender al propietario de Elektra para hablar de impuestos se traduciría en una pérdida incuantificable para Claudia Sheinbaum. Él, en cambio, ganaría lo inimaginable. Dejar que sea “más importante” que ella nunca. Jamás podría permitírselo.
Desataría una crítica justificada de la sociedad. Le echaría en cara el puro encuentro. No se diga si le otorgara algún beneficio. Por pequeño que fuere.
Sin tener por qué, la presidenta arriesgaría el apoyo que tiene. Su nivel de popularidad. Se la vincularía con quienes más fustiga en sus alocuciones. Caería por tierra su discurso de “primero los pobres”.
¿Cuántos otros personajes acaudalados que, tengan o no adeudos con el fisco, con fundamentos o sin ellos, reclamarían trato privilegiado también?
Someter a Salinas Pliego al rigor de la ley, representa un logro importante para la presidenta. Se confirmará que con ella. Con lo que todos debemos aportar para el sostenimiento del Estado según ingresos, no se juega.
Por eso su respuesta fue totalmente acertada. Contundente. Válida. Inequívoca: “…esto no es un asunto de negociación en lo oscurito (…) negociación de la ley, nunca (…) Esos tiempos ya quedaron en el pasado, no es asunto de sentarnos a negociar qué sí, qué no”.
Con esa definición, Claudia Sheinbaum exhibió dimensión de estadista.
Además –así sea sólo en el discurso–, se ajustó a quienes abrazan el diálogo y el Derecho, componentes básicos de la democracia:
«No es autoritarismo, la ley es ley (…) Nosotros siempre vamos a estar abiertos al diálogo. Nosotros nunca vamos a cerrar la puerta a nadie, pero negociación de la ley, nunca (…) Nada ni nadie por encima de la ley. Se llama Estado de derecho para todas y para todos».
En esa vertiente, recalcó que no hay consideraciones para nadie. Que todos los contribuyentes tienen derecho de audiencia y serán recibidos por el Servicio de Administración Tributaria (SAT).
«La ley es la ley», dejó inconfundiblemente claro.
Y si dura lex, sed lex (la ley es dura, pero es la ley), y ha de serlo para cada cual mirando a mantener el orden, la justicia y la paz en beneficio de la sociedad, Ricardo Salinas Pliego, a como están las cosas para él, tendrá que desembolsar muchos millones de pesos.
Cobrarle a él, como uno de los grandes y poderosos oligarcas que es, tiene también un hondo significado para la propia presidenta:
¡Puede! ¡Sí! ¡Puede!
Es de desear que asuma esa capacidad para gobernar. Lo primero que necesita es creérselo. Internalizarlo. Concretarlo en sus acciones y decisiones.
Puede ejercer el poder en beneficio de todos. Por su propio bien. Por el bien de México. El momento histórico que vive le exige continuar en ese rumbo.
Mantenerlo, la obliga a deshacerse del pesado fardo que lleva encima.
Nadie en este país, ignora que su nombre es… Andrés Manuel López Obrador.
Línea de Fuego
El Sistema Nacional de Creadores de Arte (SNCA) es feudo de unos cuantos. Por años, se han apropiado de los recursos que maneja esa institución, según ha expuesto con meridiana claridad; con nombres y hechos, Efrén Hernández en El Universal. ¿Habrá alguien que ponga remedio a esa injusticia, lindante con el fraude?… Seguramente la diputada Bertha Osorio, diputada de Morena, tiene una amplísima cartera de empleos para que los ocupen los pasantes sin perder el tiempo elaborando una tesis. A su ocurrencia de que se elimine este requisito, podría agregar que los titulen sin que cursen la carrera. Podrían ser “políticos”, como ella… La presidenta de la República ha salvado a más de un gobernador del rechazo popular durante sus giras. Esas expresiones derivan de su mal desempeño. Sería mejor escuchar las quejas y motivarlos a mejorar. Todos ganarían. Cubrirlos es incitarlos a reincidir…Rocío Nahle está en problemas por los señalamientos sobre el huachicol que, en su contra, ha hecho el general y exsubdirector de Salvaguardia Estratégica de Pemex, Eduardo León Trauwitz. Pero puede estar tranquila. Tiene la protección del huachicolero mayor de la política… Luisa María Alcalde, supuesta líder de Morena, cree que la gente se traga su palabrería de que su partido no está en la misma canasta que el PRIAN. En efecto. Sabe que está en el bote de la basura. ¿O qué es toda la corrupción que sus integrantes más conspicuos derraman por doquier y que no se atreve a expulsar?… La preocupación de la presidenta porque no se haga la mínima insinuación de que hay un “rompimiento” entre la política de abrazos, no balazos de AMLO, y la que ella está desplegando, alcanzó al embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson, de quien rechazó esa apreciación. Era un elogio… Es evidente: México no colaboró en el golpazo millonario que la DEA asestó al CJNG, como lo reconoce el gobierno. Habrá más acciones y tampoco será tomado en cuenta. Así se concreta la cooperación, no subordinación… El tal Adán es el único que, con toda desvergüenza, se cree sus mentiras, envueltas en un discurso justificatorio y cínico que entraña amenazas y advertencias. Haga lo que haga, no tiene escapatoria. Estados Unidos no lo va a soltar pese a la descarada protección que aquí recibe… La inestabilidad, el desorden y la violencia, siempre temibles, afectan cada vez con más frecuencia a la UNAM. ¿Tiene el rector, Leonardo Lomelí, una estrategia para frenar y cancelar esas amenazas?… Pero Francisco Garduño, ex titular del INM, no escapará al juicio de la Historia.
Columnas
Morena no es México, no se engañen
Opinión de Jorge Romero Herrera
El pasado fin de semana, fuimos testigos de dos eventos que mostraron fielmente lo que ya había descrito en pasadas colaboraciones: en México no estamos hablando ya únicamente de una diferencia partidista. Estamos hablando de dos visiones completamente distintas de país.
Por un lado, un oficialismo desesperado encabezado por la propia presidenta de la República que defiende, protege y blinda a sus personajes acusados de involucrarse con bandas de criminales -a costa de poner en riesgo al país-, y del otro lado, quienes siguen creyendo en la libertad, en la legalidad y en la necesidad de construir un México donde el Estado no se arrodille frente al crimen organizado y el combatirlo no genere la persecución política y el descrédito.
Lo vivido este sábado en Chihuahua nos llena de orgullo y de esperanza. Fue una demostración contundente de que no podemos rendirnos. Se sintió en el ambiente. Se vibró en cada mensaje. Se reflejó en la presencia de miles de chihuahuenses que salieron a defender a una gobernadora que no se ha escondido ni un instante y que ha enfrentado cada ataque con determinación y carácter. Chihuahua habló fuerte y claro. No fue una movilización impulsada por el miedo. Fue una movilización impulsada por la convicción de que cuando se comete una injusticia, la ciudadanía tiene el derecho y la obligación de levantar la voz.
En Acción Nacional estamos con Maru. Lo estamos porque creemos en ella, porque conocemos su trayectoria, porque sabemos de los resultados que ha entregado a las familias chihuahuenses y porque reconocemos, como millones de mexicanas y mexicanos, que lo que hoy enfrenta tiene todos los elementos de una persecución política. Ella tiene el respaldo de su estado, de su partido y de millones de mexicanas y mexicanos en todo el país que observan con preocupación cómo las instituciones del Estado comienzan a utilizarse con criterios políticos y no jurídicos porque ese es el fondo del problema.
Mientras una gobernadora de oposición es sometida a una presión permanente por haber enfrentado al crimen organizado y por haber cumplido con su deber, vemos cómo personajes cercanos al oficialismo reciben protección, silencio o explicaciones que buscan justificar lo injustificable, por eso resulta tan revelador lo ocurrido con el intento de juicio político promovido contra Maru Campos.
Hicieron anuncios, convocaron conferencias, generaron titulares y pretendieron construir una narrativa de culpabilidad anticipada. Sin embargo, cuando llegó el momento de sostener jurídicamente sus acusaciones, ni siquiera fueron capaces de ratificar la solicitud dentro del plazo legal establecido.
La propia presidenta de la Cámara de Diputados, la diputada Kenia López Rabadán, confirmó que el plazo venció y que los promoventes no acudieron a ratificar su petición. Así terminó un episodio que demuestra que muchas veces el objetivo no es encontrar justicia, sino fabricar escándalos, crear cortinas de humo.
Por eso, a lo largo del encuentro, una consigna fue cobrando fuerza hasta convertirse en la voz de miles de personas: Yo con Maru. No es solamente un lema. Es una definición. Es una manera de decir que estamos del lado de quien enfrenta al crimen y no del lado de quien lo tolera y hay una imagen que retrata perfectamente el momento que vive el país. Por eso miles de panistas en todo México nos hemos puesto con orgullo la camiseta de “Yo con Maru”. Lo hicimos en Chihuahua. Lo hicieron nuestras senadoras y senadores. Lo han hecho dirigentes, legisladores y ciudadanos. En contraste, no hemos visto a un solo morenista ponerse una camiseta que diga “Yo con Rocha”. Ni uno solo, esa diferencia no es casualidad. Cuando hay convicción. Cuando existe certeza moral. Por eso unos salen a defender con orgullo y otros prefieren guardar silencio, por eso unos dan la cara y otros se esconden detrás de comunicados. Preocupa que, frente a los escándalos que involucran a figuras relevantes de Morena en distintos puntos del país, la respuesta del gobierno siga siendo la misma: envolver cualquier cuestionamiento legítimo en una narrativa de confrontación entre patriotas y “traidores” que solo existen en su imaginario. En lugar de aclarar dudas, investigar responsabilidades o rendir cuentas, se recurre al discurso de la soberanía, la defensa de la patria y la transformación como un escudo político para descalificar a quienes exigen explicaciones. Que les quede muy claro: nadie está en contra de México ni del amor a nuestra patria. Nadie está atacando a México. Morena no es México. Es preocupante utilizar esos sentimientos compartidos por millones de mexicanas y mexicanos para desviar la atención de problemas concretos. La defensa de la soberanía nacional no puede convertirse en una excusa para evitar la rendición de cuentas, ni el respaldo popular puede sustituir la obligación constitucional de transparentar decisiones y esclarecer conductas indebidas de servidores públicos o dirigentes partidistas. No vamos a aceptar que se persiga a quienes combaten al crimen mientras se protege a quienes están rodeados de cuestionamientos. No podemos aceptar que existan gobernadores de primera y gobernadores de segunda dependiendo del color de su partido. En Acción Nacional no tenemos dudas sobre de qué lado estamos. Frente a los intentos de intimidación y al uso faccioso de las instituciones, estaremos junto a Maru Campos porque sabemos que esta causa trasciende a una persona o a un gobierno. Lo que está en juego es algo mucho más importante: el derecho de millones de mexicanas y mexicanos a vivir en un país donde la ley se apliquen con imparcialidad y donde pensar distinto no sea motivo de persecución. Por eso, desde Chihuahua se envía hoy un mensaje que debe escucharse en todo México: no van a dividirnos, no van a doblegarnos y no van a lograr que guardemos silencio frente a una injusticia. Mientras desde el oficialismo el mensaje es de desesperación, impunidad y contubernio. POR JORGE ROMERO HERRERA PRESIDENTE DEL PARTIDO ACCIÓN NACIONAL
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Sheinbaum relanza al PAN
Opinión de Juan Ignacio Zavala | El Heraldo de México |
Lo que el PAN rompió, lo pega Claudia. Jorge Romero, presidente del PAN, ha intentado de manera infructuosa poner a su partido en la órbita de la opinión pública. También ha hecho intentos de reconstruir las relaciones rotas hace mucho tiempo en ese partido con poco éxito. Ha intentado acercarse a los dos expresidentes salidos de ese partido y siempre ha tenido palabras amables para ellos, pero nada de un evento juntos. El PAN continuaba igual que antes: a la deriva y sin causas visibles.
Hasta que Claudia Sheinbaum decidió atacar de frente a la gobernadora panista Maru Campos. En efecto, la Presidenta y su partido emprendieron una ruda ofensiva en contra de la chihuahuense, que jamás se imaginó estar en medio de una polémica nacional y que su nombre destacara en todos los noticieros y redes sociales. El PAN entendió que era su oportunidad de oro y montó enseguida una defensa de su gobernadora y la arroparon desde un inicio. Campos se dedicó a dar entrevistas por doquier y a denunciar la persecución en su contra. Finalmente, la oposición panista tenía una causa propia y quien la representara.
Se puede decir que este “relanzamiento del PAN” corrió a cargo de Claudia Sheinbaum. Fue ella la que empezó los ataques contra Campos y, más aún, insiste en mantener los señalamientos. Ya ha sido muy comentado que la intención oficial es igualar los marcadores de la denuncia estadounidense por Rocha Moya, Inzunza y demás morenistas que son reclamados por la justicia de ese país. Por eso a sus gobernantes calificados como narcos quieren equiparar a una panista acusada de traición a la patria por transgredir la ley en la cooperación con la CIA. No es poca cosa. Y en lo que deciden qué hacer con los morenistas y sus relaciones con el crimen organizado, han comenzado un proceso contra la gobernadora de Chihuahua. Con la diferencia de que todo lo que sucede con la chihuahuense lo sabe la población: la acusación, el citatorio, las fecha del citatorio, el recibimiento de éste, quiénes lo entregaron y quiénes lo recibieron. Todo. En el caso de Rocha Moya e Inzunza no sabemos nada. Ellos dijeron que fueron a la FGR, pero nadie vio nada, todo lo hacen a escondidas.
Al igual que en su informe del día de ayer, parece que la Presidenta ha escogido el combate al crimen como eje discursivo para compararse con los gobiernos pasados y marcar una diferencia con Estados Unidos. Su problema no es de discurso, sino de realidad, pues los señalados son de su partido y parece que vienen varios nombres más de esos que la Presidenta les dice “compañeros de lucha”.
El fin de semana, en Chihuahua, los panistas armaron un evento de apoyo a Maru Campos. Lo que quedó claro es que el panismo ya tiene un grito en la calle y se está organizando para dar la batalla en un campo de acción que tendrá que ver con el combate al crimen organizado. En ese evento estuvieron juntos Felipe Calderón y Vicente Fox, algo que no sucedía desde hace años. Los expresidentes panistas se mostraron felices de estar arengando a la gente nuevamente, los panistas muy contentos de tener sus líderes de nivel nacional juntos, y todo gracias a doña Claudia. Nadie sabe para quién trabaja.
POR JUAN IGNACIO ZAVALA
@juanizavala
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Incongruencias
Opinión de Raymundo Riva Palacio
¿Cómo funciona la mente de la presidenta Claudia Sheinbaum? Uno de sus atributos ha sido su formación de científica que utiliza el método científico para generar conocimiento, mediante el análisis de datos basados en evidencias y formular soluciones a los problemas. Sin embargo, después de dos años en el poder, puso seis metros bajo tierra a la cientificidad. Como vieron el domingo, el pragmatismo tecnocrático que mostró en el arranque de su sexenio, lo cambió por la ideología. Su sesgo incubado la sacó del clóset y redefinió su gobierno, la relación con Estados Unidos y, de seguir lo que trazó, la historia mexicana.
Sepultada la cabeza fría y finalmente expuesta su sangre caliente, la presidenta, tardó menos de 24 horas en mostrar la incongruencia intelectual del momento cúspide de su discurso para conmemorar su triunfo electoral hace dos años, la denuncia del intervencionismo de Estados Unidos en la política interna de México y en las elecciones intermedias del próximo año. Lo hizo hablando ayer de Colombia, al sumarse a la posición del presidente Gustavo Petro, y señalar posible fraude en las elecciones presidenciales en ese país. ¿Por qué tenía que meterse?
No hay ninguna diferencia entre lo que denunció del gobierno de Donald Trump y lo que declaró sobre las elecciones en Colombia. Fue tan injerencista como Trump, mostrando la debilidad de su argumento y la forma sesgada y maniquea cómo ve la intromisión en los asuntos internos de otros países: si es para apoyar a gobiernos con quienes tiene identificación ideológica y política, o cuestionar a gobiernos que piensan diferente al suyo, no hay intervencionismo. Todo lo demás, sí. Su mente funciona con parcialidad de variables, donde excluye todas aquellas que son relevantes, pero no se ajustan a su pensamiento.
Esta contradicción es lo que funcionarios estadounidenses califican como una hipocresía. Ella, quizás, ni siquiera lo puede ver. En Barcelona, donde acudió a un encuentro de líderes convocados por el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, se tomó una fotografía con un letrero donde pedía “justicia” para Cristina Fernández, la expresidenta argentina que está en prisión domiciliaria por un fraude de más de 500 millones de dólares. Sheinbaum ignoró, o no cree, que Fernández fue estuvo involucrada en un escandaloso caso de corrupción institucional y que pasó por la justicia argentina.
No ha cuidado tampoco su inclinación y pleno respaldo por el expresidente de Perú, Pedro Castillo -incluso recibió en Palacio Nacional a su abogado-, que fue condenado a 15 años de prisión por el delito de conspiración para una rebelión, tras un fallido autogolpe en 2022. La presidenta ha dicho que es una “injusticia” porque fue él quien cayó por un golpe de Estado y es víctima de persecución política. La justicia peruana tiene otros datos.
Con Ecuador mantiene un diferendo heredado por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que le dio asilo al exvicepresidente Jorge Glas en 2023, pese a haber sido condenado por corrupción y estar sujeto a proceso por otros delitos. En reacción a ello, el presidente Daniel Noboa autorizó el asalto a la Embajada de México en Quito, violando tratados internacionales. Sheinbaum no ha resuelto el conflicto diplomático, y ha asegurado que no restablecerá las relaciones mientras Noboa siga siendo presidente.
Sheinbaum ha sido declarada persona non-grata en esos países, una categoría que solo comparte con dos expresidentes mexicanos, Vicente Fox y Felipe Calderón, que recibieron el mismo tratamiento por el expresidente de Venezuela, Nicolás Maduro, por criticar el estado de la democracia en ese país. La presidenta, por el contrario, buscó coordinar acciones latinoamericanas para defender a Maduro cuando Estados Unidos intervino Venezuela para extraerlo y llevarlo ante los tribunales en Brooklyn, acusado de narcotráfico.
La presidenta, como antes lo hizo López Obrador, nunca se pronunció contra la falta de libertades en Cuba, Nicaragua y la Venezuela chavista, cuyos regímenes dictatoriales apoyó sin matices. Ella es parte de un movimiento que lleva ocho años en Palacio Nacional, que abiertamente intervino en las elecciones en Estados Unidos, cuando López Obrador pidió votar contra los republicanos, enviando recursos disfrazados de presupuesto para los consulados para hacer activismo político.
En su decantamiento por Petro e intervencionismo en los asuntos internos de Colombia, la presidenta dijo que previamente a las elecciones de este domingo había habido una ofensiva mediática y campañas de desinformación impulsadas por una red internacional, que fue una de sus denuncias el domingo, como parte de una conspiración de la ultraderecha internacional y de Estados Unidos.
Pero no impidió, sino al contrario, permitió que su coordinador de asesores, Jesús Ramírez Cuevas, el jefe de la propaganda obradorista e ideólogo de la polarización, financiara un canal dirigido por el español Pablo Iglesias -que es asesor de Sheinbaum-, por donde entró la maquinaria de propaganda del Kremlin, que se ha documentado generó por años campañas de desinformación a través de noticias falsas para incidir en procesos electorales en Estados Unidos y provocar desestabilización.
La posición binaria de Sheinbaum sobre el injerencismo y el intervencionismo es muy propio de la cultura del obradorismo, al igual que la discrecionalidad con la que aplican la Doctrina Estrada, siempre a flor de boca de la presidenta, pero que se aplica acorde de sus filias y fobias ideológicas. Esta dualidad intelectual y política la quita espacios de maniobra frente a Estados Unidos y anula sus demandas de no intervencionismo. Para poder mantener esa posición con eficacia, requiere de tener una autoridad política y diplomática, además de moral. Si no la tiene, ¿cómo puede esperar que la tomen en serio cuando aplica en otros lo que no quiere que le hagan a ella?
Funcionar bajo un pensamiento con parcialidad de variables, lleva en política a diagnósticos equivocados y conclusiones fallidas. Le ha quitado coherencia diplomática a su discurso -perdiendo autoridad en el mundo, cuando alguna vez fue respetado por la consistencia de sus principios-, y potencia argumentativa. La presidenta sigue perdiendo credibilidad y no lo ve de esa manera, lo que explica su posición intervencionista en Colombia.
No puede esgrimir neutralidad y tener la fuerza para denunciar el intervencionismo de Washington, porque su palabra ha perdido credibilidad frente a Estados Unidos. Al perder consistencia con su doble rasero de la autodeterminación, quedó expuesta por la mezcla de soberanía con protección política de criminales que hizo en su discurso, en momento donde su endurecimiento también existe del otro lado del Río Bravo.
rrivapalacio2024@gmail.com
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